en Benevento

Querido amigo. Londres, 30 de marzo de 90

Adjunto la deseada carta para Labriola.

En lo que concierne a su *terra liberal*, es en efecto la mayor exigencia que pueda plantearse al actual gobierno italiano: que en las colonias reparta la propiedad de la tierra a pequeños campesinos para el cultivo propio y no a monopolistas, individuos o compañías. La pequeña economía campesina es el estado natural y óptimo de las colonias fundadas hoy por gobiernos burgueses; sobre esto, compárese Marx, *El Capital*, tomo I, último capítulo, Moderna colonización. Nosotros los socialistas podemos, pues, con buena conciencia apoyar la introducción de la pequeña economía campesina en las colonias ya fundadas. Ahora bien, si eso se llevará a cabo es otra cuestión. Todos los gobiernos actuales están demasiado vendidos y sometidos a los financieros y a la Bolsa como para que los especuladores financieros no se apoderen también de las colonias para su explotación, y es probable que eso mismo ocurra con Eritrea. Pero, aun así, se puede luchar contra ello, también bajo la forma de exigir que el gobierno asegure a los campesinos italianos que emigran allá las mismas ventajas que buscan, y en gran parte encuentran, en Buenos Aires.

Si Labriola vincula a su reivindicación otras pretensiones ulteriores —crédito estatal para los emigrantes a Eritrea, asentamiento cooperativo, etc.—, no puedo deducirlo del artículo de *Il Messaggero*.

Para la revisión de la traducción de *Trabajo asalariado y capital*, 129, desgraciadamente no tengo en este momento tiempo alguno; he tenido que hacer algunos trabajos urgentes y ahora debo volver de inmediato al tomo III de *El Capital*, antes de que los acontecimientos en Alemania se tornen revolucionarios, lo cual es muy posible.

Suyo afectísimo,
F. Engels