en Le Perreux

Londres, 26 de febrero de 1890

Mi querida Laura,

Desde el pasado jueves por la noche, cuando una avalancha de telegramas con los resultados victoriosos llegó aquí, nos hallamos en un constante delirio de triunfo, que esta mañana, al menos por ahora, alcanzó su punto culminante con la noticia de que hemos obtenido 1.341.500 votos, 587.000 más que hace 3 años. Y sin embargo – ¡el próximo sábado, 1 de marzo, puede comenzar de nuevo la orgía, pues el asombro de toda Alemania por nuestro éxito es tan inmenso, el odio contra los estafadores del Cartel tan intenso y el tiempo para la reflexión tan breve, que nuevos éxitos, tan inesperados como los del pasado jueves, son perfectamente posibles, aunque por mi parte no espero muchos.

El 20 de febrero de 1890 es el día del comienzo de la revolución alemana. Puede que transcurran todavía un par de años hasta que vivamos una crisis decisiva, y no es imposible que suframos una derrota temporal y grave. Pero la vieja estabilidad se ha ido para siempre. Esa estabilidad se basaba en la superstición de que el triunvirato Bismarck, Moltke, Guillermo¹ era invencible y omnisapiente. Ahora Guillermo se ha ido y ha sido sustituido por un engreído Jardelieutenant², Moltke está jubilado y Bismarck se tambalea sobre su silla de montar. Inmediatamente la víspera de estas elecciones, él y el joven Guillermo tuvieron un altercado a causa de las veleidades de éste de hacerse pasar por amigo de los obreros. Bismarck tuvo que ceder y se encargó de que los filisteos lo supieran. Manifiestamente, él mismo deseaba unas elecciones “malas” para darle una lección a su señor. Pues bien, ha recibido más de lo que esperaba, y ambos se han puesto una vez más de acuerdo por el momento. Pero eso no puede durar. El “segundo Federico el Grande, sólo que más grande” no puede ni podrá soportar que el canciller lo lleve de la mano. “En Prusia debe gobernar el rey”, eso lo toma él au sérieux, y cuanto más críticos sean los tiempos, tanto más divergirán las opiniones de estos dos rivales. Una cosa es segura para el filisteo: el hombre en quien puede creer pierde su poder, y el hombre que tiene el poder, no puede creer en él. La confianza ha desaparecido, incluso dentro de la burguesía.

Considera ahora la situación de los partidos. El Cartel ha perdido un millón de votos; obtuvo 2½ millones de votos a favor y 4½ millones en contra. Este principal sostén del poder parlamentario de Bismarck yace en el suelo hecho añicos, and all the King’s horses and all the King’s men cannot put Humpty Dumpty together again! Para formar una mayoría gubernamental, sólo hay dos partidos: los católicos (el Centro) y los radicales. Estos últimos, aunque arden ya en el deseo de formar un nuevo Cartel, no pueden hacerlo – al menos hasta ahora – con los conservadores, sino sólo con los nacional-liberales, y eso no da mayoría. ¿El Centro? Bismarck cuenta con él, y los junkers católicos de este partido arden en deseos de unirse con los viejos junkers prusianos. Pero la única raison d’être del Centro es el odio a Prusia; ¡a ver cómo intentas hacer de eso un partido gubernamental prusiano! En cuanto el Centro evolucione lo más mínimo en ese sentido, el campesinado católico – su principal fuerza – se escindirá, mientras que nosotros hemos asumido los 100.000 votos que el Centro perdió en las ciudades católicas, como Múnich, Colonia, Maguncia, etc. (frente a 1887).

Con esto, este Reichstag no es viable. Pero el último recurso de Bismarck, una disolución, difícilmente le ayudará. Ahora que la confianza en la estabilidad del orden ha desaparecido, el descontento con los impuestos opresivos y la creciente carestía de los medios de subsistencia se ha convertido en el factor decisivo. Esta es la consecuencia directa de la política financiera y económica de los últimos 11 años, y con ello Bismarck ha empujado al pueblo directamente a nuestros brazos. Y Michel se alza contra esta política. Así que el próximo Reichstag probablemente tendrá un aspecto aún peor.

A menos que Bismarck y su señor, antes de que seamos demasiado fuertes – en este punto siempre estarán de acuerdo –, provoquen disturbios y luchas y nos aplasten, y luego modifiquen la constitución. Hacia ahí nos dirigimos manifiestamente, y ese es el principal peligro que debe evitarse. Nuestros camaradas, como has visto, mantienen una disciplina excelente, maravillosa; pero podríamos vernos forzados a la lucha antes de estar completamente preparados para ella – y ahí reside el peligro. Pero si llegase a eso, habrá otros factores que jugarán a nuestro favor.

La campana de la cena de Nim – por eso, hasta la vista por hoy – hablaremos de tus perros en tiempos más pacíficos – y también del artículo de Paul.

En attendant, vive la révolution allemande!⁸

Siempre tuyo

F.E.

¹ Guillermo I. – ² Guillermo II; en el manuscrito, en alemán: Jardelieutenant. – ⁸ Entretanto: ¡Viva la revolución alemana!