En mi opinión no perdemos nada que valga la pena con la deserción de los socialistas oficiales de allí que se pasaron a los naciorialistas **. Si todo el Socialist Labour Party alemán se despedazara como conse- cuencia de esto, sería una suerte, pero apenas podemos esperar que ocu- rra algo tan bueno. Los elementos realmente útiles terminarán por volver a unirse de todas maneras, y cuanto antes se separe la escoria tanto más pronto ocurrirá eso; cuando llegue el momento en que los propios hechos impulsen hacia adelante al proletariado norteamericano, habrá suficiente gente capacitada por su visión teórica y experiencia superiores que puedan ser dirigentes, y entonces verá usted que nuestros años de trabajo no habrán sido inútiles.

* Fste prólogo fue escrito en inglés. (Ed.) ** Los partidarios de Edward Bellamy en EEUU, (Ed.)

El movimiento de allá, lo mismo que el de aquí y que el que e.

está desarrollando en las regiones mineras de Alemania, no puede luca sólo con la prédica. Son los hechos los que deben penetrar en la culnn de la gente, pero el proceso será más rápido, desde luego, allí domle

exista ya una sección Ulganizada y teóricamente educada del proletariado, como ocurre en Alemania. Los mineros son hoy nuestro potencial y necesariamente: en la región del Ruhr el proceso está marchando rÁpm damente, seguirán Aix la Chapelle y la cuenca del Sarre, luego Sujonta más tarde la Baja Silesia y finalmente los obreros polacos de la Silvnla Superior. Con la situación que existía en nuestro partido en Alemania, todo lo que necesitaba para que se produjese el irresistible movimiento era el impulso proveniente de las propias condiciones de vida «de los mineros.

Aquí está ocurriendo algo similar. El movimiento, al que considera irrefrenable, surgió de la huelga portuaria, y debido puramente un In absoluta necesidad de defensa. Pero también aquí el terreno había side preparado durante los últimos ocho años por diversos métodos de agita- ción, de tal manera que la gente, sin ser socialista, quería que sus dirl- gentes fuesen socialistas. Ahora, sin notarlo, se están encaminando por el camino teórico correcto, avanzan por él impetuosamente, y el movi- miento es tan fuerte que creo sobrevivirá a los inevitables desatinos y a sus consecuencias, así como a los desacuerdos entre los diversos sindi- catos y dirigentes, sin serio daño...

Creo que lo mismo ocurrirá con ustedes en Norteamérica. Los Schleswig-Holstein * y sus descendientes en Inglaterra y Norteamérica no se convertirán con conferencias: estos tipos tercos y vanidosos deberán experimentarlo en carne propia. Y esto está sucediendo cada año más, pero son conservadores natos —precisamente a causa de que Norteamérica es tan puramente burguesa, que carece totalmente de un pasado feudal y por eso está orgullosa de su organización puramente burguesa— de manera que únicamente mediante la experiencia práctica se desembara- zarán de la vieja basura mental tradicional. ¡Por consiguiente, hay que empezar con las trade unions, etc., si es que debe haber un movimiento de masas, y habrá que hacerles dar cada paso hacia adelante por medio de una derrota. Pero una vez que hayan dado el primer paso más allá del punto de vista burgués, las cosas marcharán rápidamente, como marcha todo en Norteamérica, donde la creciente velocidad del movi- miento impulsada por necesidad natural, enciende alguna chispa nece- saria en las nalgas de los anglosajones de Schleswig-Holstein, que son habitualmente tan lentos; y entonces también los extranjeros se harán valer. Considero que la decadencia del partido específicamente alemán, con su absurda confusión teórica, su correspondiente arrogancia y su lassalleanismo, es una verdadera suerte. Los frutos del trabajo de uste- des no volverán a verse mientras estos separatistas no se aparten del camino. La ley de excepción contra los socialistas fue una desgracia,

* Nambre que daba Marx a los anglosajones. (Ed.)

no para Alemania sino para Norteamérica, hacia donde se fueron los últimos Knoten. Me asombró a menudo encontrarme allá con tantas fiso- nomías de Knoten *, éstos han desaparecido de Alemania, pero flore- cen por allá.