en Berlín

Querido Schmidt: Londres, 9 de dic. de 89

Muchas gracias por su carta del 10 de noviembre. Me alegra saber que avanza usted tan rápidamente en su carrera periodística; preocúpese solo de que le paguen bien, pues de lo contrario la ganancia es solo a medias. La actividad periodística es una escuela muy útil, sobre todo para nosotros los alemanes, que somos todos de natural algo torpe (razón por la cual los judíos nos llevan tanta ventaja en esto); uno se vuelve más ágil en todos los sentidos, aprende a conocer y sopesar mejor sus propias fuerzas y, sobre todo, a terminar una cantidad de trabajo dada en un plazo de tiempo dado. Por otra parte, sin embargo, empuja también a la superficialidad, porque uno se acostumbra, por falta de tiempo, a despachar de cualquier manera cosas de las que es consciente de no dominar aún por completo. Pero quien, como usted, tiene impulso científico, conservará también su capacidad de discernimiento y no pondrá en el mismo rango el trabajo hábil, deslumbrante, pero calculado para el momento y realizado solo con los recursos más a mano, que la labor científica penosamente acabada y exteriormente quizá menos brillante; aunque también aquí el pago en metálico suele guardar proporción inversa con el valor real.

En cuanto se haya conquistado una posición periodística, debería usted tratar de establecer vínculos que le permitan volver a Londres por un par de años. Para los estudios económicos, este es casi el único lugar adecuado. Por muy afortunadamente que se haya desarrollado nuestra industria alemana en los últimos 25 años, también aquí cojeamos, como de costumbre, a la zaga de los otros. Los artículos grandes los ha acaparado Inglaterra, los artículos de gusto Francia; nuestra industria, para la exportación, solo pudo arrojarse casi exclusivamente a los artículos que, como dije una vez en un artículo de la parisina "Égalité", "etaient trop mesquins pour les Anglais ou trop vilains pour les Français" [eran demasiado mezquinos para los ingleses o demasiado sórdidos para los franceses]. De ahí también el fenómeno singular de que el momentáneo auge industrial entre nosotros se manifieste sobre todo en que la exportación disminuye, porque, al aumentar el consumo interior, los fabricantes pueden vender más mercancías en el país a precios de monopolio del arancel protector, y por tanto tienen que liquidar menos a precios de saldo en el extranjero. De ahí que todos los fenómenos económicos se presenten entre nosotros, en primer lugar, de forma secundaria y, en segundo lugar, en una forma falseada por el sistema de aranceles protectores, por lo cual no son siempre más que casos especiales y solo excepcionalmente, y tras una considerable depuración previa de los elementos accesorios, pueden utilizarse como ejemplos para las leyes generales y las fases de desarrollo de la producción capitalista. El librecambio convierte hoy a Inglaterra, más que nunca, en el suelo clásico donde estudiar estas leyes, y tanto más cuanto que Inglaterra, aunque todavía aumenta su producción en términos absolutos, está decayendo relativamente de manera decidida frente a los demás países y se encamina rápidamente hacia su "holandesización". El declive de la industria inglesa, sin embargo, coincide a mi juicio con el colapso general de la producción capitalista. Y aunque sea casi indudable que Alemania será el terreno donde se libre la lucha, probablemente la decisión partirá de Inglaterra.

Por eso es tan magnífico que justamente ahora también aquí el movimiento haya comenzado de forma seria y, según creo, incontenible. Las capas obreras que ahora entran en acción son infinitamente más numerosas, enérgicas, conscientes que las viejas Trade Unions, que solo formaban la aristocracia de la clase obrera. Hay en ello un rasgo completamente distinto. Mientras los viejos creen aún en la "armonía", los jóvenes se ríen de cualquiera que hable de identidad de intereses entre el capital y el trabajo. Mientras los viejos abominaban de todo socialista, los jóvenes no quieren absolutamente más dirigentes que socialistas declarados. Tengo ahí una reportera excelente en Tussy, que está metida hasta las orejas en este movimiento.

Como le digo, procure usted volver por aquí. Con un par de corresponsalías y trabajos para la "Neue Zeit", el "Archiv" de Braun y algunas otras revistas puede usted arriesgarse. Todos nosotros, y yo en particular, nos alegraremos mucho de verle de nuevo por aquí.

Sam Moore está en África, en Asaba, en el Níger, juez superior de los territorios de la Compañía del Níger. Partió a mediados de junio, escribe bastante satisfecho, encuentra la región sana y la sociedad soportable. Esperemos que duerma plácidamente en brazos de una negra.

Por lo demás, aquí todo sigue más o menos igual. Aveling parece progresar con sus tentativas dramáticas; la última pieza, hace 14 días, gustó mucho. Los expulsados suizos se van acostumbrando poco a poco. Desde el 1 de enero aparecerá la revista mensual "Time" bajo la dirección de Bax.

Con los mejores saludos, suyo
F. Engels