en París

122, Regent’s Park Road, N.W.
Londres, 20 de noviembre de 1889

Querido ciudadano Guesde:

Acabo de recibir una carta de la señora Aveling, que me ruega que le escriba a usted, si tengo su dirección. Como Bonnier me la ha dado por suerte, no pierdo tiempo. Se trata de lo siguiente:

En Silvertown, un suburbio de Londres, se está desarrollando una huelga en la empresa Silver, donde se fabrican artículos de goma, etc., huelga que dirige la señora Aveling; la huelga dura ya 10 semanas, ha afectado a 3 000 obreros y obreras y tiene todas las perspectivas de éxito. Su triunfo es importante para que no se rompa la larga cadena de éxitos de los obreros desde la huelga de los estibadores y para que un triunfo de los señores empresarios ingleses no les devuelva la confianza que ya casi han perdido.

Hace unos días, la empresa Silver tiene encargos muy urgentes que no pueden ejecutarse mientras, de 3 500 obreros, más de 3 000 estén en huelga. Además, está por adjudicarse un pedido muy grande de cables submarinos a cuatro fábricas; una de ellas es la empresa Silver, que pierde sus oportunidades si la huelga continúa. Han hecho a algunos huelguistas ofertas tentadoras, pero sin éxito. Ahora han recurrido a su último medio.

La empresa Silver (es una sociedad anónima que opera bajo ese nombre) tiene un establecimiento similar en Beaumont-Persan, cerca de París, donde trabajan obreros franceses bajo capataces ingleses. Han hecho venir a Inglaterra a algunos de ellos. Lo seguro es que 70 obreros y obreras de Beaumont han llegado al puerto; aún no sabemos si han sido trasladados a la fábrica de Silvertown. Ahora se trata de poner fin a esto. Probablemente los han hecho venir con un pretexto falso, ocultándoles que se trata de una huelga.

La señora Aveling ha telegrafiado inmediatamente a Lafargue y a Vaillant, pero como la urgencia es grande, nos dirigimos también a usted; le rogamos que haga todo lo que esté en su mano para impedir que obreros franceses ocupen los puestos de trabajo de los huelguistas de Silvertown, para ponerlos al corriente de la verdadera situación y apelar a la conciencia de clase de sus obreros. Sería terrible que la llegada de esquiroles franceses quebrantara la resistencia de los huelguistas. Esto traería consigo un nuevo estallido del viejo odio nacional, que no habría medio de reprimir. Desde hace cuatro meses, los obreros del Este de Londres no sólo se han entregado en cuerpo y alma al movimiento, sino que han dado a sus camaradas de todos los países un ejemplo de disciplina, abnegación, audacia y perseverancia que sólo tiene parangón con la conducta de los parisinos sitiados por los prusianos. ¡Imagínese usted el efecto que tendría si, en medio de esta lucha, encontrasen obreros franceses combatiendo bajo la bandera de la burguesía inglesa! ¡No, eso es imposible! Basta con dar a conocer en Francia la verdadera situación; entonces, por el contrario, gracias precisamente a la acción de los proletarios franceses, los huelguistas ingleses alcanzarían la victoria.

Cuando, durante la huelga de los estibadores, se telegrafió a Anseele que los patronos reclutaban obreros belgas, Anseele adoptó inmediatamente las medidas necesarias, y sus cartas y telegramas contribuyeron mucho a reanimar el valor, a veces decaído, de los combatientes. Si usted pudiera enviar algo semejante de aliento a la gente de Silvertown, escriba directamente a la señora Aveling, 65, Chancery Lane, W.C., Londres, lo que tendrá un efecto excelente.

Por Bonnier sé que su salud ha mejorado mucho y que la campaña de Marsella, lejos de debilitarle, le ha fortalecido; me alegra mucho, porque necesitamos toda su fuerza. Me alegro mucho de que el partido obrero socialista, según su consigna «ni Ferry ni Boulanger», haya cerrado sus puertas en la Cámara a los renegados y traidores de ambos campos.

Le estrecho cordialmente la mano.

F. Engels