en Plauen, cerca de Dresde

Querido Bebel:                                            Londres, 15 de nov. de 89

Recibí tu carta del 17 de octubre en medio del trabajo más denso para la cuarta edición del «Capital», que no fue pequeño, pues hubo que volver a cotejar todas las citas verificadas por Tussy para la edición inglesa y corregir las numerosas erratas de copia y de imprenta. Apenas terminado eso, tuve que volver al tomo III, que ahora debe aparecer rápidamente, porque el escrito del pequeño Schmidt de Berlín sobre la tasa de ganancia media muestra que el muchacho ya ha desentrañado más de lo que conviene —lo cual le honra sobremanera—. Ya ves que con eso tengo las manos completamente ocupadas; a ello se suma la necesidad de seguir la prensa internacional del partido y revisar la literatura económica relativa al tomo III y, en algunos pasajes, releerla por completo —ya ves que estoy bastante atado y por ello me disculpas que no converse contigo tan a menudo como bien quisiera.

En lo que respecta a los franceses, si permanecieses más tiempo entre ellos y conocieses más de cerca la índole del efecto de sus singulares modos de proceder, juzgarías con más indulgencia. El partido se encontraba allí en una situación inaudita para Francia, pero en realidad finalmente favorable: era fuerte en provincias y débil en París. Se trataba, pues, de una victoria de la sólida provincia sobre el París arrogante, acostumbrado a dominar, altanero y en parte corrompido (la corrupción la demuestran: 1.° el dominio que allí ejercen los líderes corruptos de los posibilistas, 2.° la circunstancia de que, frente a ello, en París sólo bajo la forma del boulangismo podía tener éxito la oposición). A esto se añadía que en provincias había dos direcciones: una para los trade unions en Burdeos, y otra en Troyes para los grupos socialistas organizados como tales. Faltaban, pues, no sólo la acostumbrada dirección parisina (y la posibilidad de una dirección semejante), sino también una dirección provincial unitaria, esto es, la capacidad intelectual y el reconocimiento general de la misma.

Que en este interregno la situación os pareciese sumamente confusa e insatisfactoria lo comprendo. Pero eso es sólo temporal. Que los franceses, en esta desorganización de su propio partido y después de haber cometido error tras error, convocaran sin embargo un congreso en París, donde todo ello hubo de manifestarse ante Europa, fue auténticamente francés. Pensaban con razón que ese ridículo quedaría ampliamente compensado por el hecho de que en su congreso estaba representada Europa, mientras que en el de los posibilistas sólo unas pocas sectas.

Que la consideración del efecto momentáneo ante la opinión pública tenga allí más peso que entre tú y yo y la masa del partido alemán no es un defecto exclusivamente francés. Aquí y en América ocurre exactamente igual. Es consecuencia de una vida política más libre y más largamente habituada. No sólo hace Liebknecht en Alemania exactamente lo mismo (una de las razones principales de nuestra constante gresca), sino que suprime mañana la ley contra los socialistas y verás con qué rapidez se impone esa funesta consideración.

Creo también que te engañas cuando, a partir de tus experiencias en el congreso de París, deduces que los obreros son relegados a segundo plano por los, digamos, literatos. Tal vez en un congreso parisino sea ése aparentemente el caso, y tanto más cuanto que allí la imposibilidad de entenderse en lenguas extranjeras arrincona a los obreros. En realidad, los obreros franceses se preocupan mucho más que los de cualquier otra nación por la plena y precisamente formal igualdad con los literatos y los burgueses, y si hubieras leído los informes que he recibido sobre la agitación de Guesde, Lafargue, etc. durante las últimas elecciones, probablemente juzgarías de otro modo.

Que Guesde no resultase elegido en Marsella se debió exclusivamente a Protot (véase la proclama adjunta). En Francia es regla general (puesto que en la segunda vuelta no está limitado el número de candidatos, pero en cambio decide la mayoría relativa) que cuando hay dos candidaturas del mismo partido se retire aquel que en la primera vuelta quedó en minoría. Protot se hallaba en ese caso, pero permaneció como candidato y difundió las más infames calumnias contra Guesde. Ambos eran forasteros en Marsella, pero Protot era antiguo miembro de la Comuna y contaba con el apoyo de los partidarios del bocazas de Pyat —el anterior diputado por Marsella—. Es comprensible que en la segunda vuelta obtuviese los 900 votos que habrían llevado a Guesde a la Cámara. Boyer, que también había sido elegido allí anteriormente, se había reservado el mejor distrito de Marsella y salió elegido.

Ahora, pues, tenemos 7 hombres, de ningún modo los mejores posibles. Estos han elegido a Guesde como su secretario y fabricante de discursos. En el consejo municipal, Vaillant, Longuet y otros forman asimismo un grupo separado. Ambos grupos incorporarán a Lafargue, Deville, etc., y constituirán entonces un comité central de los blanquistas y marxistas unidos (o federados). Así va surgiendo poco a poco una organización.

Además de éstos, han sido elegidos 3 socialistas como boulangistas y 2 como posibilistas, pero éstos quedan naturalmente excluidos y pueden arreglárselas como puedan.

Que Auer esté tan mal me apena también, aunque llegan de nuevo noticias mejores. La relativa debilidad de la joven generación me resulta muy enojosa, también en el terreno teórico. Ahora viene a nosotros el pequeño Schmidt, que pasó un año aquí y al que no le habría notado lo que lleva dentro. Si sigue siendo tan modesto como hasta ahora —la megalomanía es hoy la más funesta y generalizada enfermedad—, puede realizar cosas excelentes.

Aquí las cosas van muy bien. Pero tampoco por el sencillo y recto camino de los alemanes. Para eso hace falta precisamente un pueblo de tal disposición teórica. Aquí se seguirán cometiendo bastantes meteduras de pata. Pero da igual, las masas están ahora en movimiento, y cada nueva metedura de pata traerá consigo su lección. Así que, ¡ánimo!, como dicen los de la Baja Sajonia.

¿Qué tal están tu mujer y la futura doctora en medicina?

Tuyo
F. E.