en Borsdorf, cerca de Leipzig

Londres, 29 de octubre de 1889

Querido Liebknecht:

Sobre el profeta Gottschalk puedo decirte muy poco; hace tiempo que he olvidado a ese animal. Moses Hess lo admitió antes de 1848 en la Liga [#12] y lo describió como un colosal animal prodigioso. En 1848, en los primeros días de marzo, se las dio de dirigente obrero en Colonia. [19] Era, para las condiciones de entonces, un demagogo perfecto, que adulaba a las masas que apenas empezaban a despuntar, haciéndose eco de todos sus prejuicios tradicionales —por lo demás, un completo cabeza hueca, como corresponde a un profeta, y por eso se tenía a sí mismo por tal; a la vez, como auténtico profeta, estaba por encima de todo escrúpulo y era, por tanto, capaz de cualquier vileza. Dudo que haya dicho jamás lo que tú mencionas; [22] se fabricaba sistemáticamente leyendas sobre sí mismo. Baste con decir que en los primeros días de marzo desempeñó un cierto papel en Colonia y tenía planes completamente descabellados —cuyos detalles he olvidado—, mediante los cuales debían ocurrir milagros de la noche a la mañana. Todo eso fue antes de nuestra época. Cuando llegamos a Colonia en abril, ya estaba muy de capa caída, y cuando volvimos a reunirnos allí para la publicación definitiva del periódico, [1] ya había caído casi en el olvido. El periódico y nuestra asociación obrera [??] lo pusieron ante el dilema de ir con nosotros o contra nosotros. Por suerte para él, a principios de julio fueron detenidos él y Anneke —por unos discursos, creo—; a fines de 1848 o principios de 1849 fueron absueltos (he buscado en vano la fecha, etc., en la “N[eue] Rh[einische] Z[eitung]”* y tengo que dejar de buscar si quiero que la carta salga). Entonces el profeta Gottschalk se exilió voluntariamente a París, con la esperanza de ser reclamado mediante manifestaciones gigantescas. Pero nadie movió un dedo. Después de que nos fuéramos, G[ottschalk] regresó a Colonia (quizá también poco antes de irnos), y como se había ganado su anterior popularidad gracias a su práctica como médico de pobres, al estallar el cólera volvió a emplearse a fondo con tratamientos gratuitos a pacientes proletarios, contrajo él mismo el cólera y murió.

Esto es todo lo que sé.

Los asuntos de París parecen estar de nuevo en orden. Lafargue no es ni de lejos tan malo como tú lo pintas —Jourde no es boulangista, sino que en Burdeos, con el consentimiento de los compañeros de partido de allí, se sirvió de la máscara boulangista, lo que yo, naturalmente, desapruebo enérgicamente. El hombre metió la pata y tendrá que pagar por ello, al menos por el momento; pero si por lo demás es bueno, cosa que no sé, más adelante se le podrá readmitir en gracia.

Lamento mucho que hayas tenido semejantes pérdidas con la “Volks-Bibliothek”. [??] Pero, dada tu falta de experiencia comercial, era de prever que Geiser te metería en el atolladero. Las malas cosas por él publicadas no mejoraban por el hecho de que tu nombre figurara en ellas, y luego la schlesingeriada [??] tenía que acabar de derramar el vaso. Creo que todo eso se explica de manera muy natural, sin que tengas que buscar la causa en la mala voluntad de terceros. No puedes pretender que el partido sienta entusiasmo por esta “Volks-Bibliothek”.

A mí tampoco me van bien las cosas. Percy está en bancarrota, la familia entera se aloja en mi casa para evitar el embargo en la suya; el asunto aún está en el aire, se está negociando con el viejo, pero éste afirma estar él mismo metido en la mierda, y se ha convertido en un perfecto simplón; en fin, Agustín yace en la mierda, oh querido Agustín, todo se ha perdido. No sé cómo acabará esto.

Saludos cordiales de Lenchen y de tu

F. E.