en Berlín

122, Regent’s Park Road, N.W.
Londres, 17 de octubre de 1889

Querido Schmidt:

Por su escrito, por cuyo amable envío le doy las gracias más cordiales, hemos llegado a estar tan próximos el uno al otro, que no puedo decidirme a emplear con usted las acostumbradas y solemnes titulaciones, y si quiere usted hacerme un favor, tráteme del mismo modo.

Si bien no puedo decir precisamente que haya usted resuelto el problema en cuestión, su línea de pensamiento coincide con la del tomo III de «El Capital» en muchos puntos, e incluso en puntos importantes, de tal modo que la lectura de este tomo III le proporcionará a usted una alegría muy particular. Una crítica detallada de su trabajo me está vedada por el momento, por razones obvias; se hará en el prólogo al tomo III; allí constituirá para mí una especial satisfacción tributar a su escrito el pleno reconocimiento que le corresponde. Hasta entonces, tenga usted, pues, paciencia. Pero de lo que puede usted estar seguro desde ahora es de que con este trabajo ha conquistado usted un lugar en la literatura económica que todos los señores profesores habrán de envidiarle.

A mí, personalmente, el escrito me ha producido también una alegría muy particular, por la prueba de que hay uno más que sabe pensar teóricamente. Su número es notablemente reducido en la generación más joven en Alemania. Bebel, que posee una cabeza teórica espléndida, se ve impedido por el trabajo práctico del partido de ejercitar esta su mejor cualidad de otro modo que en la aplicación de la teoría a casos prácticos. Hasta ahora, Bernstein y Kautsky han sido los únicos, y también Bernstein está demasiado absorbido por la actividad práctica como para poder dedicarse y seguir formándose teóricamente como él quisiera y podría. Y, sin embargo, queda tanto por hacer en el plano teórico, sobre todo en el campo de la historia económica y de sus conexiones con la historia política, la del derecho, la de la religión, la de la literatura y la de la cultura en general, donde sólo una mirada teórica clara es capaz de mostrar el camino correcto en el laberinto de los hechos. Así pues, puede usted imaginarse cuánto me he congratulado por el nuevo colaborador.

Que esté usted trabajando para la «N[eue] Z[eit]» la «Bauernbefreiung» de Knapp es muy bueno. Un material excelente para ello es la «Schlesische Milliarde» de Wolff, de la «N[eue] Rh[einische] Z[ei]t[un]g» de 1849, reimpresa como n.º VI del tomo I de la «Sozialdemokratische Bibliothek». Se la envío en pliegos sueltos insertos en periódicos ingleses; éste parece ser un camino del todo seguro. Kautsky se alegrará igualmente de haber encontrado de nuevo un colaborador eficiente — ya tiene que tragar bastante basura.

En el tomo III no he podido hacer ni un trazo desde febrero. ¡El maldito Congreso de París! me ha cargado con tal cantidad de correspondencia a todas las partes del mundo, que todo lo demás ha tenido que pasar a segundo plano. En todas partes, la gente había perdido el contacto internacional y, en consecuencia, urdía los planes más incomprensibles; con la mejor buena voluntad y la falta de conocimiento mutuo de las personas, las cosas y las circunstancias, se habría producido la más hermosa trifulca, y en todas partes se habría uno enemistado con sus amigos sin reconciliarse con sus enemigos. Eso lo he superado felizmente… cuando llega la noticia de que es necesaria la 4.ª edición del tomo I. Y como mientras tanto ha aparecido la edición inglesa y la señora Aveling ha confrontado todas las citas con los originales, encontrándose aquí y allá divergencias formales, pero aún más errores de escritura y de imprenta en las referencias, me es imposible dejar aparecer la 4.ª edición sin corregir esto. Todo este trabajo me quita tiempo, y luego las correcciones de pruebas; pero dentro de unos 14 días volveré por fin al tomo III, y entonces no permitiré ni la más mínima interrupción. Creo que ya he superado los pasajes más difíciles.

Reciba mis mejores saludos, su seguro servidor

F. Engels