Que tu relación con Louise haya tenido este final negativo, nos ha dolido infinitamente a todos nosotros, a Nim, Tussy, Edward, a mí. Ya no hay nada que cambiar en ello. Vosotros dos sois los únicos competentes, y lo que vosotros aprobéis, los demás tenemos que aceptarlo. Pero lo que no comprendo —y no comprendo absolutamente nada de este asunto— es que tú hables constantemente de «compasión», que sientas por Louise solo «compasión». Louise se ha comportado en todo este asunto con tal heroísmo y tal feminidad que todos nosotros no podemos admirarla lo suficiente. Si en este asunto hubiera que compadecer a alguien, no sería ciertamente a Louise. Sigo en la opinión de que has cometido una insensatez de la que un día te arrepentirás.

Como ya le dije a Adler, este giro en vuestra relación no cambia nada en cuanto a lo que te propuse acerca del manuscrito del tomo IV. El trabajo ha de hacerse, y tú y Ede sois los únicos a quienes puedo confiarlo. La historia del archivo está ahora también arreglada, como dice Paul, de modo que seguramente vendrás de nuevo por aquí en invierno, para que podamos discutir y poner en marcha lo demás. A causa del maldito congreso, no he podido hacer nada en el tomo III desde febrero, y ahora se me atraviesa además que se hace necesaria una 4ª edición del tomo I y tengo que despacharla primero. No es un gran trabajo, pero cuando uno solo puede trabajar tres horas diarias en el pupitre, la cosa se arrastra bastante. Y luego vienen los dos meses de noche y niebla eternas. Desde Petersburgo me han escrito que la «Revue du Nord» (¿«Sjevernoje obozrenie»?) ha traducido tus «Klassengegensätze in Frankreich» y que han causado gran revuelo en Rusia. Cuando vengas, te daré algunos consejos sobre cómo podrías quizás sacar dinero en Rusia por artículos.

Tus artículos sobre los mineros de Turingia son lo mejor que has hecho, un verdadero estudio que agota los puntos decisivos, y además dirigido a la simple investigación de los hechos, y no, como en la historia de la población y la historia de la familia primitiva, a la confirmación de una opinión preconcebida. Por eso resulta de ello algo real. El trabajo aclara una parte esencial de la historia alemana; hay algunas pequeñas lagunas aquí y allá en la cadena de desarrollo, pero eso no es esencial. A mí se me ha hecho particularmente claro (lo que de Soetbeer solo había captado de manera confusa e imprecisa) hasta qué punto la producción de oro y plata de Alemania (y de Hungría, cuyo metal precioso era transmitido a todo Occidente a través de Alemania) fue el último factor impulsor que colocó a Alemania a la cabeza económica de Europa en 1470-1530 y la convirtió así en el centro de la primera revolución burguesa, disfrazada de religión en la llamada Reforma. El último factor en el sentido de que dio lugar al desarrollo relativamente elevado de la artesanía gremial y del comercio intermediario y, con ello, fue lo que inclinó la balanza a favor de Alemania frente a Italia, Francia e Inglaterra.

Liebknecht ha comprendido ahora que con los posibilistas no hay nada que hacer; cuando se habla con él, ya no está ni con mucho tan seguro de sí mismo como antes, sobre todo cuando escribe. Es una suerte que los posibilistas hayan rechazado, pues la unión de ambos congresos habría llevado a peleas, muerte y homicidio, y el ridículo habría sido enorme. La campaña de los posibilistas y de la Social Democratic Federation en lo tocante a la sospecha de los mandatos de los nuestros ha fracasado lastimosamente. No solo que las revelaciones de Adler sobre los austriacos posibilistas fueron demoledoras (aquí en el «Labour Elector»), sino que lo que aquí causó aún más efecto fue que los burros habían admitido a Burns en la comisión de verificación de mandatos, y este desmenuzó sin piedad en el «Labour Elector» los mandatos de la Social Democratic Federation. ¡Hyndman representaba a 28 hombres! ¡Toda la Federación supuestamente solo 1925 hombres, en realidad ni la mitad!

El Trades Union Congress fue la última victoria de Broadhurst. La huelga de los estibadores retuvo aquí a Burns, Mann y Bateman, los únicos que estaban al corriente exacto de las acusaciones contra Broadhurst, lo que favoreció a Broadhurst; pero el congreso estaba preparado, se había hecho todo lo posible para tener allí solo a sindicalistas del viejo cuño, y esta vez eso aún fue posible. A pesar de todo, fuertes síntomas de disolución de lo viejo.

En Dinamarca, la vieja dirección del partido se ha desacreditado con el asunto del congreso, y la oposición, Trier, Petersen, etc., gana terreno con fuerza. Deberíais contratar a Trier como corresponsal para el «Arbeiter-Zeitung»: Gerson Trier, Ahlefeltsgade 16, Copenhague.

La huelga de los estibadores ha sido ganada. ¡El mayor acontecimiento en Inglaterra desde las últimas reform bills, comienzo de una revolución completa en el East End! La simpatía general de la prensa y hasta del filisteo se explica: 1) por el odio contra los monopolistas del puerto, que, en lugar de amortizar su capital dilapidado e inexistente, esquilman a armadores, comerciantes y obreros para posibilitar dividendos sobre él; 2) por la conciencia de que los estibadores son electores y hay que lisonjearlos si los 16-18 diputados del East End de cuño liberal y conservador quieren ser reelegidos (lo que no les sucederá, esta vez habrá diputados obreros). Decisivas para la victoria han sido las 14.000 libras esterlinas de Australia: con ellas, los obreros australianos se quitan de encima una súbita importación en masa de obreros ingleses. Burns, Champion, Mann, Tillett se han ganado laureles, la Social Democratic Federation no aparecía por ninguna parte. La huelga es para Inglaterra lo que la huelga de los mineros del carbón para Alemania: la entrada de una nueva capa, de un ejército gigantesco, en el movimiento obrero. Si ahora sorteamos la guerra, la cosa puede volverse pronto divertida.

Guesde en Marsella, Lafargue en Saint-Amand (Cher) candidato.

Saludos cordiales a Adler.

Tu
F. Engels

Como no sé si aún conservas tu madriguera de erizo, envío esta a Adler, cuya dirección es segura. De la «Arbeiter-Zeitung» solo he recibido el número I y el número 4. ¿Sigue viva? ¿Recibís el «Labour Elector»? Te envío un número.