Londres, 9 de sept. de 89

Mi querida Laura,

Hoy tengo la grata tarea de enviarte un cheque por £ 14.6.8, un tercio de la transferencia de Meißner por £ 43; la liquidación vendrá después. Se avecina una cuarta edición del tomo I³; tal vez empecemos a imprimirla antes de Año Nuevo.

Ayer estuvo aquí Tussy con Liebknecht, su hijo y su hija Gertrud, Singer, Bernstein, Fischer, etc., etc. Sigue metida hasta el cuello en la huelga. Las propuestas del Lord Mayor, del cardenal Manning y del obispo de Londres resultaban tan favorables a las compañías portuarias que daban risa, y no tenían la menor posibilidad de ser aceptadas. Ahora es la época de más trabajo; desde Navidad hasta abril casi no se trabaja en absoluto en los docks, de modo que aplazar el aumento salarial hasta enero significaría en realidad aplazarlo hasta abril.

Tendrás a Liebk[necht] en París dentro de una semana aproximadamente, es decir, si tú sigues aún allí. Y también a su mujer y a uno o dos más de la familia.

Domela y sus holandeses parecen aferrarse a su nueva línea. Una prueba más de que las pequeñas naciones solo pueden desempeñar un papel secundario en el desarrollo socialista, mientras esperan que se les conceda la dirección. Los belgas no quieren renunciar jamás a la idea de que su situación central y su neutralidad les otorgan manifiestamente el destino de ser la sede central de la futura Internacional. Los suizos son y han sido siempre filisteos y pequeño-burgueses; los daneses han llegado a serlo igualmente, y aún está por verse si Trier, Petersen y Cía. son capaces de sacarlos de su actual estancamiento. Y ahora los holandeses empiezan exactamente lo mismo. Ninguno de ellos puede ni podrá olvidar que en París los alemanes y los franceses marcaron el camino y que no se les permitió acaparar el congreso con sus mezquinas preocupaciones. Pero eso no importa; ahora hay más esperanzas de una acción conjunta de franceses, alemanes e ingleses, y si los pequeñuelos arman jaleo, nous en ferons cadeaux aux possibilistes.

Liebk[necht] está ahora terriblemente antiposibilista, dice que han demostrado ser canallas y traidores, y que sería imposible trabajar con ellos. A lo cual le respondí que nosotros lo sabíamos desde hace seis meses y se lo habíamos dicho a ellos —a él y a su partido—, pero ellos lo sabían mejor. Se lo tragó en silencio. Ya no está tan seguro de su infalibilidad como antes —al menos no lo demuestra, en caso de que lo esté. Por lo demás, personalmente es lo contrario de lo que es en la correspondencia: es el viejo Liebknecht jovial, que enseguida traba conocimiento con todo el mundo.

Pero tengo que terminar. Tengo aquí a los dos chicos, que estaban encantados con la carta del pequeño Marcel. Han estado en el Zoo y quieren escribir a su cher Papa, así que debo despejar el escritorio.

Mucho éxito para Paul en Cher —yo esperaba de lleno su suerte en Cette, ya que la ciudad es demasiado pequeña para no ser derrotada por las 74 aldeítas que forman la circonscription.

Saludos de Nim.

De corazón tuyo
F.E.