Cartas: Correspondencia de Frederick Engels 1889

Correspondencia de Frederick Engels 1889

Engels a Laura Lafargue

En Le Perreux

Londres, 11 de junio de 1889

Escrita: en inglés;

Primera publicación: en F. Engels, P. et L. Lafargue, Correspondance, t. II, París, 1956;

Mi querida Laura,

Por fin encuentro unos minutos para una charla tranquila contigo. Y, ante todo, permíteme darte las gracias por tu encantadora invitación a Le Perreux para el Congreso. Pero me temo que todavía he de aplazar el aceptarla. Hay dos cosas que por principio evito visitar, y a las que sólo acudo por obligación: los congresos y las exposiciones. El estruendo y la aglomeración de vuestra «feria mundial», por hablar en la jerga del respetable británico, no son para mí atractivo alguno, y del Congreso he de mantenerme alejado en todo caso; eso me lanzaría a una nueva campaña de agitación, y regresaría aquí con un cúmulo de tareas, en beneficio de una variedad de nacionalidades, que me mantendrían ocupado por un par de años. Esas cosas no pueden rehusarse en un congreso, y sin embargo he de hacerlo, si el tercer volumen ha de ver la luz del día. Durante más de tres meses no he podido echarle un vistazo, y ya es demasiado tarde para empezar antes de las vacaciones que pienso tomar; ni estoy seguro de que mis tribulaciones congresuales hayan terminado del todo. Así que, si no me paso por Le Perreux este año, *aufgeschoben ist nicht aufgehoben*; pero este verano tomaré un pequeño descanso en un tranquilo lugar junto al mar y trataré de ponerme de nuevo en condiciones de poder fumar un puro, cosa que no he hecho desde hace más de dos meses — alrededor de un gramo de tabaco cada dos días es todo lo que tolero—, pero vuelvo a dormir, y una bebida moderada ya no me afecta de forma desagradable.

Aquí va una noticia para Paul; Sam Moore nos ofrece esta noche una cena de despedida, zarpa el sábado hacia el Níger, donde, en Asába, en el interior de África, será Presidente del Tribunal Supremo de los Territorios de la Royal Niger Company, Chartered and Limited, con seis meses de permiso para Europa cada dos años, buena paga y la expectativa de regresar al cabo de unos ocho años como un hombre independiente. Fue principalmente en honor de Paul por lo que consintió en convertirse en Lord Presidente del Tribunal Supremo de los negros del Níger, la flor y nata de la negrítica nigeridad del Níger. A todos nos pesa mucho perderlo, pero llevaba más de un año buscando algo de esta índole y este es un puesto excelente. Debe su nombramiento no sólo a sus cualificaciones jurídicas, sino también, y en gran medida, a ser un consumado geólogo y botánico y ex oficial voluntario; todas ellas, cualidades muy valiosas en un país nuevo. Dispondrá de un jardín botánico y montará una estación meteorológica; sus deberes judiciales consistirán principalmente en castigar a los contrabandistas alemanes de aguardiente de patata de Bismarck y de armas y municiones. El clima es mucho mejor que su reputación, y su reconocimiento médico fue altamente satisfactorio; el médico le dijo que tendría más posibilidades que los jóvenes que se matan —de puro hastío— con whisky y harenes negros. De modo que, cuando salga el tercer volumen, al menos una parte del mismo será traducida en África, pues le enviaré las galeradas por adelantado.

Volviendo a nuestro amado congreso. Considero que estos congresos son males inevitables en el movimiento; la gente se empeña en jugar a los congresos, y aunque tienen su lado útil de manifestación y hacen bien reuniendo a gentes de diferentes países, es dudoso que *le jeu vaut la chandelle* cuando existen diferencias serias. Pero los persistentes esfuerzos de los posibilistas y los hyndmanitas por escabullirse hasta la dirección de una nueva Internacional, por medio de sus congresos, hicieron inevitable la lucha para nosotros, y éste es el único punto en el que coincido con Brousse: que se trata, una vez más, de la vieja escisión en la Internacional, la que ahora empuja a la gente a dos campos opuestos. De un lado, los discípulos de Bakunin, con bandera distinta pero con todo el viejo equipamiento y las viejas tácticas, un hatajo de intrigantes y farsantes que tratan de «manejar» al movimiento obrero para sus propios fines privados; del otro lado, el verdadero movimiento obrero. Y fue esto, y sólo esto, lo que me llevó a tomar el asunto tan a pecho. Los debates sobre detalles de legislación no me interesan en ese grado. Pero la posición reconquistada a los anarquistas después de 1873 estaba ahora siendo atacada por sus sucesores, y por eso no tuve elección. Ahora hemos sido victoriosos, hemos demostrado al mundo que casi todos los socialistas de Europa son «marxistas» (¡se arrepentirán de habernos puesto ese nombre!) y ellos se quedan solos, a la intemperie, con Hyndman para consolarlos. Y ahora espero que mis servicios ya no sean necesarios.

Como no tienen a nadie que acuda a ellos, recurren a los sindicatos no socialistas o semisocialistas, y así su congreso tendrá un carácter muy distinto del nuestro. Eso convierte la cuestión de la fusión en algo secundario; dos congresos así pueden sesionar uno al lado del otro sin escándalo.

Mi querida Laura, iba a escribir mucho más, pero apenas veo; hay tanta niebla que he tenido que interrumpirme aguardando claros más luminosos, hasta que ya es la hora del correo. Así que no puedo sino adjuntar el cheque de £10 sobre el cual escribe Paul.

En cuanto al dinero para el Congreso, los alemanes deberían hacer algo; si puedo, escribiré mañana a Paul sobre ello.

Siempre tuyo,

F. Engels

Correspondencia Marx-Engels