en Londres

4, Cavendish Place
Eastbourne, 22 de agosto de 89

Querido Ede:

¿Quién es Paul Fischer? Quiere traducir mi viejo artículo de “Progress” para la “Berliner Volks-Tribüne”. Como tendría que añadirle notas, es decir, aparecer como colaborador directo de la “Volks-Tribüne”, tengo reparos, que mantengo en suspenso dando una respuesta dilatoria hasta mi regreso.

En el próximo número deberías ocuparte de la huelga de los estibadores. El asunto es aquí de la mayor importancia. Hasta ahora el East End era un pantano de miseria pasiva; su sello característico era la falta de resistencia de los quebrantados por el hambre, de los absolutamente desesperanzados. Quien allí caía estaba perdido física y moralmente. El año pasado vino la huelga victoriosa de las cerilleras. Y ahora esta huelga gigantesca de los más envilecidos entre los envilecidos, de los estibadores, no de los fijos, fuertes, avezados, relativamente bien pagados y empleados con regularidad, sino de los arrojados accidentalmente a los docks, de los pájaros de mal agüero que han naufragado en todas las demás ramas, de los muertos de hambre profesionales, de esa masa de existencias quebrantadas que van a la deriva hacia la ruina total, a las puertas de los docks de los cuales podría escribirse la frase de Dante: ¡Lasciate ogni speranza, voi che’ entrate! Y esta masa sordamente desesperada, que cada mañana, al abrirse las puertas de los docks, libra literalmente batallas por el derecho a pasar delante, ante el tipo que contrata a los obreros —batallas literales de la lucha de competencia de los trabajadores excedentes entre sí—; esta masa, amalgamada al azar, que cambia a diario, consigue agruparse en número de 40.000 hombres, mantener la disciplina e infundir pavor a las poderosas compañías de los docks. Haber vivido esto me produce alegría. Si esta capa es capaz de organizarse, ¡todo mi respeto! Es un gran hecho. Cualquiera que sea el desenlace de la huelga —y en esto nunca soy optimista de antemano—, con los estibadores entra en el movimiento la capa más profunda de los trabajadores del East End, y entonces las capas superiores tendrán que seguir el ejemplo. El East End posee la mayor masa de obreros no cualificados de Inglaterra, de aquellos cuyo trabajo no exige ninguna o casi ninguna destreza. Si estas capas del proletariado de Londres, tratadas hasta ahora con desprecio por las trade unions de los obreros cualificados, se organizan, el ejemplo cundirá en las provincias.

Y aún más: por la falta de organización, por el pasivo vegetar de los verdaderos trabajadores del East End, allí era hasta ahora el lumpenproletariado quien llevaba la voz cantante, se daba aires y pasaba por ser el tipo y representante del millón de muertos de hambre del East End. Eso se acabará ahora. El tendero y sus semejantes serán desplazados a un segundo plano, el trabajador del East End podrá desplegar su propio tipo y —mediante la organización— hacerlo valer, y esto es de un valor enorme para el movimiento. Escenas como las de antaño, durante la marcha de Hyndman por Pall Mall y Piccadilly, se harán entonces imposibles; al lumpen que quiera desahogar su rabia, simplemente se le molerá a palos.

En fin, es todo un acontecimiento. ¡Y cómo trata el asunto hasta el miserable “Daily News”! Ahí se ve el efecto fulminante. Es lo que fue entre nosotros la huelga de los mineros: una nueva capa entra en el movimiento, un nuevo cuerpo de ejército. Y el burgués, que hace cinco años aún habría maldecido e insultado, tiene ahora que aplaudir con tímido entusiasmo, mientras a él —y precisamente porque a él, el muy valioso, le entra un miedo cerval—. ¡Hurra!

Lo que dices en el artículo sobre los anarquistas acerca del parlamentarismo y su decadencia es lo único acertado. Me ha alegrado mucho.

Aquí, regular —tiempo inestable— a causa del exceso de caminatas estoy otra vez algo cojo y por eso abstemio, a pesar de Julius; pero té tampoco puedo beber por la noche por los nervios, de modo que, en vez de té, bebo un vaso de cerveza —¡por abstemio!

Saluda a tu mujer e hijos y a todos los amigos.

Tuyo
F. E.