en Borsdorf, cerca de Leipzig  

4, Cavendish Place, Eastbourne  
17 de agosto de 1889  

Querido Liebknecht:  

He pospuesto la contestación a tu carta del 19 de abril hasta después del congreso, porque antes no había manera de contar con un entendimiento; nuestros caminos divergían a cada paso. Tampoco ahora voy a entrar en todos tus intentos de cargarles a otros las culpas de tus pecados de omisión.  

Dices: el reproche de que, “como de costumbre”, también en el asunto del congreso “circunstancias imprevistas” me han impedido cumplir mi deber, es más que una grosería; es un grave insulto, etc.  

Sólo puedes convertir mis palabras en un insulto si tergiversas su sentido, transformando la voz pasiva —que a ti te sucede con mucha frecuencia algo determinado— en una activa, según la cual tú te habrías acostumbrado deliberadamente a ese algo. Con ello conviertes el reproche de una debilidad en el de una mala intención y consigues fabricar felizmente el insulto.  

Pero deberías haberte dado cuenta, por fin, de que te sucede con mucha frecuencia no estar en casa cuando se te quiere tomar la palabra o se quiere de ti algo que, en realidad, se sobreentiende. ¿Cómo fue aquello de la historia de Aveling en América? #6! Al principio, bajo la impresión inmediata de la bajeza cometida por el Ejecutivo de Nueva York, escribiste: “Los de Nueva York le deben a Aveling una reparación pública; se la exigiré, y si se plantan sobre las patas traseras, saldré públicamente contra ellos.” Pero más tarde, cuando hubo que cumplir esa palabra, la cosa cambió por completo: escribiste una declaración que no era ni chicha ni limonada, que no le hacía ningún bien a Aveling ni ningún mal a los de Nueva York, —¡circunstancias imprevistas!— y sólo una suave presión por mi parte te llevó a una declaración que contenía al menos una parte de lo prometido.  

Incluso tu carta del 19 de abril tiene que aportar una nueva prueba. Tu yerno¹ publica, amparándose en tu nombre como editor, una colección de escritos. Tú, que sin embargo lo conoces, le confías la selección, la redacción, en suma, toda la dirección. Lo inevitable ocurre. Aparece, cubierta por tu nombre, una publicación infame de un bribón más que equívoco, una auténtica porquería en la que este ignorante bribón se erige en mejorador de Marx.1200 Esa porquería se recomienda a los obreros alemanes, con tu nombre de editor en la portada, como lectura formativa en el espíritu de nuestro partido. Que semejante porquería aparezca en cualquier parte es, naturalmente, del todo indiferente y no merecería que se hablara de ella. Pero que aparezca editada por ti, bajo tu égida, como aprobada y recomendada por ti (pues ¿qué otra cosa significa tu nombre en ella?) —eso es lo intolerable. Por supuesto, tu yerno te ha engañado; a sabiendas, jamás habrías hecho tú tal cosa. Pero ahora —cuando tu primer deber es quitarte de encima esa porquería, declarar que has sido vergonzosamente burlado y que bajo tu nombre no aparecerá ni un pliego más— ¿cómo? Pues me escribes toda una página sobre las circunstancias imprevistas que te lo impiden.  

Así pues, ¿a qué viene la indignación moral porque yo llame también alguna vez por su nombre a eso que es lo habitual? Por lo demás, no soy el único que se ha dado cuenta. Y si aquí hay alguien insultado, soy yo mucho más que tú.  

De los pasos que has dado después en el asunto Schlesinger, hasta ahora nada sé. Pero una cosa sé: si suspendes la publicación de la porquería de Schlesinger, puedo dejar dormir el asunto. Pero si aparecen continuación y final bajo tu nombre, entonces le debo a Marx protestar públicamente contra ello. Espero que no dejes que las cosas lleguen a ese extremo; estoy convencido de que ese adefesio que te han endilgado te pesa ya bastante en el estómago. Y tú mismo comprenderás que no puedes permitir que el señor Geiser malbarate por un plato de lentejas toda tu posición en el partido, fruto de cuarenta años de trabajo.  

Llevo catorce días aquí y probablemente me quede aún la primera semana de mar —en la misma casa que aquella vez, ¡cuando tú te fuiste a América!?,  

Cordial saludo.  

Tuyo,  
F.E.  

¹ Bruno Geiser