en Hoboken

Londres, 17 de julio de 89

Querido Sorge:

Nuestro Congreso está reunido y es un éxito brillante. 126°] 358 delegados hasta anteayer, y todavía siguen acudiendo nuevos. Más de la mitad, extranjeros, entre ellos 81 alemanes de todos los Estados, pequeñas ciudades y provincias, excepto Posen. El primer local ya resultó pequeño el primer día, el segundo ya el segundo, se buscó un tercero. Las sesiones, a pesar de objeciones francesas aisladas (pensaban que en París los posibilistas tendrían un público más numeroso y que, por tanto, era mejor sesionar a puerta cerrada), a petición unánime de los alemanes —¡la única seguridad frente a los mouchards!—, son en todo momento públicas. Toda Europa representada. Con el próximo correo, el “Sozialdemokrat” llevará las cifras a América. Los mineros escoceses y alemanes de los distritos carboníferos se reúnen allí por primera vez en consulta conjunta. [26%

Los posibilistas tienen 80 extranjeros (42 británicos, de ellos 15 de la Social Democratic Federation, 17 Trades Unions), 7 austrohúngaros (no puede ser mucho más que un bluff, todo el movimiento real allí está con nosotros), 7 españoles, 7 italianos (3 representantes de sociedades italianas en el extranjero), 7 belgas, 4 americanos (2 de ellos, Bowen y Georgei, de Washington D. C., estuvieron en mi casa), 2 portugueses, 1 suizo (nommé par lui-même?), 1 polaco. Casi todos tradeunionistas. Junto a ellos, 477 franceses, que solo representan a 136 Chambres Syndicales y 77 cercles d’études socialistes, pues cada pequeño círculo puede enviar 3 delegados, mientras que nuestros 180 franceses representan cada uno una sociedad particular.

El bluff de la fusión, naturalmente muy fuerte en ambos congresos; los extranjeros quieren la fusión, los franceses, en ambos casos, se contienen. La fusión en condiciones racionales está muy bien, pero el bluff consiste en el griterío por la fusión a todo trance por parte de algunos de los nuestros.

Acabo de enterarme por el “Sozialdemokrat” de que la propuesta de fusión de Liebknecht ha sido aprobada realmente por amplia mayoría. En qué consiste, si se trata de una fusión real sobre la base de negociaciones privadas o solo de un deseo abstracto que debe conducir a ellas, desgraciadamente no se desprende de la carta. La bonhomía alemana está por encima de tales minucias; sin embargo, el hecho de que los franceses la hayan aceptado me garantiza suficientemente que no se ha incurrido en un ridículo frente a los posibilistas. No podré saber más hasta después de la salida del correo, probablemente mañana.

Por lo demás, probablemente te enterarás de lo esencial tan pronto como yo, pues los Aveling han cerrado arreglos con el hombre del New York Herald de París acerca del cable. Te envío hoy el “Reynolds’s” del sábado y el “Star” del lunes, todo lo esencial que ha aparecido hasta ahora en la prensa de aquí. El sábado habrá más.

La intriga de los posibilistas y de la Social Democratic Federation para arrogarse subrepticiamente la posición dirigente en Francia e Inglaterra, respectivamente, ha fracasado en cualquier caso por completo, y su pretensión a la dirección internacional aún más. Si los dos congresos, uno al lado del otro, solo hubieran cumplido el propósito de hacer desfilar las fuerzas en pugna —aquí los camarilleros posibilistas y londinenses, allí los socialistas europeos (que, gracias a aquellos, figuran como marxistas)— y mostrar así ante el mundo dónde está concentrado el movimiento real y dónde el bluff, ya sería suficiente. Naturalmente, la fusión real, si llega a producirse, de ningún modo impedirá que el pleito continúe en Inglaterra y Francia, al contrario. Solo será una imponente demostración para el gran público burgués, un congreso obrero de más de 900 hombres, desde los trade unions más mansos hasta los comunistas más revolucionarios. Y habrá puesto fin de una vez por todas al juego de los camarilleros para los próximos congresos, porque esta vez han visto dónde está el poder real, que nosotros les hacemos frente en Francia, que en todo el continente les somos superiores y que su posición también en Inglaterra está muy tambaleante.

He recibido la carta de Schlüter y le contestaré en breve. Espero que su negocio vaya bien y que el clima americano le siente bien a su esposa.

Muchos saludos a tu mujer. Schorlemmer viene esta noche. La semana próxima vendrá Adler, desde Viena, vía París.

Tuyo,

RE.