en Le Perreux

Londres, 15 de junio de 1889

Mi querido Lafargue:

He escrito a Bebel que vuestras contribuciones llegan con bastante lentitud, que os encontráis en apuros por los fondos necesarios para el congreso, etc.; le he explicado la causa (vuestra debilidad numérica en París, la necesidad de que las provincias reserven sus medios para las delegaciones, la acostumbrada lentitud de los franceses en el pago de las contribuciones, etc.), y le he sugerido que aquí se presenta una oportunidad para una subvención por parte del partido alemán, como una buena inversión internacional. Haríais bien en predisponer también un poco a Liebknecht para esta subvención; podríais describirle vuestra situación mejor que yo, y decirle que os he aconsejado escribirle por ese motivo.

Os envío la *Justice* con la respuesta de Hyndman. Es el estallido de la rabia impotente del hombre que se siente derrotado en toda la línea. Lo que dice de Parnell y Stepniak es pura mentira. Tengo aquí una carta de Stepniak, que ayer escribió a Tussy después de ver la *Justice*; en ella dice que eso es falso, y que escribirá inmediatamente a la *Justice*. En cuanto a Parnell, su nombre nos ha sido dado oficialmente por la Labour Electoral Association, y si no renuncia a su función de secretario de esa asociación, no puede negar la validez de su firma. Se negó a darnos su firma como individuo, y nosotros hemos respetado sus reparos al respecto.

Nadie conoce a ese Field que defiende nuestro congreso con tanto celo.

El periódico danés de Trier y Petersen toma partido abiertamente por nosotros, pero hacen bien en no ir más allá. Si propusieran una delegación a nuestro congreso, empujarían al partido oficial danés hacia el posibilismo. Tenemos la satisfacción de que esos posibilistas secretos no se atrevan a asistir al congreso de los otros.

Ahora bien, como ambos congresos tienen un carácter completamente distinto —el nuestro, el de los socialistas unidos; el otro, el de gentes que no van más allá del tradeunionismo (pues, aparte de los posibilistas y de la Social Democratic Federation, no acudirán otros a ellos)—, es dudoso que la unificación se realice. Y si no se realiza, no será ninguna desgracia. Pues no es ningún secreto que el socialismo aún no ha unido a toda la clase obrera de Europa bajo su bandera, y la existencia de ambos congresos uno junto al otro no haría sino confirmar ese hecho conocido.

Por otra parte, ahora tenemos otros deberes, ya que nuestro congreso es más avanzado que el otro. Si ambos congresos fueran abiertamente socialistas, podríamos hacer ciertas concesiones en cuanto a la forma para evitar un escándalo. Pero la agrupación en dos campos bajo dos banderas distintas, que se ha producido sin nosotros, exige que protejamos la honra de la bandera socialista; la unificación, si llega a producirse, no será una unificación, sino más bien una alianza, y las condiciones de semejante alianza deberían ser entonces discutidas con exactitud.

En todo caso, hay que ver cómo se desarrollarán las cosas y no atarse de antemano con decisiones irrevocables. Lo esencial es siempre poner al adversario en el lado de la sinrazón, para que, si llega la ruptura, se le atribuya la culpa. Podéis estar seguros de que, después de lo ocurrido, ni los posibilistas ni la Social Democratic Federation sienten un deseo incontrolado de unirse, sino que tienen el ardiente anhelo de echarnos la culpa de la ruptura que desean en secreto, y que es lo único que podría seguir dándoles una existencia ficticia. Hacerles ese favor y provocar la ruptura equivaldría a insuflarles nueva vida. Sólo por errores nuestros podrían reponerse de su derrota, y cometeríamos esos errores si actuáramos bajo el influjo de la pasión o de cualquier sentimiento. Es un cálculo muy sencillo, nada más.

Dad un abrazo de mi parte a Laura y a Nim. Esta noche ha partido Sam Moore, desde Liverpool, hacia vuestra patria africana.

Vuestro amigo,  
F. E.