Por fin puedo encontrar unos minutos para charlar tranquilamente contigo. Y, ante todo, déjame darte las gracias por tu encantadora invitación a Le Perreux para el Congreso. Pero me temo que aún tendré que aplazar su aceptación. Hay dos cosas que por principio evito visitar, y a las que solo voy por obligación: los congresos y las exposiciones. El estruendo y la muchedumbre de vuestra «feria mundial», por hablar en la jerga del respetable británico, es cualquier cosa menos un atractivo para mí; y del Congreso debo mantenerme alejado en cualquier caso; eso me lanzaría a una nueva campaña de agitación, y volvería aquí con una carga de tareas, en beneficio de diversas nacionalidades, que me tendrían ocupado durante un par de años. Tales cosas no pueden rehusarse en un congreso, y sin embargo debo hacerlo, si el tercer tomo ha de ver la luz del día. Durante más de tres meses no he podido echarle un vistazo, y ahora es demasiado tarde para empezar antes de las vacaciones que pienso tomarme; tampoco estoy seguro de que mis problemas congresuales hayan terminado del todo. Así que, si no voy este año a Le Perreux, aufgeschoben ist nicht aufgehoben, pero este verano tomaré un pequeño descanso en un tranquilo lugar costero y trataré de ponerme en condiciones de poder fumar un puro, cosa que no he hecho desde hace más de dos meses, siendo todo lo que tolero aproximadamente un gramo de tabaco cada dos días — pero vuelvo a dormir, y una bebida moderada ya no me afecta desagradablemente.

Aquí va una noticia para Paul: Sam Moore nos ofrece esta noche una cena de despedida; zarpa el sábado hacia el Níger, donde, en Asába, en el interior de África, será Presidente del Tribunal Supremo de los Territorios de la Royal Niger Company, Chartered and Limited, con seis meses de permiso para Europa cada dos años, buen sueldo y la expectativa de regresar al cabo de ocho años aproximadamente hecho un hombre independiente. Fue sobre todo en honor de Paul por lo que consintió en convertirse en Lord Chief Justice de los negros del Níger, la auténtica flor y nata de la negritud nigerina del Níger. Todos sentimos mucho perderle, pero llevaba más de un año buscando algo por el estilo y este es un puesto excelente. Debe su nombramiento no solo a su capacidad jurídica, sino también, en gran medida, a ser un consumado geólogo y botánico y antiguo oficial de voluntarios — todas ellas cualidades muy valiosas en un país nuevo. Tendrá un jardín botánico y montará una estación meteorológica; sus deberes judiciales consistirán principalmente en castigar a los contrabandistas alemanes del aguardiente de patatas de Bismarck y de armas y municiones. El clima es mucho mejor que su reputación, y su examen médico fue altamente satisfactorio; el médico le dijo que tendría más posibilidades que los jóvenes que se matan — por puro aburrimiento — con whisky y harenes de negras. Así, cuando salga el tercer tomo, una parte, al menos, será traducida en África, pues le enviaré las pruebas de imprenta anticipadas.

Volviendo a nuestro querido congreso. Considero estos congresos males inevitables en el movimiento; la gente se empeña en jugar a los congresos, y aunque tienen su lado demostrativo útil, y hacen bien reuniendo a gentes de distintos países, es dudoso que le jeu vaut la chandelle cuando hay diferencias serias. Pero los persistentes esfuerzos de los posibilistas y los hyndmanitas para infiltrarse en la dirección de una nueva Internacional, mediante sus congresos, hicieron inevitable para nosotros una lucha, y aquí está el único punto en que coincido con Brousse: que se trata de nuevo de la vieja escisión en la Internacional, que ahora empuja a la gente a dos campos opuestos. De un lado, los discípulos de Bakunin, con distinta bandera pero con todo el viejo equipo y las viejas tácticas, un hatajo de intrigantes y farsantes que intentan «manejar» el movimiento obrero para sus fines privados; del otro, el verdadero movimiento de la clase obrera. Y fue esto, y solo esto, lo que me hizo tomar el asunto tan en serio. Los debates sobre detalles de legislación no me interesan en tal medida. Pero la posición reconquistada a los anarquistas después de 1873 era ahora atacada por sus sucesores, y así no tuve elección. Ahora hemos vencido, hemos demostrado al mundo que casi todos los socialistas de Europa son «marxistas» (¡se enfurecerán de habernos puesto ese nombre!) y ellos se quedan solos y en la inopia, con Hyndman para consolarse. Y ahora espero que ya no se necesiten mis servicios.

Como no tienen a nadie que acuda a ellos, recurren a sindicatos no socialistas o semisocialistas, y así su congreso tendrá un carácter completamente distinto del nuestro. Eso convierte la cuestión de la fusión en algo secundario; dos congresos así pueden celebrarse al mismo tiempo, sin escándalo.

Mi querida Laura, iba a escribir mucho más, pero apenas puedo ver, hay tanta niebla, y así he tenido que interrumpir la escritura esperando momentos más claros, hasta que ahora es la hora del correo. Así que solo puedo adjuntar el cheque de 10 libras, sobre el que escribe Paul.

En cuanto al dinero para el Congreso, los alemanes deberían hacer algo; si puedo, le escribiré a Paul sobre ello mañana.

Tuyo siempre,

F. Engels

Marx-Engels Correspondence