en Le Perreux

[Londres] 27 de mayo de 89

Mi querido Lafargue:

Con el mismo correo le envío el informe sobre ¡la Alianza!¹. ¿Quiere usted también ¿Las pretendidas escisiones?²

Envíeme usted el artículo para la revista rusa rápidamente; yo lo remitiré a Danielson.

Puesto que Lavrov pone dificultades, diríjase usted a

N. Axelrod, Kephir-Anstalt,

y ruéguele que nos envíe las firmas de Vera Zasúlich (cuya dirección usted no tiene), la suya propia, la de G. Plejánov y la de otros marxistas rusos. Eso dejará atónito a nuestro valiente ecléctico.

La convocatoria inglesa³ está ya en la imprenta; mañana tendré las pruebas, pasado mañana se distribuirán.

Parnell nos niega su firma personal, pero la ha dado como secretario honorario de la Labour Electoral Association.⁴

Puesto que usted debe de haber recibido esta firma junto con las de los demás miembros (Champion, Mann, Bateman), no he telegrafiado, pues, naturalmente, usted ha tomado las firmas tal como le llegaron directamente a usted y no según mi carta.

La razón es que Parnell es delegado por su sección de la Trades Union (ebanistas artísticos) al congreso posibilista, donde él y Burns actuarán en nuestro sentido. Incluso puede ocurrir que, si los posibilistas rechazan su propuesta de unificación, se separen de ellos y vengan a nosotros. Pero eso es todavía música del porvenir.

Le he apremiado porque recibíamos noticias contradictorias de París y porque no sabía si se habían puesto de acuerdo sobre el texto de la convocatoria o no. Ahora la cosa avanza también aquí. Esto será un golpe certero.

Vuestra táctica es la mejor, sobre todo dado que no tenéis órgano y que en Francia ya cada cual ha tomado partido. Aquí, donde no sólo hay todavía bastantes elementos vacilantes, sino donde además se trata de hacer vacilar a los que ya se han pasado al enemigo —y eso es posible—, hay que atacar.

¡Espero mañana, por fin, poder trabajar un poco contra Hyndman!⁵ Hoy me han robado todo el día los preparativos de la convocatoria inglesa y unas cuantas carreras.

La carta de Lyon venía en el sobre adjunto. Se la he enviado a usted para que me descifre la dirección y la firma.⁶ Se esperan de mí ejemplares de mis escritos. Entretanto, usted ha recibido mi carta que la acompañaba, en la que le pedía esas aclaraciones.

De prisa, amistosamente suyo
F. E.

Tenemos que saber de Farjat, sin falta, sí o no; ¿tal vez se fue antes de esta votación?

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Engels a Friedrich Adolph Sorge
en Hoboken

Londres, 8 de junio de 89

Querido Sorge:

Casi me apena que hayas tomado lo bastante en serio a los Wishnewetzky como para romper con ellos. Yo les dejaba de buena gana la satisfacción de manifestarme, mediante su ausencia, su altísimo disgusto; sin embargo, he de suponer que él te obligó a ello con su comportamiento grosero hacia ti.

El estado de ánimo sobre el congreso en que fue escrita tu carta también me dominó a mí desde mediados de marzo hasta casi mediados de mayo. Asombrosamente, todo está ahora salvado, como te lo ha mostrado el segundo llamamiento circular enviado con las firmas de casi toda Europa⁷ (completado en el apéndice de Bernstein Nr. II, enviado hoy).

El primer folleto, firmado por Bernstein⁸, fue redactado por mí, como todo lo que ha aparecido en inglés sobre el asunto. Lo que en él puedas encontrar censurable era necesario desde el punto de vista de aquí. En particular las aclaraciones sobre los posibilistas⁹, que a ti te parecen ataques. Pero lo más necesario de todo era la publicación de los acuerdos de La Haya¹⁰, que las sabias gentes decidieron en La Haya mantener en secreto, y por cierto in infinitum. Afortunadamente, aquí y en París nadie sabía de ese prudente acuerdo, y así nos lanzamos, puesto que los posibilistas y sus partidarios de aquí se montaban día tras día precisamente sobre estos acuerdos, contando las mayores mentiras al respecto, etc.

Naturalmente, tras la negativa de los posibilistas, había que actuar con rapidez. Pero los belgas, que junto con los suizos debían convocar el congreso, no se movían —querían dilatar el asunto hasta su congreso de Pascua en Jolimont¹¹ y atrincherarse tras los acuerdos que allí se adoptasen. Y de los suizos, Scherrer también era un poco perezoso, ¡con el pretexto de, con el consentimiento de Liebknecht, seducir a la masa de los posibilistas "por encima de las cabezas de Brousse y Cía." para que se pasaran a nuestro lado! Liebknecht, sin embargo, pronunciaba discursos de fiesta en Suiza¹², y Bebel conocía demasiado poco el terreno para, en ausencia de aquél, proceder por su cuenta.

El verdadero campo de batalla estaba aquí. El folleto Nr. I de Bernstein había caído aquí como un trueno. Las gentes vieron que Hyndman & Cía. les habían mentido vilmente. Si se convocaba de inmediato nuestro congreso, los teníamos a todos, y Hyndman y Brousse quedaban solos. Los descontentos de aquí, de las Trades Unions¹³, se dirigieron a nosotros, a los alemanes, holandeses, belgas, daneses. Pero de ninguno obtuvieron información sobre nuestro congreso, cuándo, dónde y cómo. Para ellos, sin embargo, lo principal era enviar representación a un congreso, cualquiera que fuese, como oposición a Broadhurst, Shipton & Cía., y así se decidieron por el que estaba convocado.

De este modo fuimos perdiendo aquí terreno paso a paso, también nuestra posición en la prensa radical de aquí vacilaba fuertemente, y por último vino aún el acuerdo del congreso belga: enviar un delegado a cada uno de los dos congresos. E incluso en la prensa del partido alemán se pronunciaron Auer y Schippel a favor de que ¡había que ir con los posibilistas!¹⁴, ya para demostrar que no se era chovinista hostil a los franceses. En suma, di el asunto por perdido, al menos para Inglaterra.

Pero escribí enseguida a los franceses (que desde un principio insistían en que el congreso debía celebrarse el 14/21 de julio junto al posibilista, pues de lo contrario no valía la pena), diciéndoles que el acuerdo belga les devolvía su libertad y que debían convocar ya mismo el congreso para esa fecha. Y el señor Liebknecht, a quien los artículos de Auer y Schippel le habían encendido fuego bajo su propio trasero, halló de repente que había dilatado bastante el asunto y que ahora había que actuar con rapidez —les dio a los franceses el mismo consejo. La convocatoria se produjo —el efecto fue mejor de todo lo esperado, las adhesiones afluían y siguen llegando. E incluso aquí hemos tenido más de un éxito de consideración, y la publicación de las firmas sigue surtiendo efecto aquí. Incluso aquí tenemos todo lo que está fuera de la (muy venida a menos) Social Democratic Federation¹⁵, y moralmente una parte de lo que aún está dentro de ella. Pues John Burns, el concejal socialista del condado de Londres¹⁶, probablemente, con toda la rama de Battersea¹⁷, se separará o ya lo ha hecho. Él y Parnell (quien ha firmado en nuestro circular) han sido ya elegidos delegados al congreso posibilista y allí actuarán a favor nuestro.

Los posibilistas, aparte de la Social Democratic Federation, no tienen ninguna organización socialista en toda Europa. Recurren, por tanto, a las Trades Unions no socialistas, y darían el mundo por poder tener aquí a las viejas Trades Unions, a Broadhurst y sus consortes; pero éstos tuvieron bastante en noviembre aquí en Londres¹⁸. De América obtienen un Caballero del Trabajo.¹⁹

Lo principal en todo esto es —y fue la razón para mí de empeñarme tanto— que aquí sale a la luz otra vez la vieja escisión en la Internacional, la vieja lucha desde La Haya²⁰. Los adversarios son los mismos, sólo que la bandera anarquista se ha cambiado por la posibilista: venta del principio a la burguesía a cambio de concesiones en detalle y, sobre todo, a cambio de puestos bien pagados para los jefes (concejalías, bolsas de trabajo²¹, etc.). Y la táctica es exactamente la misma. El manifiesto de la Social Democratic Federation²², redactado a todas luces por Brousse, es una nueva edición del circular de Sonvillier²³. Y Brousse lo sabe también: ataca le marxisme autoritaire todavía con las mismas mentiras y calumnias, y Hyndman lo imita —sus fuentes principales sobre la Internacional y sobre la actividad política de Marx son los descontentos de aquí del Consejo General, Eccarius, Jung & Cía.

La Alianza de los posibilistas y de la Social Democratic Federation debía constituir el núcleo de la nueva Internacional que se fundaría en París: con los alemanes, si se plegaban como tercero en la liga, y si no, contra ellos. De ahí los muchos congresos pequeños, siempre crecientes, uno tras otro; de ahí la exclusividad con que los aliados trataban a todas las demás corrientes francesas e inglesas como si no existieran; de ahí el compadreo, sobre todo con las pequeñas naciones, en las que también se apoyaba Bakunin. A todo este ajetreo le entró miedo, sin embargo, cuando los alemanes, con el acuerdo de St. Gallen²⁴, entraron también en el movimiento congresual, con toda ingenuidad, en absoluto desconocimiento de lo que sucedía afuera. Y como estas gentes preferían ir contra los alemanes a ir con ellos —pues pasaban por demasiado "marxizados"—, la lucha se hizo inevitable. Pero de la ingenuidad de los alemanes no tienes ni idea. Me ha costado un esfuerzo infinito hacer comprender incluso a Bebel de qué se trata en realidad, aunque los posibilistas lo saben muy bien y lo proclaman a diario. Y con todos estos extravíos, yo tenía poca esperanza de que saliera bien, de que la razón inmanente que en esta historia se desarrolla paulatinamente hasta la conciencia de sí misma fuera a vencer ya ahora. Tanto más me alegra la prueba de que hoy tales cosas ya no son posibles como en 1873 y 74. Los intrigantes están ya derrotados, y la significación del congreso —absorba o no al otro— consiste en que la unanimidad de los partidos socialistas de Europa queda expuesta ante el mundo y los pocos compadres, si no se pliegan, se quedan fuera, al frío.

Por lo demás, el congreso tiene poca importancia. Yo, naturalmente, no voy; no puedo volver a lanzarme de modo permanente a la agitación. Pero la gente quiere, una vez más, jugar a los congresos, y entonces es mejor que éstos no sean dirigidos por Brousse y Hyndman. Estábamos justo a tiempo de pararles los pies.

Sobre el efecto de Bernstein Nr. II tengo curiosidad. Esperemos que sea la última pieza documental sobre el asunto.

En lo demás, aquí todo va regular. He tenido que dejar de fumar por efectos nerviosos; cuesta sorprendentemente poca superación; fumo aún cada 2 o 3 días el contenido de la tercera parte de un cigarrillo, pero creo que el año que viene volveré a empezar. Sam Moore se va como juez superior al territorio del Níger, en África. El próximo sábado sale de Liverpool, regresará dentro de 18 meses por medio año, y traducirá allí el tomo III⁶. Afectuosos saludos a tu mujer.

Tuyo
F. Engels