en Le Perreux

Londres, 16 de mayo de 89

Mi querido Lafargue:

Ahí van mis observaciones sobre vuestro borrador del llamamiento, que he comentado con Bernstein. — Por lo demás, cuando decís que el Congreso de Troyes representó a toda la clase obrera francesa, os ponéis en flagrante contradicción con los hechos y os exponéis a protestas y rechazos por parte de los extranjeros — y eso sin necesidad alguna. Vuestros decretos no suprimen del mundo a los posibilistas ni a su mayoría parisina.

He enviado la circular inglesa a la prensa semanal; mañana saldrá para la prensa diaria, para los clubs radicales de Londres, para las organizaciones socialistas y para personalidades influyentes que se interesan por ella. Son unos 1000 ejemplares; Tussy dispondrá de otros 500 y K. Hardie, en Escocia, también de 500. Las direcciones y las fajas cruzadas están listas; todo saldrá mañana, de modo que se repartirá el sábado por la tarde, en la noche de reunión de los clubs, trade-unions, etc.

El “Star” publica la carta de Bonnier.

Clara Zetkin ha escrito un artículo excelente en la “Berliner Volks-Tribüne” — si lo hubiéramos tenido hace tres meses, con una exposición tan precisa, nos habría sido de gran valor. Bernstein verá mañana a Massingham y hará buen uso de él. También aprovechará los incidentes del distrito XIII, cuyo significado no se desprendía del artículo de la “Egalité”, pero ella [Clara Zetkin] le ha dado a Bernstein todos los detalles.

Que el Consejo Nacional no vaya a estar en París es muy acertado; ya que la provincia constituye vuestra fuerza, también la dirección oficial debe estar allí y no en París. Por lo demás, es un buen augurio que la provincia tenga más peso que París.

Mañana es el estreno de una nueva obra de Aveling; aunque no ha conquistado al público por asalto, la crítica se ocupa de él, incluso los que hasta ahora lo habían silenciado por completo.

La huelga de los mineros del carbón en mi tierra natal (la cuenca hullera empieza a dos o tres millas de Barmen) es un acontecimiento de la mayor importancia. Cualquiera que sea su desenlace, nos abre un terreno hasta ahora cerrado y significa para nosotros, de ahora en adelante, de 40.000 a 50.000 votos más en las elecciones. El Gobierno tiene un miedo terrible, pues cualquier tentativa de acción enérgica o — como hoy se dice en Prusia — de “actuación tajante” (¡la palabra, por cierto, es austríaca!) podría provocar una semana sangrienta como la de París. De hoy en adelante, los mineros de toda Alemania nos pertenecen, y eso es una fuerza.

En cuanto a Boulanger, espero que tengáis razón y que el charlatán haya perdido la partida. Pero…

¡Hora del correo!

Con la mayor amistad, vuestro
F. E.
Escribiré a D[anielson].

Congreso Obrero Socialista Internacional
del 14 al 21 de julio de 1889

¡Trabajadores y socialistas de Europa y América!

El Congreso de Burdeos, al que acudieron más de doscientas cámaras sindicales francesas de los diversos centros industriales de Francia, y el Congreso de Troyes, al que acudieron trescientos grupos obreros y socialistas que representaban al conjunto de la clase obrera y del socialismo revolucionario de Francia, acordaron convocar, durante la Exposición Universal, un congreso internacional en París, abierto a los trabajadores de todo el mundo. Esta resolución fue acogida con alegría por los socialistas de Europa y América, con la viva satisfacción de poder reunirse y concertarse en vísperas de graves acontecimientos que amenazan a las naciones civilizadas.

Los capitalistas invitan a los ricos y poderosos a la Exposición Universal para que contemplen y admiren la obra de los trabajadores, condenados a la miseria en medio de la más colosal riqueza que jamás haya poseído una sociedad humana.

Nosotros, los socialistas, cuyo afán es la emancipación del trabajo, la abolición de la esclavitud asalariada y la instauración de un estado social en el que todos, sin distinción de sexo ni de nacionalidad, tengan derecho a la riqueza creada por su trabajo común, invitamos a los verdaderos productores a reunirse con nosotros el 14 de julio en París.

Los invitamos a sellar el pacto de fraternidad que, al fortalecer a los proletarios de todos los países en su lucha, acelerará el comienzo del nuevo mundo.

¡Trabajadores de todos los países, uníos!

Sellar el pacto podría suscitar dificultades. A los alemanes les está prohibido tener organización alguna, y si, a pesar de la ley, la tienen, se la trata como sociedad secreta. Hay que evitar, pues, toda expresión que encierre la noción de organización formal. Invitadlos a una fiesta de la solidaridad, a una manifestación pública de fraternidad, a lo que queráis, pero no a constituir una organización formal, o words to that effect, como dicen los jurisconsultos ingleses.

Me parece también que faltan una o dos frases para un buen remate.

Y podríais hacer saber a los socialistas internacionales que vayan a firmar que los detalles sobre el lugar, etc., se comunicarán más tarde por la comisión parisina. Un poco de prosa después de tanta retórica no viene mal. Resulta más businesslike.