en Le Perreux

Londres, 30 de abril de 89

Mi querido Lafargue:

Père Duchesne está esta mañana, por lo que veo, terriblemente furioso y llama a todo el mundo calzonazos, incluso por hechos no cometidos. El buen hombre haría mejor en mirar a su alrededor más inmediato y preguntarse qué nombre merecen aquellos que dejaron entrar tres «Égalité» y un «Socialiste», aniquilando con ello la existencia internacional de vuestro partido, pues un partido que no puede hablar a los demás y aportar pruebas de su existencia deja de existir para ellos.

Pero dejemos esto. ¿Veis, pues, que la conducta de los belgas os devuelve vuestra libertad de acción? ¿Que ahora, si tanto os importa, podéis convocar vuestro congreso para una fecha que consideréis buena, el 1 de julio, el 14 de julio o el 1 de agosto? ¿Que no es en modo alguno demasiado tarde para actuar así, si actuáis de inmediato y si, como es natural, tenéis un partido detrás de vosotros dispuesto a sufragar los gastos necesarios?

He escrito a Bebel diciéndole que no quiero cargar con la responsabilidad de aconsejaros la inacción, que estabais en vuestro derecho al quejaros, ya que todas las partes han cometido errores. Eso fue ayer; hoy me escribe que los holandeses van a seguir el ejemplo de los belgas y quieren asistir a ambos congresos; que los alemanes no acudirán al congreso de los posibilistas, a pesar de los votos de Auer y Schippel, que se han pronunciado en sentido contrario (Bonnier ha respondido a ambos); que él, Bebel, está a favor de enviar una delegación a vuestro congreso, el cual propondría que se celebrase en agosto; que, sin embargo, para tomar una decisión definitiva los diputados tienen que reunirse, y eso no podrá ser antes de la sesión del Reichstag del 7 de mayo.

Habéis esperado ya bastante, y no podéis aguardar al 7 de mayo, pues el resultado es incierto. Escribiré, pues, a B[ebel] que ahora obraréis probablemente como estiméis correcto, y le pediré que impida decisiones precipitadas en caso de que la fecha elegida por vosotros no les convenga del todo.

La reserva de los alemanes tiene un motivo muy importante. Dentro de pocos días se celebra un proceso monstruo contra 128 socialistas de Barmen-Elberfeld, y el fiscal anuncia en el escrito de acusación que, después de la condena de los 128 y una vez terminada la sesión del Reichstag, se propone examinar la posibilidad de procesar a todos los diputados del partido, acusándolos de ser el comité central de la extensa sociedad socialista secreta en Alemania. Es el golpe más amenazador que hasta ahora se ha maquinado contra nosotros. Como prueba se aduce la convocatoria de los congresos de Wyden y de St. Gallen. Lo sabemos desde hace 5 o 6 semanas, y el temor de proporcionar nuevo material a esta acusación ha paralizado la actuación de B[ebel].

El proceder de los holandeses, tras la conducta de Nieuwenhuis en La Haya, me parece un tanto dudoso.

Bernstein opina que, si dos congresos sesionan al mismo tiempo, esto tendría que bastar para que, sobre todo entre los delegados extranjeros, surgiese la opinión de que estos dos congresos deben unirse… Vosotros podréis juzgar si esta opinión es acertada; en todo caso —en el supuesto de que así ocurra—, vuestro congreso podría muy bien unirse al otro, a invitación del congreso en pleno y tras el examen por separado de los mandatos por cada congreso. Puesto que vosotros aceptáis sin reservas la votación por nacionalidades, la soberanía del congreso quedaría asegurada.

Bernstein me dice asimismo que el «Sozialdemokrat», a pesar de los señores diputados, hará todo lo posible en Alemania para hacer propaganda en favor de vuestro congreso; dice: se me ha exigido tantas veces que siga una política independiente —que les permite desautorizar al «Sozialdemokrat», considerado como su periódico—, que esta vez les daré el gusto. Naturalmente, esto podría tener como consecuencia un acuerdo oficial de la dirección del partido, pero ¡falta mucho para eso!

Mi opinión, pues, es: reunid a vuestra comisión, convocad el congreso, fijad la fecha que os parezca más adecuada en las circunstancias, redactad la circular de convocatoria, que Laura traducirá al inglés y yo con mucho gusto al alemán. Todo esto nos ocupará hasta entrados en la semana próxima; si entre tanto recibiésemos otras noticias que pudieran traer consigo algún cambio de detalle, aún habría tiempo para ello. Así, vuestra circular se imprimiría en francés hacia finales de la semana próxima y se distribuiría de inmediato. Os enviaré las direcciones necesarias. La impresión en inglés y en alemán se haría aquí. Una vez que vuestro congreso esté convocado para una fecha determinada, el debate se reanimará y nosotros lo impulsaremos.

En vuestra circular de convocatoria tendríais que subrayar la soberanía del congreso y el carácter meramente provisional del reglamento por vosotros establecido. Habría que formular también una propuesta sobre las condiciones de admisión, por ejemplo, un delegado por cada grupo local —sin perjuicio, naturalmente, de la confirmación por el congreso—. Los otros lo han dejado abierto para tener tres o cuatro delegados por cada grupo parisino, en el caso de que vosotros estuvieseis representados allí por un delegado por cada grupo de provincia. Si vosotros creáis una base definitiva, obligaréis a los demás a tomar posición.

¡Manos a la obra! Tenéis por delante dos buenos meses, y eso tiene que bastar para todo. Y que vuestra circular de convocatoria sea conciliadora —los posibilistas no ahorran en miel, y cuanta más empleéis, tanto mejor—. Tenéis todo el derecho a decir que os habéis plegado a todas las exigencias de los otros mientras hubo esperanza, pero que ahora tenéis el deber de tomar la iniciativa. Pasad, sin embargo, por encima de la traición de los belgas con la mayor suavidad posible, para no dar a los posibilistas motivo de triunfo. Una cosa es, por lo demás, segura: Esta vez los belgas se han hundido a sí mismos. En el futuro no engañarán a nadie más.

Con la mayor amistad, vuestro

F. E.