en Viena

Londres, 20 de abril de 89

Querido Kautsky:

Por lo de Schlesinger¹ hablaré con Liebk[necht] cuando venga – dentro de unos 14 días–. Ya le he insinuado lo más indispensable. Pero ten la bondad de enviarme el asunto; aquí no es posible conseguir nada por el estilo y no quisiera verme en la situación de tener que aceptar todas las afirmaciones sin réplica.

En cuanto a Schmidt, le aconsejé que te mandara el manuscrito y viera si tú podrías colocarlo. Schmidt se ha convertido, en completo silencio, en marxista y, en consecuencia, ha perdido toda perspectiva de carrera universitaria, después de que en Halle, como disidente² – ¡esa noble universidad es confesional!– y en Leipzig como socialista, fuera rechazado,³ y de que los suizos le rogasen, por amor de Dios, que los dejara en paz. Ahora busca que le impriman su tesis de habilitación; los socialistas de cátedra⁴ dicen que es demasiado marxista, que así no puede ser, y por tanto los editores son pocos. Schmidt ha llegado a nosotros por completo por sí mismo, sin ánimo alguno por parte de nadie, y aun a pesar de muchas advertencias indirectas mías, sencillamente porque no pudo resistirse a la verdad. En las circunstancias actuales hay que reconocérselo en mucho, y se ha comportado muy valientemente en ello.

Ahora bien, el caso es que precisamente yo no puedo leer ni juzgar el manuscrito. Quiere intentar responder a la pregunta que he formulado en el prólogo al tomo II.⁵ Pero no puedo soltar indebidamente el contenido del tomo III, y eso me impide hacer nada directamente en el asunto. De modo que esta vez no puedo serte de ayuda.

Él –Schmidt– se ha lanzado en Berlín al periodismo; no sé cómo irá. En todo caso, se ha comportado con más sensatez y energía de la que yo le hubiera confiado. Para un periodista tiene una pesadez sin igual, pero a fin de cuentas eso no perjudica mucho en Alemania.

Esperemos que Louise supere felizmente sus seis últimas semanas y descanse después.⁶ Esto del maldito congreso de París me está dando disgusto sobre disgusto. ¡Es un caos! Ede me ayuda a mí y yo a él, en lo que podemos, y Tussy a nosotros dos; por lo demás, todo es puro caos.

Tu teniente coronel² no ha venido aún. En cambio, está aquí Schorl[emmer]. Tiempo espléndido. Nim y yo estuvimos hoy en Highgate; tres horas de paseo. Pero ahora es hora de comer y la del correo, las 5,30.

Muchos saludos a Louise y a ti de parte de todos nosotros.

Tuyo,
F. E.