Carta a Wilhelm Liebknecht  
en Borsdorf bei Leipzig

Londres, 3 de abril de 89

Querido Liebknecht:

Cuando te escribí ayer, no esperaba poder darte hoy ya la prueba de mi ejemplo.

¡Nuestro panfleto —difundido en 2.000 ejemplares en Londres y 1.000 en provincias y, gracias a Tussy, en los lugares adecuados— ha hecho impacto como una bomba y ha abierto un boquete colosal en la red de intrigas tejida por Hyndman y Brousse, y precisamente en el punto decisivo! La gente de aquí, repentinamente ilustrada acerca del verdadero estado de cosas, considera que Hyndman les ha mentido de manera infame sobre el congreso, los partidos socialistas franceses, los alemanes y la historia de La Haya, y que les ha ocultado las cosas más importantes. Los elementos rebeldes y progresistas de las trade unions, que Hyndman estaba precisamente a punto de interceptar, se dirigen ahora a Ede, y todos quieren más esclarecimientos. En su propio campo, la Social Democratic Federation, H{yndman} también ha encontrado oposición, de modo que nuestro panfleto ha hecho tambalearse al único aliado seguro de los posibilistas, la Social Democratic Federation. La consecuencia es la adjunta respuesta de Hyndman en «Justice», una respuesta que, en contraste con su lenguaje desvergonzado de antes, es sencillamente miserable. Nunca hasta ahora ha emprendido H{yndman} una retirada tan ignominiosa, y el artículo nos reportará nuevos éxitos. El «Sozialdemokrat» ha conquistado de un solo golpe una posición imponente en Londres, para lo cual en otras circunstancias habrían hecho falta años. Y en vez de insultarnos, ahora nos ruegan formalmente que no organicemos dos congresos.

Así pues. Ede responderá que sólo puede hablar en nombre propio, pero que cree poder decir que si los posibilistas aceptaran ahora, pero sin demora, incondicionalmente las resoluciones de La Haya, tal vez no fuera demasiado tarde para la unificación y que él contribuiría gustosamente a ello.

Dado que los posibilistas también reciben malas noticias de España, donde su agente Gely en Madrid, donde nosotros tenemos todo en la mano, fue simplemente

180 92 - Engels a Wilhelm Liebknecht - 5 de abril de 1889

rechazado y, por lo demás, sólo tiene alguna perspectiva en Barcelona en una trade union, y dado que los belgas parecen mantenerse más firmes de lo que ellos, los posibilistas, esperaban, es muy posible que este último golpe —que hace tambalearse su principal reserva— los ablande. Ahora, para forjar el hierro mientras está caliente, sería bueno que escribieras la carta adjunta a Ede, tan literal como sea posible, y se la enviaras de inmediato. La misma se la envío a Bebel, con el mismo ruego. Pero tan literal como sea posible, pues una sola expresión inadecuada para la situación aquí nos impediría hacer uso de ella. Posiblemente las cartas se publiquen luego. Se trata de llevar a H{yndman} a que actúe sobre los posibilistas en nuestro sentido; si eso sucede, seguro que ceden, y habremos salvado el congreso único.

Todo esto lo hemos acordado hoy Ede y yo.

Y ahora, en vista de mi carta de ayer, puedes volver a decir que soy el hombre más grosero de Europa.

Tuyo

F. E.

Querido Ede:

Me alegra mucho oír que la Social Democratic Federation se muestra más conciliadora. Pero nosotros, debido al rechazo de las resoluciones de La Haya por parte de los posibilistas, nos vemos obligados a actuar por nuestra cuenta y a convocar un congreso al que todos tengan acceso y que decida soberanamente en sus propios asuntos. Los preparativos están en marcha y no pueden interrumpirse.

Si la Social Democratic Federation quiere seriamente la unificación, tal vez pueda contribuir todavía ahora a ella. Quizá no sea demasiado tarde. Esta unificación podría aún realizarse si los posibilistas aceptan las resoluciones de La Haya sin reservas —pero sin demora, pues después del rechazo ya producido no podemos dejar que se nos haga esperar más tiempo.

No puedo hablar aquí en nombre del partido alemán, pues la fracción no está reunida, y menos aún en nombre de los demás grupos representados en La Haya. Pero quiero prometer gustosamente esto: en caso de que los posibilistas depositen por escrito su aceptación incondicional de las resoluciones de La Haya, de las cuales no podemos ceder ni un ápice, a más tardar el 20 de abril del corriente, en manos de los delegados belgas Volders y Anseele, haré todo lo que esté en mi mano para hacer posible la unificación y la asistencia de todos al congreso que los posibilistas habrán de convocar respetando las resoluciones de La Haya.

Tuyo

W. L.

La fecha del 20 de abril es importante —porque la decisión debe tomarse antes del congreso nacional belga del 21.

Lo adjunto también del «Sozialist» —los americanos están aquí completamente con Ede.

Más que cualquier otra cosa, ha surtido aquí un enorme efecto precisamente la publicación de la resolución de La Haya, sobre la cual Hyndman había difundido puras mentiras y que, por limitarse a la exigencia de cosas que en realidad se sobreentienden, ha causado una impresión tremenda.

182 93 - Engels a Paul Lafargue - 10 de abril de 1889

Engels a Paul Lafargue

en Le Perreux

Londres, 10 de abril de 89

Mi querido Lafargue:

Acabo de llegar de casa de Bonnier; hemos discutido la situación. Como esperaba, vuestra exigencia de cambiar la fecha del congreso ha sembrado la confusión por todas partes. Liebk{necht} declara en la prensa de Berlín que apenas cabe esperar que el congreso tenga lugar este año en París y que sería más favorable celebrarlo el año próximo en Suiza. La prensa suiza recoge la propuesta con entusiasmo. Bebel parece estar harto de tantas dificultades y dispuesto a dejarlo todo en manos de Liebknecht. Y los belgas no les contestan, ni a B{ebel} ni a L{iebknecht}.

Por suerte conocemos el secreto de los belgas. Anseele, que es honrado, se lo ha escrito a Bernstein: presentarán las resoluciones de La Haya a su congreso nacional en Jolimont el 22 de abril, y su consejo nacional no actuará hasta ser autorizado por el congreso. ¡Así conciben estos buenos bruselenses la acción internacional!

El asunto es transparente. Los posibilistas de Bruselas ganan así un mes entero para ponerse de acuerdo con los posibilistas de París y tejer intrigas; en el congreso de Jolimont presentarán una propuesta de Brousse y Cía. que les ofrezca concesiones más o menos ridículas (según la situación del momento); los belgas la aceptarán y propondrán a los demás que se contenten con esas grandes y magnánimas concesiones. Y como la masa es siempre partidaria de la conciliación y las pequeñas nacionalidades están locas por los congresos, los holandeses, los daneses, incluso los suizos, los americanos y, quién sabe, quizá también Liebk{necht} se declararán a favor de la unificación y del congreso de 1889 en París, lo cual no excluye que en 1890 vuelvan a embriagarse en Suiza. Porque esto es seguro: si gana terreno la idea de que el congreso antiposibilista en París para 1889 está abandonado, los posibilistas habrán ganado la partida, y todo el mundo acudirá a ellos, con la sola excepción quizá de los alemanes.

93 - Engels a Paul Lafargue - 10 de abril de 1889 183

Eso os lo he dicho desde el principio. Queríais todo y os arriesgabais a no obtener nada.

Todavía hay una posibilidad de salvar la situación, y la hemos aprovechado resueltamente.

Nuestro folleto ha tenido, como os predije, un efecto extraordinario. Debéis de haber recibido una carta del comité de los tradeunionistas rebeldes, que también se han dirigido a Bernstein y a otros. Aunque se inclinan por el congreso posibilista, todavía dudan. Y también en la Social Democratic Federation hay elementos rebeldes; de otro modo, Hyndman no habría escrito el artículo del sábado pasado. Hemos conmovido, pues, la reserva de los posibilistas, y ahora se trata de aprovechar la ventaja.

Bernstein ha escrito ahora a «Justice»: en respuesta al tono más conciliador de ese periódico, declaraba —aunque sólo en su propio nombre— que quizá aún no fuera demasiado tarde para llegar a una unificación; si «Justice» deseaba tanto esa unificación, no tenía más que influir sobre los posibilistas para que aceptaran sin reservas las resoluciones de La Haya, pero sin demora; en cuanto a los dos puntos: admisión de todos sobre una base de igualdad de derechos, a reserva de la confirmación por el congreso, y soberanía del congreso, no podían hacerse concesiones; o lo toman o lo dejan; pero si los posibilistas aceptaran inmediatamente, él haría todo lo posible para facilitar la unificación general.

Él y Tussy visitaron el lunes por la noche a Hyndman para entregarle esa respuesta, que será publicada. Aprovecharon la ocasión para darle a entender que conocen la situación en el extranjero mejor que él, en Inglaterra tan bien como él, y que era inútil que tratara de engañarlos con sus acostumbradas fintas. Le dijeron que si se celebraban dos congresos, al nuestro asistirían, además de los alemanes, holandeses, belgas y suizos, también los austríacos, daneses, suecos, noruegos, rumanos, americanos y los rusos y polacos residentes en Occidente. Le explicaron que sabían exactamente hasta qué punto nuestra revelación de las mentiras que él ha difundido sobre la situación en Francia, etc., ha minado aquí su propia posición. Tuvieron la impresión de que sus amigos posibilistas lo han engañado a él mismo sobre varios puntos, y lo dejaron con el convencimiento de que hará todo lo posible para mover a los posibilistas a ceder.

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También hemos recibido una carta de Liebk{necht} en la que se compromete a contribuir a la reconciliación, siempre que los posibilistas acepten sin reservas las resoluciones de La Haya antes del 20 de abril. Espero otra igual de Bebel, y luego haremos uso de ellas. En ellas se dice que en ningún caso cederemos ni un milímetro en los dos puntos principales.

Hyndman dijo que los posibilistas temían ser puestos en la puerta por un congreso exclusivamente propio; ¡hinc illae lacrimae!

De este modo desbaratamos la intriga de Bruselas: damos a entender desde el principio que no es posible negociación alguna. O los posibilistas aceptan, y entonces obtendremos sobre ellos la victoria más completa, habremos minado su posición, los habremos llevado a tener que tragarse su orgullo, y su pretensión de ser el único partido socialista francés exclusivo y reconocido quedará aniquilada para siempre; vosotros tenéis todo lo que necesitáis, y el congreso hará el resto si, como nos dice Bonnier, podéis inundarlo con delegados de provincias. O bien se niegan, y entonces tendremos la ventaja de haber hecho ante el mundo todo lo posible por la reconciliación; tendremos de nuestra parte a todos los indecisos y haremos, pese a Liebk{necht}, el congreso en otoño en París, pues entonces ya no habrá más dilaciones por ninguna parte.

Os envío dos periódicos con artículos sobre el congreso, por los que veréis cuán activos estamos.

Sin embargo, mejor que todo lo demás sería que ahora lográramos arruinar a la banda mediante su propio congreso.

¡Liebk{necht} se imaginaba que podría atar a los posibilistas a sí mismo, a pesar de Brousse, contra Brousse y por encima de Brousse! ¡La idea de dominar el mundo, con Borsdorf como capital!

¡Dele un abrazo a Laura! ¿Cómo está? ¿No estará enferma?

Con la mayor amistad, suyo  
"EB,

Del francés.

1 Véase el presente volumen, págs. 180/181 — ? ¡de ahí esas lágrimas! — hs. de mano