en Le Perreux

Londres, 27 de marzo de 89.
Mi querido Lafargue:

Usted sabe lo que dice Hegel: todo lo que se ha echado a perder, se ha echado a perder por buenas razones. Y vuestros parisinos se están tomando el mayor empeño en demostrarlo.

La situación es ésta:

Después de que desapareciera el "Socialiste", vuestro partido se esfumó de la escena internacional. Abdicasteis, estabais muertos para los demás partidos socialistas del extranjero. De ello tuvieron única y exclusivamente la culpa vuestros obreros, que no quisieron leer ni apoyar uno de los mejores órganos que jamás haya tenido el partido. Pero, tras haber arruinado vuestro órgano de enlace con los demás socialistas, inevitablemente tendrán que sentir las consecuencias naturales de su manera de proceder.

Los posibilistas, dueños únicos del campo de batalla, han explotado la situación que vosotros les habéis creado; han encontrado amigos —bruselenses y londinenses— con cuya ayuda se presentan ante el mundo como los únicos representantes de los socialistas franceses. Han logrado ganar para su congreso a los daneses, a los holandeses y a los flamencos; y usted sabe el trabajo que nos ha costado anular los éxitos por ellos alcanzados.

Ahora los alemanes os ofrecen la ocasión no sólo de volver a pisar la escena con brillantez, sino de ser reconocidos por todos los partidos organizados de Europa como los únicos socialistas franceses con los que quieren fraternizar. Se os brinda la oportunidad de borrar de un solo golpe las consecuencias de todos los errores, de todas las derrotas sufridas, de recuperar la posición que merecéis por vuestro nivel teórico, pero que habéis comprometido con vuestra falsa táctica; se os propone un congreso al que acudirán todos los partidos obreros auténticos, incluso los belgas; se os brinda la posibilidad de aislar a los posibilistas, de modo que tengan que limitarse a un

congreso falso; en una palabra, se os ofrece mucho más de lo que, vista la situación creada por vosotros mismos, cabía esperar. Y vosotros, ¿os agarráis acaso al ofrecimiento con las dos manos? Ni mucho menos, os portáis como un niño malcriado, regateáis, pedís más, y cuando por fin se logra moveros a aceptar lo que todos han acordado, venís con nuevas exigencias que ponen en peligro todo lo que se ha alcanzado para vosotros.

Para vosotros lo único importante es que se celebre un congreso —y precisamente en París— en el que se os reconozca a vosotros, por parte de todos, como el único partido socialista francés que tiene validez internacional, y que —en contraste con él— el congreso de los posibilistas resulte ser un congreso falso, pese a todo el aparato que puedan proporcionarle el 14 de julio y los fondos secretos. Todo lo demás es secundario, y aún menos que secundario. Para poneros de nuevo sobre los pies, vuestro congreso tiene que celebrarse, y es por completo indiferente que a los ojos del público burgués ello sea un fracaso. Para recuperar vuestra posición en Francia necesitáis, en primerísimo término, el reconocimiento internacional y la condena internacional de los posibilistas. ¡Os lo ofrecen, y os ponéis a refunfuñar!

Ya le he dicho antes que, en mi opinión, para el efecto en Francia sería mejor la fecha propuesta por vosotros. Pero eso había que haberlo planteado entonces en La Haya. No es culpa de los demás si usted, en el momento decisivo, se fue a un cuarto de al lado y todo se desarrolló sin usted. Le expuse a Bebel sus argumentos con toda escrupulosidad y le rogué que los ponderase seriamente; pero tuve que añadir que, en mi opinión, la convocatoria del congreso tiene que quedar asegurada, cualquiera que sea la fecha, y que cualquier paso que pudiera poner en peligro esa convocatoria sería falso. No olvide usted que, si volvemos a abrir la cuestión de la fecha, nos perderemos en discusiones y querellas interminables y probablemente a finales de octubre todos los votos se habrán reunido en favor del 14 de julio —si es que se llega a un acuerdo sobre alguna fecha nueva, sin una conferencia nueva que ciertamente jamás tendrá lugar.

Y luego me escribe usted con auténtica ingenuidad parisina: ¡Se espera con impaciencia la fijación de la fecha para el congreso internacional! ¡Pero si la fecha estaba fijada para finales de septiembre, y ese mismo "se" (el que "espera", etc.) —ese mismo "se" quiere modificar esa fecha y abrir un nuevo debate! ¡"Se" tendrá que esperar hasta que los demás hayan tomado conocimiento de las nuevas

propuestas de ese mismo "se", las hayan debatido y alcanzado un acuerdo, si es que tal acuerdo es en absoluto posible!

"Se espera también el proyecto de los belgas." Pero si son precisamente los belgas los que protestarán, todos han tomado el acuerdo de protestar juntos. Esa protesta, verosímilmente, ya estaría en camino si vosotros no hubierais vuelto a ponerlo todo en cuestión con la exigencia de cambiar la fecha. Y mientras no se haya llegado a un acuerdo al respecto, no ocurrirá nada.

Aceptad, pues, lo que se os ofrece: el punto uno es, en todo caso, la victoria sobre los posibilistas. No pongáis en peligro la reunión del congreso, no deis a los bruselenses ningún pretexto para zafarse del asunto, para buscar escapatorias e intrigar; no volváis a enmarañar todo lo que se ha alcanzado para vosotros. No podéis tener todo lo que deseáis, pero podéis alcanzar la victoria. No llevéis a los alemanes, que todo lo hacen por vosotros, hasta el extremo de que tengan que abandonar la esperanza de una acción común con vosotros. Retirad vuestra exigencia de modificar la fecha, obrad como hombres y no como niños malcriados que quieren comerse el pastel y conservarlo; de lo contrario, me temo que no habrá ningún congreso y los posibilistas se reirán de vosotros, y con razón.

Afectuosamente vuestro,
F. Engels

No he escrito a Bebel que vosotros rechazáis; objetará que finalmente lo aceptáis todo, pero volviendo a ponerlo en cuestión.
No he encontrado a Bernstein, de modo que no podré enviarle las direcciones suizas hasta mañana.
¡Nuestro panfleto empieza a surtir efecto aquí.