en Viena

Londres, 20 de febrero de 1889

Querido Kautsky:

Te devuelvo en este mismo correo los artículos para la «Neue Zeit» I, con anotaciones marginales apresuradas. El defecto principal es la falta de buen material: los tan idolatrados por el filisteo Taine y Tocqueville no bastan aquí. Si hubieras hecho el trabajo aquí, ¡qué material tan distinto habrías encontrado! — mejor material de segunda mano y masas de primera mano. Aparte de que la mejor obra sobre los campesinos, la de Karejew, está en ruso. Pero puedes conseguir allí:

Moreau de Jonnès, «État économique et social de la France depuis Henri IV jusqu’à Louis XIV», París 1867; lo leerás con provecho.

Sección II, p. 3. Aquí falta una exposición clara de cómo la monarquía absoluta surge como compromiso natural entre la nobleza y la burguesía, y de cómo, por consiguiente, tiene que proteger intereses y distribuir muestras de favor hacia ambos lados. En ello le corresponde a la nobleza — retirada políticamente — el saqueo de los campesinos, el del erario público y la influencia política indirecta a través de la corte, el ejército, la iglesia y la alta administración; a la burguesía, la protección mediante aranceles, monopolios y una administración y una jurisdicción relativamente ordenadas. Si empiezas por ahí, muchas cosas resultarán más claras y fáciles.

En esta sección falta también una mención de la nobleza de toga (noblesse de robe) y de los togados — la robe — en general, que de hecho formaban también un estamento privilegiado y poseían en los parlamentos un gran poder; frente a la corona, en su capacidad política, actuaban como defensores de las instituciones que limitaban a la corona, es decir, representaban el lado popular, pero en su capacidad judicial eran la corrupción misma (cf. las «Mémoires» de Beaumarchais). Lo que dices más tarde sobre esa pandilla no es suficiente.

III. p. 49. Cf. la nota I de Karejew, que adjunto. 1168

p. 50. «este tipo de burgueses» se transforma de repente en «el» burgués por excelencia, lo que contradice en pleno rostro la fragmentación de la clase ciudadana de la que se habla. En general, generalizas demasiado, y por eso a menudo te vuelves absoluto allí donde está indicada la máxima relatividad.

IV. p. 54. Aquí habría que mencionar, al menos aproximadamente, cómo estos plebeyos, situados fuera del orden estamental, por tanto relativamente carentes de derechos y proscritos, llegaron solo paulatinamente en la Revolución a aquello que tú llamas «sansculottismo» (¡otro ismo!), qué papel desempeñaron. Entonces superarás las dificultades que en la p. 53 bombardeas con expresiones imprecisas y alusiones misteriosas sobre nuevos modos de producción. Entonces se vuelve sencillo: que la burguesía aquí, como siempre, fue demasiado cobarde para defender sus propios intereses; que, desde la Bastilla, la plebe tuvo que hacer todo el trabajo por ella; que sin su intervención — 14 de julio, 5-6 de octubre hasta el 10 de agosto, 2 de septiembre, etc. — la burguesía habría sucumbido siempre al ancien régime, la coalición, en alianza con la corte, habría aplastado la revolución, y que solo esos plebeyos llevaron a cabo la revolución!!#); que esto no fue posible, sin embargo, sin que esos plebeyos infundieran a las exigencias revolucionarias de la burguesía un sentido que no tenían, llevaran la igualdad y la fraternidad a consecuencias extremas que pusieran totalmente patas arriba el sentido burgués de estas consignas, porque este sentido, empujado al extremo, se convertía precisamente en su contrario; que esta igualdad y fraternidad plebeyas debían ser un puro sueño en una época en que se trataba de producir precisamente lo contrario, y que, como siempre — ironía de la historia —, esta versión plebeya de las consignas revolucionarias se convirtió en la palanca más poderosa para imponer ese contrario: la igualdad burguesa — ante la ley — y la fraternidad — en la explotación.

Hablaría mucho menos del nuevo modo de producción. Cada vez lo separa de los hechos de los que hablas una distancia altísima como una montaña, y de manera tan inmediata aparece como pura abstracción, que no esclarece la cosa sino que más bien la oscurece.

En lo que atañe al Terror, fue esencialmente una medida de guerra mientras tuvo un sentido. La clase, o el grupo de fracciones de clase, que era la única que podía asegurar la victoria de la Revolución, se mantuvo así no solo en el timón (eso era lo de menos, una vez vencidas las insurrecciones), sino que se aseguró a sí misma libertad de movimientos, elbow-room, posibilidad de concentrar las fuerzas en el punto decisivo, la frontera. A fines de 1793 esta ya estaba bastante asegurada, 1794 empezó bien, los ejércitos franceses progresaban casi por doquier. La Comuna!!#! con su tendencia extrema se volvió superflua; su propagandismo de la Revolución se convirtió en un obstáculo tanto para Robespierre como para Danton, que querían la paz, pero cada uno a su modo. En este conflicto de tres elementos triunfó Robespierre, pero ahora, para él, el Terror se convirtió en medio de autoconservación y con ello en absurdo: el 26 de junio, en Fleurus!!”!!, Jourdan puso a los pies de la república toda Bélgica; con ello el Terror se hizo insostenible; el 27 de julio cayó Robespierre y comenzó la orgía burguesa.

«Bienestar para todos sobre la base del trabajo»: no formules tampoco de manera demasiado determinada las aspiraciones de la fraternité plebeya de entonces. Lo que querían no lo pudo decir nadie hasta mucho después de la caída de la Comuna, cuando Babeuf dio a la cosa una forma determinada. Si la Comuna, con sus aspiraciones de fraternidad, llegó demasiado pronto, Babeuf llegó a su vez demasiado tarde.

p. 100. Mendigos — v. nota II de Karejew.

La sección sobre los campesinos es la que más adolece de falta total de fuentes, salvo las más ordinarias. —

Los ajustes de cuentas con Ranke!!”2! ¡son buenos! Lástima que no hayas utilizado en el caso de Sybel ?! los contraescritos austriacos; de ellos habría aún mucho que sacar sobre la segunda partición de Polonia!!7#! etc., y como están basados en archivos, son utilizables sin reservas hasta ese punto.

En cuanto a Rudolf! ee, la historia prueba que también en él la lascivia feudal, cuando el príncipe y su familia honran a las mujeres de los súbditos otorgándoles la gracia carnal, debe ceder el paso a la lascivia burguesa, en la que el dispensador de gracias tiene que rendir cuentas al marido de la agraciada, o a su hermano, etc., en el duelo o en el divorce court?.

Saluda cordialmente a Louise, lo mismo a Frankel, Adler, etc. ¿Qué hace Bardorf? No se oye nada más de él.

Hyndman, por medio de Bax, hace intentos de cebar a Ede para entrar en una alianza con él y con los posibilistas!!”!. El burro ese se imagina que entre nosotros todo funciona como aquí, en la camarilla literaria, donde se tejen y rompen alianzas a voluntad, precisamente porque no se tiene a nadie detrás.

¿Cómo te gusta la novela de la «Égalité» sobre Rudolf?

Tuyo
FE.

Nota I. Cuarto estado.

La idea de un cuarto estado junto al I, II, III aparece muy temprano en la Revolución. Ya al principio apareció Dufourny de Villiers, «Cahier du 4e ordre, celui des pauvres journaliers, des infirmes, des indigents etc., l’ordre des infortunés — 25 avril 1789». Pero la mayoría de las veces se entiende por 4º estado al campesino: por ej. Noilliac, «Le plus fort des pamphlets. L’ordre des paysans aux États-généraux. 26 février 1789», p. 9: «Prenons de la constitution suédoise les quatre ordres»². — Vartout, «Lettre d’un paysan à son curé, sur une nouvelle manière de tenir les États-généraux», Sartrouville 1789, p. 7: «J’avons entendu dire que dans un pays qui est au Nord … on admettait aux États assemblés l’ordre des paysans.»³ — También aparecen algunas otras interpretaciones del 4º estado: un folleto quiere que el 4º estado sea el de los forzados, otro el de los magistrados, etc.

Según Karejew, «Los campesinos y la cuestión campesina en Francia en el último cuarto del siglo XVIII», Moscú 1879, p. ?

Nota II. Mendigos.

«Es significativo que el número de los mendigos (indigents, pauvres) fuese mayor con mucho en las provincias que pasaban por las más fértiles; esto se debía a que en esas comarcas había muy pocos campesinos propietarios de tierras.

Pero dejemos hablar a las cifras. En Argentré (Bretaña), de 2.300 habitantes que no viven de la industria ni del comercio, más de la mitad se las arregla a duras penas y más de 500 personas han quedado reducidas a la mendicidad. En Dainville (Artois), por 130 familias hay 60 que están empobrecidas. Normandía: en Saint-Patrice, de 1.500 habitantes viven 400, en Saint-Laurent, de 500 habitantes tres cuartas partes viven de limosnas (Taine). Por los Cahiers⁵ de la bailliage de Douai sabemos que, por ej., en un pueblo de 332 familias la mitad vive de la limosna (parroquia de Bouvignies), en un segundo, por 143 familias hay 65 empobrecidas (parroquia de Aix), en un tercero, de 413 alrededor de un centenar completamente empobrecidas (parroquia de Landus), etc. En la sénéchaussée de Puy-en-Velay, según palabras del cahier del clero de allí, de 120.000 habitantes 58.897 están fuera de estado de pagar impuesto alguno de ninguna clase («Archives Parlementaires de 1787 à 1860», vol. V, p. 467). En las aldeas del distrito de Carhaix la situación era la siguiente: Frerogan: 10 familias acomodadas (dostatočnyi, que tienen lo suficiente), 10 empobrecidas, 10 mendigas. Motref: 47 familias con recursos, 74 en situación menos desahogada, 64 pobres y jornaleros. — Paule: 200 explotaciones, a la mayor parte de las cuales les corresponde de derecho el nombre de posadas de mendigos. (Archives Nationales, BA, IV, 17). — El cahier de la parroquia de Marbeuf se queja de que de 500 habitantes de ella unos 100 son mendigos (Boivin-Champeaux, «Notice historique sur la Révolution dans le département de l’Eure», 1872, p. 83). Los campesinos de la aldea de Harville dicen que, por falta de trabajo, un tercio completo de ellos se encuentra en la mendicidad. (Requête des habitants de la Commune d’Harville, Archives Nationales.)

En las ciudades no era mejor. En Lyon, en 1787, 30.000 obreros estaban pauperizados. En París, sobre 650.000 habitantes se contaban 118.784 indigents (Taine I. 507). En Rennes, 1/3 de los habitantes vivía de limosnas, y otro 1/3 estaba en peligro constante de pauperización (Duchatellier, «L’agriculture en Bretagne», París 1863, p. 178). La pequeña ciudad jurásica de Lons-le-Saunier estaba tan pauperizada que, cuando la Constituante!!”⁸! introdujo el censo electoral, entre 6.518 habitantes solo 728 pudieron ser inscritos como ciudadanos activos (Sommier, «Histoire de la révolution dans le Jura», París 1846, p. 33). Es comprensible que en la época de la Revolución las gentes que vivían de la limosna se contaran por millones. Así, un folleto clerical de 1791 dice que en Francia hay 6 millones de pobres (indigents) («Avis aux Pauvres sur la révolution présente et sur les biens du clergé», p. 15), lo cual es un poco exagerado; pero la cifra dada para el año 1774 de 1.200.000 pobres tal vez no esté por debajo de la real (Duval, «Cahiers de la Marche», París 1873, 116).»

(He pensado que un par de ejemplos reales te serán gratos.)

Karejew, pp. 211-13.

(Te ruego disculpes el tono lacónico de mis notas por la brevedad del tiempo y la escasez del papel. Tampoco tuve tiempo de cotejar fuentes, tuve que hacerlo todo de memoria — de ahí que algunas cosas no estén tan precisas como yo quisiera.)