en Le Perreux

Mi querida Laura, Londres, 4 de febr. de 89

La noticia sobre la «Egalité» (nombre divertido, ¡esperemos que no igualité devant la mort!³) es realmente una buena noticia, y espero con impaciencia los resultados. Que se hiciera entrar en razón a los blanquistas, en lo que respecta a la medida de su capacidad periodística, era bastante claro — pero que este intento necesario devoraría el capital de explotación requerido para un periódico, era aún más claro. De modo que es bueno que haya aparecido otro bailleur de fonds² emprendedor. Que los nuestros pueden llevar un periódico al éxito, lo han demostrado con el «Citoyen» y el «Cri». En ambos casos, otros perturbadores intentaron sacar capital del éxito de los nuestros, y con ello naufragaron. Y la composición del comité es favorable para los nuestros, los blanquistas les aseguran en las cuestiones económicas la mayoría, y los partidarios de Hovelacque ayudarán a refrenar las alocadas opiniones de los blanquistas. Pero ¿cuánto tiempo se mantendrán unidos estos diversos elementos? En cualquier caso, esperemos a que todo esté en orden.

En la elección de Boulanger no puedo ver más que un claro resurgimiento del elemento bonapartista en el carácter parisino. En los años 1799*, 1848 y 1889, este resurgimiento surgió cada vez del descontento con la república burguesa, pero esta orientación específica —llamada a un salvador de la sociedad— la recibió exclusivamente a consecuencia de una corriente chovinista. Y lo que es aún peor: en 1799*, Napoleón tuvo que dar un golpe de Estado para conquistar a aquellos parisinos a los que había fusilado en Vendimiario; en 1889, los parisinos eligen por sí mismos a un carnicero de la Comuna. Por decirlo suavemente, París, al menos provisionalmente, ha abdicado como ciudad revolucionaria; ha abdicado no ante un golpe de Estado victorioso y en plena guerra, como en 1799*; no seis meses después de una derrota aniquiladora, como en diciembre de 1848, sino en plena paz, 18 años después de la Comuna y en vísperas de una posible revolución. Y cuando Bebel dice en la «Gleichheit» de Viena: «los obreros parisinos se han comportado, en su mayoría, sencillamente de manera miserable; con su conciencia socialista y de clase debe andar muy tristemente si sólo 17.000 votos recaen sobre un candidato socialista y un bufón y demagogo como Boulanger obtiene 244.000 votos»⁴ — nadie puede decir que no tenga razón. El efecto sobre nuestro partido fue en todas partes el siguiente: si Floquet ha sufrido una derrota aniquiladora, también nosotros. Cortarse la nariz para fastidiarse la propia cara es, sin duda, también una especie de política, pero ¿de qué clase?

Ahora bien, Boulanger está seguro de ser el amo de Francia, a menos que cometa una archinecedad, y entonces los parisinos se hartarán de él. Si la cosa sale sin guerra, ya se habrá conseguido algo; pero el peligro es grande. Bismarck tiene todos los motivos para armar rápidamente un conflicto, pues Guillermo II⁵ hace todo lo posible para arruinar el ejército alemán, colocando a sus favoritos en lugar de los viejos generales, y si se le deja seguir, dentro de cinco años los alemanes serán mandados sólo por mentecatos y asnos engreídos. Y cómo Boulanger, una vez llegado al poder, pretende superar las consecuencias de un desencanto general que forzosamente ha de provocar, sin una guerra, es más de lo que yo puedo imaginarme.

En todo este desorden, es sólo un débil consuelo que los posibilistas se hayan arruinado un poco antes de lo que lo habrían hecho de todos modos. Pero ya que así es, alegrémonos. Te envío dos números del «Recht voor Allen», de los cuales verás cómo son tratados por la misma mesa que había exigido su presencia en el congreso. Bernstein se lo ha dado también esta semana en el «Sozialdemokrat», y hasta Hyndman no tiene valor para salir en su defensa en la «Justice». Para vengarse, escribe en una carta a Bax que Paul ha trabajado para Boulanger. Paul podría escribir a Bax (5, Canning Road, Croydon) y preguntarle qué ha dicho él, Bax, al respecto en la oficina del «Sozialdemokrat» —cosa que ayer me repitió Joos (uno de los que están allí). Tanto más me alegraría, pues también Bax estuvo ayer aquí y no me dijo ni una palabra; salió a relucir después de haberse ido. Puede decir a Bax que yo se lo conté así.

Ahora espero que salga el nuevo periódico; tenemos que tomar la situación tal como es y sacar lo mejor de ella. Si Paul vuelve a trabajar en un periódico, se armará para la lucha y ya no dirá desesperado: il n’y a pas à aller contre le courant. Nadie le exige a él que detenga la corriente, pero si nosotros no nos volvemos contra la corriente general de la necedad momentánea, ¿qué demonios es entonces nuestra tarea? Los habitantes de la Ville lumière han demostrado que son 2 millones, «en su mayoría imbéciles», como dice Carlyle; pero eso no es razón para que también nosotros seamos imbéciles. Deja que los parisinos se vuelvan reaccionarios, si no pueden ser felices de otro modo; la revolución social seguirá marchando a su pesar, y cuando esté consumada, podrán exclamar: ¡Ah tiens! c’est fait — et sans nous — qui l’aurait imaginé!¹⁰

Con cordiales saludos de Nim,
siempre tuyo
F. E.

¿Acaso no necesita Paul dinero?

² Financiero (Jules Roques).
³ Igualdad ante la muerte.
* En el manuscrito: 1798.
⁴ La cita en el manuscrito, en alemán. — ? Guillermo II.
¹⁰ Está consumado — y sin nosotros — ¡quién lo hubiera imaginado!