en Viena

Londres, 28 de enero de 1889

Querido Kautsky,

Hoy tengo que hacerte una propuesta que cuenta con la aprobación de Eis Ginas! y de Tussy.

Preveo que, en el mejor de los casos, tendré que seguir cuidándome la vista durante mucho tiempo para que se restablezca. Con ello queda excluida, al menos por años, la posibilidad de que yo mismo dicte a alguien el manuscrito del libro IV de «El Capital».

Por otra parte, debo pensar en que no sólo éste, sino también los demás manuscritos de Marx sigan siendo utilizables incluso sin mí. Esto sólo es posible si adiestro en esta escritura jeroglífica a personas que, en caso de necesidad, puedan ocupar mi lugar y, en todo caso, auxiliarme entretanto en la publicación. Y para ello sólo puedo contar contigo y con Ede. Te propongo, pues, ante todo, que lo hagamos los tres.

Pero ahora el libro IV es lo primero que hay que abordar, y Ede está demasiado absorbido por la redacción del «Sozialdemokrat» y por las muchas distracciones y camarillas vinculadas al negocio de aquí. Pero creo que tú tienes tiempo libre suficiente para, con algún adiestramiento y práctica y con ayuda de tu mujer, trasladar las aproximadamente 750 páginas del original (del que probablemente se eliminará una buena parte por estar contenida en el libro III) a un manuscrito legible en el curso de, digamos, dos años. En cuanto puedas leer medianamente la letra, podrás dictarle a tu mujer, y entonces irá rápido.

Ahora calculo así: Si, como antes, pudiera dictarle a Eisengarten 5 horas diarias, me llevaría —contando las interrupciones— alrededor de un año. Por ello tendría que pagarle a Eisengarten £ 2 por semana = £ 100. Esta suma me costaría, pues, en todo caso, y si quieres encargarte del trabajo a cambio de ella, te la pago a ti. Repartida en 2 años, sería un subsidio de £ 50 por año; si va más rápido, el subsidio se hará líquido en menos tiempo. Aquí pensamos que quizá, en estas circunstancias, no tendréis inconveniente en volver. Propondría adelantarte el dinero en plazos trimestrales de £ 12.10, pues como al principio se avanzará despacio y luego más deprisa, sería un absurdo querer medirlo de antemano por el trabajo terminado.

Ede arde también en deseos de ser iniciado en los jeroglíficos; ya tengo otros manuscritos para él y lo adiestraré igualmente, pero le he dicho, por supuesto, que sólo puedo pagar a uno, y él está muy de acuerdo.

Se trata también, en última instancia, de hacer más adelante —lo que quizá no sea posible en vida mía— ediciones completas de los trabajos de Marx y míos, y precisamente para este punto quiero tomar aquí las debidas precauciones. También he hablado de esto a Tussy, y de su parte sólo cabe esperar toda la ayuda posible. En cuanto os haya puesto a ambos en condiciones de leer bien la letra de Marx, me quitaré una grave preocupación de encima, y podré mientras tanto cuidar la vista sin desatender un deber esencial, pues entonces los manuscritos dejarán de ser, al menos para dos personas, un libro de siete sellos.

Hasta ahora, aparte de Lenchen, sólo Ede y los Aveling conocen mi plan, y si tú accedes, nadie fuera de vosotros necesita saber los detalles del asunto. Para Louise quizá se encuentre también una actividad que le agrade.

Meditad, pues, el asunto, y si aceptáis, venid aquí lo antes posible. Los muebles de Schlüter los conseguiríais baratos y al mismo tiempo una vivienda bonita, al menos provisional. Louise querrá probablemente terminar primero su curso y exámenes; vosotros podréis juzgar mejor que nosotros aquí cómo se puede compaginar.

La elección de Boulanger lleva la situación en Francia a una crisis. Los radicales, en su prisa por llegar al gobierno, se han hecho siervos del oportunismo y de la corrupción y con ello han fomentado formalmente el boulangismo. Pero no es un buen síntoma para París el que, de pura rabia por ello, se haya arrojado en brazos de un bonapartismo apenas disfrazado. Por hoy no puedo ver en ello más que París renuncia a su misión revolucionaria tradicional. Afortunadamente la provincia está mejor. Lo peor es que el peligro de guerra crece considerablemente, y que Bismarck puede tener la guerra cuando quiera. Sólo necesita instigar alguna torpeza —Boulanger no puede encajarla como Ferry.

Saluda cordialmente a Louise de parte de Nim y mía.

Tuyo

F.E.

Saluda de mi parte a mis fieles felicitantes de Año Nuevo, y especialmente a Frankel. Parece que allí estáis entrando otra vez bien en faena.

76 - Engels a Hermann Schlüter

en Londres

[Londres] 31 de enero de 1889

Querido Schlüter,

Había esperado veros a ti y a tu mujer ayer en mi casa. ¿Ha venido la señora de Bernstein? Si es así, espero verla a ella y a vosotros una tarde en casa, a más tardar el domingo.

Con los mejores saludos.

Tuyo

F. Engels

77 - Engels a Laura Lafargue

en Le Perreux

Mi querida Laura, Londres, 4 de febrero de 1889

La noticia de la «Egalité» (nombre curioso, ¡esperemos que no igualdad ante la muerte!) es realmente una buena noticia, y estoy ansioso por ver los resultados. Que los blanquistas entraran en razón en lo que respecta a la medida de su capacidad periodística era bastante claro; pero que este necesario intento devoraría el capital de explotación necesario para un periódico era aún más claro. Así que está bien que haya aparecido otro financiador con espíritu emprendedor. Que nuestra gente puede llevar un periódico al éxito lo han demostrado con el «Citoyen» y con el «Cri». En ambos casos, otros aguafiestas intentaron sacar capital del éxito de los nuestros y naufragaron. Y la composición del comité es favorable para los nuestros; los blanquistas les aseguran la mayoría en las cuestiones económicas, y los partidarios de Hovelacque ayudarán a refrenar las descabelladas opiniones de los blanquistas. Pero ¿cuánto tiempo permanecerán unidos estos distintos elementos? En todo caso, esperemos a que todo esté en orden.

En la elección de Boulanger no puedo ver más que un claro resurgimiento del elemento bonapartista en el carácter parisino. En los años 1799, 1848 y 1889, este resurgimiento brotó cada vez del descontento con la república burguesa, pero esta orientación específica —la llamada a un salvador de la sociedad— la recibió exclusivamente a consecuencia de una corriente chovinista. Y lo que es aún peor: en 1799, Napoleón tuvo que dar un golpe de Estado para conquistar a aquellos parisinos a los que había fusilado en Vendimiario; en 1889, los parisinos eligen por sí mismos a un carnicero de la Comuna. Por decirlo suavemente, París ha abdicado, al menos provisionalmente, como ciudad revolucionaria; ha abdicado no ante un golpe de Estado victorioso y en plena guerra, como en 1799; no seis meses después de una derrota aniquiladora, como en diciembre de 1848, sino en plena paz, 18 años después de la Comuna y en vísperas de una posible revolución. Y cuando Bebel dice en la «Gleichheit» de Viena: «los obreros parisinos se han comportado en su mayoría sencillamente de modo lamentable; su mentalidad socialista y consciente de clase debe de estar en un estado muy triste cuando sólo 17.000 votos recaen en un candidato socialista y un farsante y demagogo como Boulanger obtiene 244.000 votos»*, nadie puede decir que no tenga razón. El efecto sobre nuestro partido ha sido en todas partes el siguiente: si Floquet ha sufrido una derrota aniquiladora, también nosotros. Cortarse la nariz para fastidiarse la propia cara es sin duda también una forma de política, pero ¿qué clase de política?

Ahora bien, Boulanger está seguro de ser el dueño de Francia, a menos que cometa una tontería mayúscula y los parisinos se cansen de él. Si la cosa se resuelve sin guerra, ya se habrá conseguido algo; pero el peligro es grande. Bismarck tiene todas las razones para provocar rápidamente una disputa, pues Guillermo hace todo lo posible por arruinar al ejército alemán colocando a sus favoritos en el lugar de los viejos generales, y si se le deja seguir así, dentro de cinco años los alemanes estarán mandados por puros simplones y asnos engreídos. Y cómo Boulanger, una vez en el poder, va a superar las consecuencias de un desengaño general que forzosamente ha de provocar, sin una guerra, es más de lo que puedo imaginar.

En todo este embrollo, es sólo un débil consuelo que los posibilistas se hayan arruinado un poco antes de lo que de todos modos habrían hecho. Pero ya que es así, alegrémonos. Te envío dos números de «Recht voor Allen», por los que verás cómo son tratados por la misma gente que había exigido su presencia en el congreso. Bernstein también les ha contestado esta semana en el «Sozialdemokrat», y hasta Hyndman no tiene el valor de defenderlos en «Justice». Para vengarse, escribe en una carta a Bax que Paul ha trabajado para Boulanger. Paul podría escribir a Bax (5, Canning Road, Croydon) y preguntarle qué es lo que él, Bax, ha dicho al respecto en la oficina del «Sozialdemokrat», cosa que ayer me repitió Joos (uno de los que trabajan allí). Tanto más me alegraría, cuanto que también Bax ha estado ayer aquí y no me dijo una palabra al respecto; sólo se supo después de que se hubo marchado. Puede decirle a Bax que yo se lo he contado así.

Espero ahora que aparezca el nuevo periódico; tenemos que tomar la situación tal como es y sacar lo mejor de ella. Cuando Paul vuelva a trabajar en un periódico, se armará para la lucha y no dirá ya desesperado: no tiene sentido ir contra la corriente. Nadie le pide que detenga la corriente, pero si nosotros no nos enfrentamos a la corriente general de la locura momentánea, ¿qué demonios es entonces nuestra tarea? Los habitantes de la Ville Lumière han dado la prueba de que son 2 millones, «la mayoría unos mentecatos», como dice Carlyle, pero eso no es razón para que también nosotros seamos unos mentecatos. Deja que los parisinos se vuelvan reaccionarios, si no pueden ser felices de otro modo; la revolución social seguirá marchando a su pesar, y cuando se haya realizado, podrán exclamar: ¡Ah, vaya! está hecho... y sin nosotros... ¡quién lo hubiera imaginado!

Con cordiales saludos de Nim, siempre tuyo

F.E.

¿Es que Paul no necesita dinero?

78 - Engels a Karl Kautsky

en Viena

El manuscrito no corre ninguna prisa. Así que instalaos del modo que mejor os convenga. Yo estoy de momento plenamente ocupado con el libro III (aproximadamente 1/3 terminado hasta ahora). Hoy aparece en París «L’Egalité» como sucesora del «Cri du Peuple», diario; además de Vaillant y su fracción, Lafargue, Guesde, Deville, tal vez otros. Probablemente habrá que aceptar también a Malon. Todo lo demás en otra ocasión; hoy sólo quería despachar enseguida la cuestión principal que me has planteado. Saludos cordiales a Louise, también de parte de Nim.

Tuyo

F.E.

[Londres] 7 de febrero de 1889