en Berlín

Londres, 25 de octubre de 1888

Querido Bebel:

Te he enviado por medio de Schlüter «Der Hülferuf der deutschen Jugend» [El clamor de auxilio de la juventud alemana] con su continuación: «Die junge Generation» [La joven generación], la revista de Weitling de los años cuarenta. Lo otro lo tenía Schlüter y te lo ha enviado; las «Garantien» [Garantías], el «Evangelium des armen Sünders» [Evangelio del pobre pecador], etc.[2]

A mi juicio, es mejor mantener separadas las tres corrientes del movimiento alemán de los años cuarenta. Apenas se entrecruzan; en particular, el comunismo de Weitling[1] permaneció separado hasta extinguirse o hasta que sus partidarios se pasaron a nosotros —una fase que no está representada en la literatura. Para la historia del «socialismo verdadero»[414] (Heß en parte, Grün y una serie de otros literatos), el material del Archivo no es ni con mucho lo bastante completo, y además habría que utilizar los viejos manuscritos de Marx y míos, pero éstos no puedo, bajo ningún concepto, soltarlos de las manos. También hay cosas imprescindibles que sucedieron entre bastidores, sobre todo la enajenación entre Heß y nosotros, y que no puede comunicarse sin más en un par de líneas; para ello tendría que revisar yo mismo otra vez todos los viejos trastos. Por último, en lo que concierne a la tercera corriente —la nuestra—, su curso evolutivo sólo puede estudiarse asimismo en los viejos manuscritos, y la historia exterior la he expuesto en la Introducción al «Proceso de los comunistas»[2]. En cambio, el comunismo de Weitling es una cosa conclusa en sí misma y que ya está impresa.

Se me ocurre a este propósito que quizá necesites también el libro de Kuhlmann —la religión profética que sucedió a Weitling en Suiza y que atrajo a muchos de sus partidarios. Se me olvidó por completo dárselo a Schlüter.

Te adjunto una carta de Weitling a Heß (del Archivo). Fue la sesión del pequeño círculo de compañeros más íntimos en la que se produjo la ruptura entre Weitling y nosotros. (Esa misma sesión la ha descrito también el ruso Annenkov, que estaba presente; se publicó en la «Neue Zeit» hace algunos años.) El caso fue el siguiente: Heß había estado en Westfalia (Bielefeld, etc.), y dijo que la gente de allí —Lüning, Rempel y otros— quería aportar los medios para publicar nuestros escritos. Vino entonces Weitling y pretendió colocar allí de inmediato sus elaboraciones de sistemas utópicos y otras grandes obras (entre ellas una nueva gramática en la que el dativo quedaba abolido por ser invención de los aristócratas), cosas que nosotros, en ese preciso momento, teníamos que criticar y combatir si el plan se realizaba. La manera en que nuestros argumentos se reflejaban tergiversados en la cabeza de Weitling lo muestra la carta. En todas partes veía sólo envidia del pan, sólo el intento de reprimir su genio, de «separarlo de las fuentes de dinero». Pero en los números 5 y 6 de su resumen se pone de relieve con suficiente claridad la oposición de principios entre él y nosotros, y eso es lo principal.

En la pág. 3, líneas 10‑12: esto se refiere a que nosotros queríamos editar en alemán a los grandes utopistas en traducciones, con introducciones y notas críticas, frente a los informes charlatanescos de Lorenz von Stein, Grün[220] y otros. El desdichado Weitling no ve en ello más que una competencia injusta contra su sistema.

Pág. 3, al final: E. es Ewerbeck, en París.

Nota bene: al final resultó que Moisés[3] nos había ocultado lo principal, a saber: que los westfalianos sólo se habían ofrecido a prestar garantía por las posibles pérdidas de nuestras cosas en editoriales terceras; Moisés nos había hecho creer que ellos, los westfalianos, querían encargarse ellos mismos de la edición. Tan pronto supimos a qué atenernos, naturalmente lo interrumpimos todo de inmediato; no se nos pasó por la cabeza convertirnos en escritores con garantía westfaliana.

La historia de los Kautsky nos ha dejado a todos estupefactos. Louise se ha comportado en todo este asunto con un heroísmo poco común. Kautsky estaba completamente embriagado, pero se ha desengañado amargamente cuando su nuevo tesoro lo dejó plantado en cinco días y se prometió con su hermano Hans. Ahora quieren ambos esperar a ver qué sale; lo más curioso es que ahora Louise se queja de que todos seamos injustos con Karl. Le he escrito a Kautsky que ha sido la tontería más grande de su vida, y si Louise lo encuentra demasiado duro, ciertamente tendré que envainar la espada.

Estoy ahora en el tomo III de *El Capital*. Debo seguir cuidando mucho la vista, no escribir más de 2 horas al día y sólo con luz natural. Eso me obligará a recortar bastante la correspondencia.

Saludos a Singer.

Tuyo,
F. E.

[1] «Zur Geschichte des Bundes der Kommunisten» [Contribución a la historia de la Liga de los Comunistas] —* Karl Marx: «Enthüllungen über den Kommunisten-Prozeß zu Köln» [Revelaciones sobre el proceso de los comunistas en Colonia].

[2] Karl Marx: «Enthüllungen über den Kommunisten-Prozeß zu Köln».

[3] Moisés Heß.