en La Haya

122, Regent’s Park Road, N.W.
Londres, 23 de febrero de 1888

Querido amigo Nieuwenhuis:

Apenas recibí su carta, comuniqué su contenido a Kautsky, y creo que desde entonces él ha arreglado todo conforme a sus deseos.

Desde aquí puedo comunicarle, en general, noticias bastante buenas. Las diversas organizaciones socialistas han renunciado a forzar violentamente el curso natural, normal y, por tanto, necesariamente algo lento, del desarrollo de la clase obrera inglesa; de ahí que haya menos ruido, menos jactancia, pero también menos desengaños. Además, se llevan bien entre sí. De que las masas se pongan en movimiento se encargan la inconcebible estupidez del gobierno y la inquebrantable cobardía de la oposición liberal. ¡El asunto de Trafalgar Square² no solo ha llevado vida a los obreros; la miserable manera en que se han comportado los jefes de los liberales durante el mismo y después, empuja a los obreros radicales cada vez más hacia los socialistas, y tanto más cuanto que estos, precisamente en esta ocasión, se han comportado muy bien y han estado en todas partes en primera fila. Cunninghame-Graham es marxista declarado y en el mitin del lunes pasado³ exigió directamente la confiscación de todos los medios de producción por la nación. Así que también aquí estamos representados en el Parlamento.

La mejor prueba de cuánto se avanza aquí entre los obreros la suministran los clubes radicales⁴ de los obreros del East End. En ellos actuó primero el ejemplo de la campaña electoral de Nueva York de noviembre de 1886⁵; pues lo que hace América surte aquí más efecto que lo que hace todo el continente de Europa. El ejemplo de Nueva York hizo ver claro a la gente que, a fin de cuentas, lo mejor que podían hacer los obreros era formar un partido propio. Cuando regresaron los Aveling⁶, se apoderaron de este estado de ánimo y desde entonces han actuado muy activamente entre estos clubes —las únicas organizaciones políticas obreras de importancia que existen aquí. Tanto Aveling como su mujer pronuncian allí varias conferencias por semana y tienen allí gran influencia; son ahora, decididamente, los oradores más populares entre los obreros. Lo principal es, naturalmente, la separación de los clubes de la dependencia del gran Partido Liberal¹, la preparación de un partido obrero propio y la atracción paulatina de la gente hacia el socialismo consciente. En esto, como he dicho, nos ha apoyado enormemente la cobardía de los jefes liberales y también de la mayoría de los diputados liberales y radicales de Londres. Las personas que desde hace 3, 4 años han sido elegidas como representantes obreros, los Cremer, Howell, Potter, etc., están ya completamente desgastados. Si aquí se introdujera la segunda vuelta electoral, en lugar de que, como ahora, decida la mayoría relativa de la primera votación, el partido obrero estaría organizado en seis meses; con el sistema electoral actual, la formación de un nuevo, tercer partido, se ve muy dificultada. Pero eso ya llegará; mientras tanto, podemos consolarnos con que avanzamos en toda la línea.

Dentro de 8 a 14 días aparecerá una edición inglesa del Manifiesto Comunista, revisada por mí; se la enviaré a usted —hay gran demanda aquí de ella, lo cual es también una buena señal.

También habrá tenido usted su alegría por nuestra brillante victoria en el Reichstag de Berlín⁷. Bebel se ha superado a sí mismo. Estuvo en mi casa en otoño, y deseo que la cárcel le siente a usted tan bien como a él; dice que siempre se siente mucho mejor después (es nervioso, y en la cárcel se le calma la excitación nerviosa).

¿No vendrá usted otra vez por aquí el próximo verano?

Con los mejores saludos.

Suyo,
F. Engels

¹ gran Partido Liberal