en Borsdorf, cerca de Leipzig

Londres, 29 de noviembre de 1887

Estimada señora Liebknecht:

Mi más cordial agradecimiento por sus felicitaciones y las de Liebknecht con motivo de mi cumpleaños, que celebré ayer. Ayer se juntó todo: una obra de teatro adaptada del francés por Aveling fue representada a modo de ensayo esa misma noche en un local público; Tussy y Aveling actuaron ambos en ella y cosecharon grandes aplausos, y la obra también, que ha sido aceptada por una actriz popular y cuyo éxito está ahora bastante asegurado. Después, toda la compañía vino a mi casa; Lenchen había hecho buñuelos berlineses y bretzel, la señora Kautsky un strudel vienés, y después de las doce empezó el cumpleaños de Aveling, que también se celebró a la vez.

Percy seguramente los habría visitado a ustedes en Leipzig, pero solo estuvo en un brevísimo viaje de negocios en Dresde y Berlín y tuvo que regresar lo más rápido posible, porque su máquina de hacer ojales debía figurar aquí en una exposición que solo estuvo abierta hasta el sábado pasado. En Leipzig llegó en plena noche, tuvo que quedarse allí unas horas por haber perdido la conexión y marcharse a primera hora de la mañana hacia Dresde. De lo contrario no habría dejado de presentarle sus respetos.

En lo que respecta a la señora Schack, que yo sepa, en tres ocasiones distintas ha declarado corruptos a todos los diputados alemanes de nuestro partido, incluyendo expresamente en dos de ellas a Liebknecht y a Bebel. Después de haber hecho eso, me fue imposible volver a tener ningún trato con ella, aunque ella hubiera dado pasos en ese sentido, lo que en modo alguno ha sido el caso. Bebel ha tenido aquí ocasión de verla en su nuevo papel y no pareció en absoluto edificado al respecto. Liebknecht tuvo la misma oportunidad en San Galo, adonde ella tuvo la desvergüenza, para mí incomprensible, de acudir. Lo que allí le contó a él, naturalmente no lo sé, pero no puede alterar el hecho de que aquí se ha expresado sobre él de una manera que a mis ojos constituye una ruptura completa. Esa persona quiere representar un papel a toda costa, y si después de lo ocurrido Liebknecht le prestara ayuda de cualquier forma, directa o indirectamente, o ajustara su conducta conforme a la benévola interpretación que usted expone, se expondría al peligro de que sus envidiosos, de los que todos nosotros tenemos más que suficientes, buscasen tras ello otros motivos. Usted y Liebknecht, naturalmente, han de saber mejor cómo han de ajustar las cuentas con ella; yo estoy contento de haberme librado de ella.

Tussy no ha sufrido ningún daño particular en su conflicto con la autoridad pública, pero sí el abrigo y el sombrero, que han quedado irremisiblemente estropeados. Por lo demás, no fue ella la atacada, sino la atacante. Actualmente el alboroto ha pasado ya casi del todo; puede que todavía ocurra alguna pequeñez en Trafalgar Square, pero solo por diversión. El gobierno, sin embargo, se acordará de esto; si el viejo Disraeli supiera qué sucesores más rematadamente estúpidos tiene, se levantaría de la tumba y les zurraría las orejas a diestro y siniestro.

Yo me encuentro ya otra vez bastante tolerablemente, Lenchen también está bien. Ella y los Rosher, así como los Kautsky y los Aveling, les envían a usted y a su marido muchos saludos cordiales.

Con sincero saludo,

Suyo,  
F. Engels