en Königsberg

122, Regent’s Park Road, N.W.  
Londres, 26 de noviembre de 1887

Muy estimado señor doctor:

Me ha alegrado mucho volver a saber de usted, y que de las nieblas de Londres y del aire voluptuoso de París haya retornado felizmente a la atmósfera de la “razón pura”. De las singulares aventuras que se han vinculado a la llegada de su cajón de libros me había enterado por los periódicos, y creí verme trasladado nuevamente a los tiempos perdidos en que yo mismo vivía en Berlín, era colaborador ocasional de la «Hartungsche Zeitung» y todo estaba prohibido salvo el «limitado entendimiento de súbdito». Pero las cosas mejorarán todavía más.

Acerca de la carta de Heine no puedo decirle nada preciso y esclarecedor. Hasta 1848 Lassalle no fue en absoluto una figura política; sólo se le conocía por el proceso Hatzfeldt. Y en éste ambas partes recurrieron a todos los medios posibles, sin reparar en cuáles, con tal de que prometieran éxito, y pusieron en movimiento a todas las personas que parecían útiles, cuando y como se presentara la ocasión. Por otra parte, Heine se veía obligado, frente a la prohibición de la Dieta federal de todos sus escritos futuros, a emplear todos los medios de reclame para asegurarse una venta que de otro modo se le habría dado por sí sola. En esas circunstancias, Lassalle podía ser muy útil a Heine; por otra parte, le imponía con su energía, su falta de miramientos y su práctica del mundo, todas ellas cualidades que, tanto entonces como ahora, había que buscar con un candil entre la mayoría de los jóvenes alemanes.

Es, pues, muy probable que Lassalle también intentase utilizar a Heine en interés de la condesa, y la carta en cuestión se refiere sin duda a un asunto concerniente al proceso; con la mayor probabilidad, al cofrecillo. No sé con certeza si la Meyendorf estuvo en París a comienzos del 46, pero según el recuerdo que guardo de las negociaciones me lo parece. O bien el proceso del cofrecillo del 46 o bien el de Lassalle del 48 han de dar información al respecto (la «Kölnische Zeitung» es la mejor fuente). Si ella estaba en París, entonces se trató ciertamente de un intento sobre el cofrecillo. Entre Heine y yo nunca se habló de Lassalle; ni Marx ni yo lo conocíamos entonces.

Weiß, de allí, estuvo aquí conmigo; se ha ido a Berna a terminar sus estudios.

Hace catorce días también nosotros tuvimos aquí nuestro alboroto, en el que la señora Aveling llegó a las manos con la policía, aunque sin daño de consideración. Nuestro gobierno tory es de una estupidez que raya en lo de Puttkamer. Si el viejo Disraeli resucitara de la tumba, abofetearía a estos escolares a diestro y siniestro.

Por el artículo que me ha prometido le doy de antemano las gracias.

Hace poco me visitó Herkner, un señor muy sensato cuando se conversa así con él, y mucho más radical que su libro. Parecía interesarle mucho hacerme comprender que también Brentano, en realidad, en el fondo, no es tan manso como se presenta en sus libros. Sí, si los señores de las universidades alemanas tuvieran el coraje de sus opiniones, al menos estaríamos otra vez tan adelantados como en 1837 y 1840. Pero si entonces encontrarían oyentes, es, desde luego, la cuestión.

Por lo demás, aquí todo sigue la vieja rutina, sin que haya nada nuevo que contar.

Déjese oír otra vez, y si en algo puedo serle útil aquí, estoy gustoso a su disposición.

Con un saludo cordial,  
suyo,  
F. Engels