Eastbourne, 29 de agosto de 1887

Su carta, que Kautsky me ha remitido aquí, me pone en cierto aprieto. He leído con interés los extractos de su meritorio trabajo sobre la industria del espejo, publicados en la *Neue Zeit*, y en cuanto al fondo nada tendría que objetar a que usted me hiciera el honor de dedicarme el libro. Pero, en primer lugar, las dedicatorias han pasado ya bastante de moda, y, en segundo lugar, Marx y yo hemos sentido desde siempre cierta aversión a semejantes muestras de honor más o menos traídas por los pelos. Y justamente ahora me hallo en la misma disposición de ánimo en que me parece que mis méritos están siendo sobrestimados en gran medida por algunos. Cuando se ha tenido la dicha de trabajar durante cuarenta años con otro más grande y de poderse medir con él día tras día, se tiene ocasión de aprender a valorar las propias realizaciones en su justa medida. Y toda acentuación exagerada de mi actividad se me antoja involuntariamente como un descuento involuntario de aquello que todos nosotros debemos a Marx.

Tampoco puedo coincidir con usted cuando me llama el fundador de la economía descriptiva. Economía descriptiva la encuentra usted en Petty, Boisguillebert, Vauban, A. Smith y muchos otros. Descripciones, especialmente de las condiciones del proletariado, han sido hechas por franceses e ingleses antes que yo. Sólo tuve la fortuna de haber sido arrojado al centro de la gran industria moderna y de ser el primero que tuvo allí ojos abiertos para las conexiones —al menos las más superficiales—.

Así pues: personalmente preferiría que desistiera usted de su propósito, y ello únicamente por las razones arriba expuestas. Pero si con esto no queda usted convencido, no quiero imponerle prescripción alguna.

Con la mayor consideración y devoción,

Fr. Engels