en Mount Desert  

Eastbourne, 8 de agosto de 1887

Querido Sorge:

He recibido con agradecimiento las postales, cartas y envíos hasta el 27 de julio, a excepción de algunos periódicos que aún se encuentran en Londres y que se esperan de un día para otro. Llevamos aquí quince días y nos quedamos hasta aproximadamente el 25 del corriente. Hace un calor terrible, desde el 1 de junio casi ni una gota de lluvia; vamos, un verano americano. Para tu pierna no hay más remedio que reposo y paciencia; entonces, según espero, volverá a ponerse en orden, pero a nuestra edad esas cosas se alargan siempre condenadamente.

El tal Monsieur Grunzig ya verá cómo se las apaña para hilvanar una biografía mía; has hecho muy bien en dejar a ese hombre librado a sus propios recursos: quién sabe qué tonterías habría sacado de tus notas para luego apelar a ti.802) En el «Calendario Obrero Austríaco» aparecerá una biografía mía escrita por Kautsky, que he revisado, corregido y completado, de modo que, en lo tocante a los hechos, puede servir para eventuales casos posteriores; ya te la enviaré. Naturalmente, no soy responsable del resto del contenido.

La corrección del «Capital» I, 3.ª ed., he tenido que hacerla, durante mi enfermedad, casi siempre en la cama, por lo que se me han escapado algunas cosas. La puntuación ha sido modificada a propósito, acercándola a la francesa y a la inglesa, cosa que ahora se hace mucho en Alemania. En general, el viejo alemán escolar de nuestra juventud ya sólo se enseña y se escribe en América.

Aveling me ha dicho que él mismo te ha enviado el número de «Time». [7°] Pero si le puso un sello de medio penique de menos, el correo inglés escamotea los impresos enviados al extranjero. A mi regreso volveré a preguntar. — Aveling y Tussy están de vacaciones en Stratford-on-Avon, la patria de Shakespeare.

La historia con los Wischnewetzkys se vuelve cada vez más divertida. Una Ejecutiva semejante habría sido destituida hace ya tiempo en Alemania. Los individuos deben de creer que pueden permitírselo todo y que el partido irá con ellos a las duras y a las maduras, como recompensa por pretender de los americanos que se sometan a la comandancia de una sociedad alemana en la que la pura necedad parece ganar cada vez más la sartén. En cuanto los señores alemanes pongan esto como condición de su colaboración, el movimiento pasará pronto por encima de ellos.

Al fin, la cosa está en marcha entre vosotros, y mal conocería yo a mis americanos si no nos dejaran a todos asombrados por la grandiosidad de su movimiento, pero también por la enormidad de los desatinos que cometen y mediante los cuales acabarán abriéndose paso trabajosamente hasta la claridad. A la cabeza de todos en la práctica y todavía en pañales en la teoría: así es y no puede ser de otra manera. Pero se trata, además, de un país sin tradición (salvo la religiosa), que ha partido de la república democrática, y de un pueblo lleno de energía como ningún otro. La marcha del movimiento no seguirá en modo alguno la clásica línea recta, sino que avanzará en violento zigzag y parecerá a ratos retroceder, pero eso importa allí mucho menos que entre nosotros. Henry George fue un mal inevitable, pero ya se irá borrando, lo mismo que Powderly y, sobre todo, McGlynn, cuya popularidad momentánea es del todo comprensible en ese país piadoso. En otoño, muchas cosas allí —no diré que vayan a aclararse, pero sí que se enredarán cada vez más y se aproximarán a la crisis. Una verdadera suerte son las elecciones anuales de otoño, que una y otra vez empujan a las masas a la unificación.

Ciertamente, Mount Desert es muy bello, pero aquí tampoco hay que despreciarlo: grandes avenidas de viejos olmos y robles junto al mar, el acantilado calcáreo de Beachy Head justo al lado de la ciudad, que tiene un aspecto enteramente continental, con alamedas en las calles… ¡si al menos pudiera volver a andar 4 o 5 millas (inglesas)!

Hasta el 18 o 20 de agosto aproximadamente escribiré desde aquí aún a Mount Desert; después, a Rochester, a no ser que reciba otras instrucciones.

En «To-Day» de agosto, que te envío, hay algo sobre las circulares de Aveling que no carece de fundamento [!?!]. El muchacho se ha buscado él mismo toda su mala suerte, con su total desconocimiento del mundo, de los hombres y de los negocios, y su afición a las ensoñaciones poéticas. Pero yo lo he despabilado, y Tussy se encargará del resto. El muchacho es de mucho talento y aprovechable, además de completamente honrado, pero ¡gushing!¹ como una colegiala, y siempre le pican los dedos por hacer alguna tontería. En fin, aún recuerdo los tiempos en que yo era un asno semejante.

¹ entusiasta

En París, los nuestros se enfrentan ahora muy valientemente a los chovinistas y rusófilos, y sin ellos la «Justice» no se habría atrevido a atacar el culto a Katkov.! Esto es justamente ahora importante, pues Bismarck lo está poniendo todo en juego para azuzar a los franceses a una guerra, antes de que el viejo Wilhelm estire la pata.

Por lo demás, yo voy mejor y espero que tú también.

Tuyo,  
F. Engels