en Zúrich

Londres, 5 de mayo de 87

Querido Ede,

Eres el Hamlet más incorregible que existe. Sabes que Kautsky y yo nos mantenemos completamente al margen de los manejos locales alemanes de aquí, y que tenemos que hacerlo así si no queremos malgastar todo nuestro tiempo en esos lamentables chismorreos. Sabes que no tenemos en la asociación de aquí ni un solo hombre de confianza, porque todos se enmohecen en las más mezquinas camarillas. Así pues, si damos el menor paso en el asunto, llamará la atención, y la gente querrá saber dónde y cómo, y mañana ya se habrá ido de chisme por todos los clubes anarquistas. Si hubieras venido, habrías podido, mediante una visita y una arenga en el club, ponerte en situación de averiguarlo todo en 2 o 3 días, y sin llamar la atención. De modo que no solo nos has privado de una alegría al no venir, sino que además solo has cumplido a medias el propósito de tu viaje. Ahora solo podemos poner en movimiento al viejo L[eßner], y está tan oxidado que dará un pobre diplomático.

Acerca del asunto de Babeuf, no hay ni una palabra en los “Lundis” de Avenel ni en “An[archasis] Cloots”. — Aunque sí: pág. 42 y 94. — Te envío, pues, los “Lundis” certificados por correo. Te ruego pronta devolución, es decir, en unos 14 días, ya que no puedo prescindir fácilmente del libro para consultas. El libro principal, a saber, la “Conspiration de Babeuf” de Buonarroti, lo tenía también en traducción inglesa publicada por los cartistas, pero me lo han birlado, como tantas otras cosas; lo he vuelto a buscar minuciosamente, pero en vano.

Con respecto a los rusos, hay ahora un punto que destacar y que echo de menos por todas partes. Toda la reacción europea se indigna por el tiranicidio nihilista, y en especial por el uso de dinamita, y precisamente contra los revolucionarios rusos, y exige su extradición a Rusia, con cierto éxito incluso en América. Pero ¿qué hace el gobierno ruso? Hace secuestrar a Alex. Battenberg en Sofía, y si este no fue fusilado en el acto, se lo debe únicamente a su propia pusilanimidad. Hace cometer atentados en Bucarest contra prefectos búlgaros. Y, finalmente, hace unas 4 semanas hizo arrojar en Sofía una bomba de dinamita contra la casa del mayor Popoff, el comandante o lo que sea. Así pues, todo lo que el gobierno ruso reprocha a los nihilistas, y en base a lo cual exige su extradición como delincuentes comunes, lo hace él mismo por medio de sus notorios agentes en Bulgaria. Tenemos que exigir que, con respecto a estos procedimientos específicamente rusos, se mida a revolucionarios y gobierno con el mismo rasero. Esto se siente ya de manera bastante general, pero es importante que se diga, y en voz bien alta.

El asunto Schnäbele estaba evidentemente arreglado de antemano para sacar del apuro a Boulanger. La única que lo vio correctamente ya hace 14 días fue la madre Crawford, corresponsal parisina del “Daily News” y del “Weekly Dispatch”. El despacho de Bismarck lo confirma.

Que se os hostigue o no en Suiza depende únicamente del griterío bélico. Si se acalla, entonces el Consejo Federal cobra valor; si se intensifica, ¡ay de sus pantalones!

Entre nosotros. Cuando Schack vuelva a Suiza, será bueno no confiarle demasiado. Tiene un afán de acción superfluo, que no siempre se mueve en la dirección correcta. De un lado, frecuenta a los liberales de sus antiguas amistades; de otro, entre los obreros ingleses de aquí, escoge con preferencia a los anarquistas. Personalmente no tengo nada en contra de que se mueva en todos los círculos que le son simpáticos, y ella es personalmente muy simpática, despierta y divertida, pero el mero hecho de que precisamente ahora, cuando en la League se llegará a la crisis con los anarquistas (en Pentecostés, en la conferencia de delegados), prefiera el trato con ellos —tanto que los otros la llaman ya la anarquista condesa—, debemos tenerlo en cuenta. Pero esto queda enteramente entre nosotros; por lo demás, la tengo por una persona de todo punto inofensiva.

Aveling y Tussy hacen una agitación estupenda en East End, en los clubes radicales, que se han alarmado por el ejemplo americano y ahora piensan también seriamente en fundar un partido obrero independiente. Las gentes han acudido por sí mismas a Aveling, lo que es la mejor señal. Si conseguimos echar raíces allí, tanto la Social Democratic Federation como la Socialist League quedarán relegadas a segundo plano, y estará hecho el comienzo de la conquista de Londres. Se trata de inmediato de una docena de escaños parlamentarios —estos clubes han sido hasta ahora la fuerza de los liberales aquí. También Hyndman ha reconocido el peligro que lo amenaza, y por eso ahora saca en “Justice” las calumnias del Ejecutivo neoyorquino contra Aveling. Precisamente eso lo explotaremos para fomentar la agitación. Pero ya ves cómo el miserable Ejecutivo neoyorquino nos dificulta aquí el trabajo con sus burdas calumnias.

Saludos de Mumma, que está precisamente aquí.

Tuyo

F. E.