en Hottingen-Zürich  

Londres, 26 de nov. de 1886  

Apreciado señor Schlüter:  

Muchas gracias por sus comunicaciones acerca de J. Ph. Becker. En lo que respecta a su traslado a Zúrich, es un punto que prefiero dejar a su directa negociación. Usted dice que la necesidad del mismo salta a la vista; eso, para usted en Zúrich, puede ser muy cierto, pero para mí aquí en Londres, que no puedo juzgar tan bien los detalles, no es el caso. Y en estas circunstancias no puedo, en modo alguno, aconsejar al viejo que abandone Ginebra, donde ha echado raíces desde hace más de cuarenta años, con la que está, por así decirlo, fundido, para cambiarla sin más por Zúrich. Por consiguiente, hasta ahora no he mencionado una sola palabra de este asunto.

Con la traducción inglesa estoy ya prácticamente terminado, y después de haber saldado mis más apremiantes deudas de correspondencia, puedo por fin ocuparme de los asuntos pendientes que yacen en mi escritorio. Para ello rige el siguiente orden de antigüedad:  

1. traducción italiana de «Lohnarbeit und Kapital», de 10 meses de antigüedad,  
2. traducción francesa del «18. Brumaire», de 8 meses,  
3. su manuscrito sobre los cartistas,  
4. y 5. mis trabajos «Zur Wohnungsfrage», etc., y los «Mordspatrioten».  
A esto añade usted ahora un 6. y un 7.  

6. «Gewaltstheorie». Con gusto me pongo a su disposición, pero ¿qué entiende usted por: «modificado en lo pertinente»? Lo puramente positivo en ella no son más que un par de páginas; la polémica contra Dühring es en sí misma positiva y no puede prescindirse de ella ni en lo sustancial ni en lo técnico. Así pues, si usted quiere decir únicamente que se supriman o modifiquen algunos pasajes que no se refieren específicamente al punto de la violencia, sino que establecen la conexión con el resto del libro, entonces de acuerdo. Esto da unas 25 páginas y es un poco escaso. En mi opinión, podrían añadirse, convenientemente reelaborados, los dos capítulos sobre moral y derecho: Verdades eternas e Igualdad, que giran igualmente en torno a la concepción materialista-económica de la historia, y titular entonces el conjunto: Sobre el derecho y la violencia en la historia universal, o cosa parecida.  

7. «Soziales aus Russland». Si usted reedita el opúsculo tal cual, no tengo nada que objetar; un prólogo me obligaría a emprender nuevos estudios sobre Rusia, para los que carezco absolutamente de tiempo; un prólogo sin nuevos estudios no aportaría nada nuevo, de modo que mejor omitirlo. Los artículos del «Volksstaat» relativos al tema también es mejor dejarlos de lado. El número 3 iba contra Lavrov, quien desde entonces no nos ha dado motivo alguno para recalentar aquellos viejos asuntos, y, al igual que el comienzo del número 4 (contra Tkachov), no contiene, salvo algunas ocurrencias quizá pasables, absolutamente nada que hoy pudiera interesar o, menos aún, ejercer un efecto propagandístico.  

Si Ede no se ha disuelto por completo en lo eterno femenino, le ruego le diga que, a mi juicio, la Social Democratic Federation debería ser tratada ahora de manera un tanto distinta. La estupidez del gobierno, la inacción de los clubes obreros radicales frente a los enormemente crecientes «desempleados», y, por último, la sabiduría de la Socialist League, que no tiene ojos ni tiempo para otra cosa que la ocupación incesante con sus propios estatutos, han creado a la Social Democratic Federation un campo de actividad tan brillante que ni siquiera Hyndman & Co. han logrado hasta ahora estropearlo. La S.D.F. empieza a convertirse en un cierto poder, porque las masas no encuentran absolutamente ninguna otra organización detrás de la cual puedan agruparse. Los hechos deberían, pues, registrarse de manera imparcial, y en especial el hecho principal de que aquí se ha iniciado un verdadero movimiento obrero socialista. Pero habría que distinguir muy claramente entre las masas y sus líderes momentáneos, y, sobre todo, guardarse de identificarse de algún modo con estos últimos; pues es casi absolutamente seguro que estos aventureros políticos, en la impaciencia de su ambición, volverán bien pronto a cometer las mayores torpezas. En cuanto el movimiento adquiera consistencia, esos señores serán mantenidos a raya por él o saltarán por los aires. Hasta ahora, la masa solo se halla aún agitada en un sordo y ciego descontento, pero con ello el terreno está preparado para la siembra.  

En América, excepto en Nueva York, el verdadero movimiento se desarrolla por encima de las cabezas de los alemanes. La auténtica organización de los norteamericanos son los Knights of Labor, tan confusos como las masas mismas. Pero de ese caos surgirá el movimiento, no de las secciones de los alemanes, que desde hace 20 años no han sido capaces de extraer de la teoría lo necesario para América. Pero, precisamente ahora, los alemanes podrían ejercer un efecto muy esclarecedor, ¡si tan solo hubieran aprendido inglés!  

Un cordial saludo a todos.  
Suyo,  
F. Engels