en París

Londres, 24 de nov. de 1886

Mi querida Laura,

Espero que hayas recibido las cartas de América que te envié ayer; hoy puedo cumplir mi palabra y escribirte: ¡nuestra gente ha cogido realmente un momento favorable para su viaje! – coincide con el período en que por primera vez surge en América un verdadero partido obrero y coincide con lo que en la práctica ha sido un éxito enorme, el «boom» de Henry George en Nueva York. El maestro George es un confuso de marca mayor, y siendo un yanqui, tiene su propio remedio, no muy grandioso por cierto, pero su confusión es una expresión muy clara del actual estado de desarrollo del pensamiento de la clase obrera angloamericana, y precisamente de las masas americanas no podemos esperar que en seis u ocho meses – la duración de este movimiento – sean perfectas en teoría. Y considerando que los alemanes en América son todo menos una imagen buena y equiparable de los obreros en Alemania, sino más bien de los elementos que en la patria fueron excluidos del movimiento – lasalleanos, ambiciosos decepcionados, sectarios de todo tipo –, a mí, en todo caso, no me apena que los americanos empiecen independientemente de ellos, o al menos de su jefatura. Los alemanes pueden actuar y actuarán como fermento, experimentando ellos mismos una buena dosis de fermentación útil y necesaria. El inevitable punto de partida en América lo forman los Knights of Labor; son una verdadera potencia y representarán seguramente la primera forma del movimiento. Su ridícula organización y sus muy poco fiables dirigentes – acostumbrados a los métodos de la corrupta política partidista americana – provocarán muy pronto una crisis en el seno de esa asociación, y entonces podrá desarrollarse a partir de ella una organización más adecuada y eficaz. Creo que todo esto no durará mucho en el país de los yanquis; se ha alcanzado la etapa decisiva, de modo que a partir de ahora la actuación política de la clase obrera como partido independiente está asegurada.

De América a Rusia no hay más que un paso.[1] Tussy me contó el verano pasado que Lavrov le había pedido que escribiera algo sobre Lopatin y que me rogase que hiciera yo lo mismo, pues quería publicar algo sobre él. Le dije que, por lo que yo sabía, L[opatin] aún esperaba su juicio, y que, en estas circunstancias, Lavrov seguramente no publicaría nada que pudiera empeorar su situación; que por tanto volviera a escribir a Lavr[ov] para saber cómo estaba el asunto (pues casi tenía que suponer que habían informado a Lavr[ov] de que Lopatin había muerto) y qué debía yo escribir sobre él. Desde entonces no he vuelto a oír nada al respecto. Ahora veo por los periódicos que se avecina un nuevo proceso nihilista en Petersburgo y, por la forma en que se informa, probablemente afecta también a Lopatin, si es que aún vive. ¿Tendrías la bondad de preguntar a Lavrov, cuando vuelvas a verle, cómo está la cosa y qué cree que debo hacer respecto a L[opatin], pues estaré siempre dispuesto a contribuir con mi testimonio a la confirmación y reconocimiento de los grandes servicios que ha prestado a la causa, siempre que sepa qué se necesita y cuál es su situación en el momento dado.

Gracias a la estupidez de todos sus rivales y adversarios, la Social Democratic Federation empieza a convertirse en una potencia. El gobierno la salvó de un *four*[2] al prohibir su procesión el día del Lord Mayor, ayudándole así a obtener un triunfo aparente al permitirle celebrar esa misma tarde en Trafalgar Square lo que llamó un meeting. Y cuando después la Social Democratic Federation convocó un meeting para el domingo pasado en Trafalgar Square, el mismo gobierno convirtió aquello en un verdadero triunfo, al anunciar primero que se llevaría artillería lista para intervenir al St. James Park y luego retirar ese ridículo plan. Así, este meeting —el primero cuyo desarrollo tranquilo y pacífico había anunciado la Social Democratic Federation— fue hinchado por el gobierno hasta convertirlo en un gran acontecimiento; pero al transcurrir tranquilo y pacífico, los burgueses y los filisteos[3] constataron que la Social Democratic Federation, sea cual sea su propia fuerza, cuenta con un séquito muy numeroso. El hecho es que la Socialist League está demasiado absorta en la discusión de sus propios estatutos con sus miembros anarquistas como para disponer de un solo momento para lo que ocurre fuera del 18 de Farringdon Road. Y como los clubes radicales del East End no toman ninguna iniciativa en relación con los desempleados, la Social Democratic Federation no tiene competidor, se queda sola en el campo y trata esta cuestión, que cada invierno plantea de nuevo, enteramente a su propio arbitrio. Y en los últimos tiempos han sido innegablemente más sensatos en su modo de proceder —últimos tiempos, es decir, en las últimas dos semanas. Cuánto durará esto, naturalmente nadie puede decirlo. Hyndman *est capable de tout*.

Ese profesor Menger, que con su desvergonzada insolencia parece haber atemorizado a la gente por todo el continente, es un vulgar trepador que aspira al Ministerio de Justicia. Le he dado a K[autsky] los materiales necesarios y los he elaborado yo mismo en parte, en la medida en que era necesario; si lo conseguimos, recibirá su merecido ya en el primer número de la «N[eue] Z[eit]» de enero de 1887.[4] Naturalmente, los periódicos liberales han armado un escándalo terrible con sus revelaciones, como lo hicieron con las de Vogt. Sólo que los tiempos han cambiado, y ahora podemos devolver el golpe con eficacia. La conspiración de la prensa burguesa en 1859 contra nosotros fue mil veces más efectiva que la infame ley de socialistas de Bismarck.

No puedes imaginarte cuán contento estoy de que el libro esté por fin impreso. Ha sido imposible hacer entretanto ninguna otra cosa. Los preparativos tuvieron que ser forzosamente muy complicados; se enviaban pruebas de imprenta a Edward, a Moore y a mí, lo que naturalmente ocasionaba retraso y continuas prisas por parte de S. S[onnenschein] & Co. Además, el libro, como acabo de descubrir hace poco, ¡se imprimió en —Perth! Y encima la forma de trabajar bastante descuidada de la oficina de S. S[onnenschein] & Co., a través de la cual tenía que pasar todo. Finalmente, la historia de siempre: abandono y retrasos por parte de la imprenta durante el verano, luego a fines de septiembre todo a marchas forzadas —precisamente en la parte del manuscrito que necesitaba la revisión final más cuidadosa— y continuos intentos de echarnos a nosotros la culpa del retraso. La gran industria[5] en el mundo editorial puede ser muy buena para revistas, novelas y literatura de actualidad, pero para trabajos como éste no es lo adecuado, a menos que el manuscrito esté perfecto hasta en el último detalle; de lo contrario, ¡ay del autor!

Y, ¿qué hay de vuestro viaje, el tuyo y el de Paul, a Londres? Tussy saldrá de Nueva York el 25 de diciembre, el día de Navidad, de modo que estará aquí hacia el 6 de enero. Pero ésa no es razón para que vosotros permanezcáis fuera tanto tiempo; al contrario, esperamos teneros aquí por Navidad. Y Paul esta vez no tiene excusa, y yo no aceptaría ninguna; en Francia todo está bien tranquilo, nada de procesos, nada de penas de prisión, nada de grandes reuniones, nada de agitaciones, y es del todo imposible que durante la *saison des étrennes* ocurra todavía algo. Y tú, después de haber dejado pasar el verano y el otoño, tendrás que conformarte con las nieblas — ¿no sientes un poquito de nostalgia por ellas? Por lo demás, las nieblas nos tratan por ahora bastante bien, pues aquí está claro y luminoso, mientras que desde el lunes no sólo la City, sino también Kilburn están oscuros y turbios. Así que decidíos, por favor, y hacédnos saber cuántos días antes de Navidad apareceréis por aquí. Nim se está poniendo ya muy impaciente y es capaz de ir a buscáros y traeros si surge un nuevo retraso.

Y así quedo,

con afecto, tuyo

F. Engels

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[1] es solo un paso.  
[2] fiasco.  
[3] en el manuscrito, en alemán: Spießbürger.  
[4] en alemán: recibirá su merecido ya en el primer número de la «N.Z.» de enero del 87.  
[5] en el manuscrito, en alemán: Große Industrie.