en París  

Londres, 2 de noviembre de 1886  

Mi querida Laura:  

Siento que te hayas tomado la molestia de transcribir el parloteo de Menger. ¡Ese individuo no es más que un arribista!, que sabe que cuanto más exagera, tanto mejores son sus perspectivas de hacer carrera. Hemos recibido aquí el libro, y le daré a Kautsky suficientes indicaciones para que pueda despachar a ese tipo desvergonzado. Su postura es tan abiertamente ridícula que no será aceptada en parte alguna salvo en periódicos nacionalliberales, y allí habremos de contar con que nos la presenten una y otra vez, pero eso carece de toda importancia. El espantajo de Rodbertus era mucho más serio, y ya lo hemos desbaratado tan por completo que ha caído enteramente en el olvido.  

Creo que ni siquiera Hyndman se atreverá a sacar provecho de ello, a lo sumo acaso en una medida muy insignificante.  

Ahora tengo que empezar a escribir mi prólogo, puesto que S.S[onnenschein] y Cía. ya lo están reclamando; todo apunta a que las cosas llegan a su fin.  

Con el más sincero afecto,  

Tu  
F.E.