en Zúrich

Londres, 22 de octubre de 1886

Querido Ede:

Por la presente te anuncio que nuestro amigo Belfort Bax os visitará probablemente a fines de mes. Es un muchacho enteramente cabal, muy erudito, sobre todo en filosofía alemana, habla alemán, pero en todas las cuestiones políticas peca de una inexperiencia infantil que puede desesperar a cualquiera y que se hace sentir también mucho en el «Commonweal». No obstante, él y Aveling son, entre los «cultos» de aquí, los únicos a quienes no sólo les toma la cosa en serio, sino que también estudian algo.

Kautsky te habrá comunicado los detalles jurídicos acerca del matrimonio aquí; espero que sea factible.

En cuanto a Becker, escribe August que te ha encargado poner en claro el asunto con el viejo; espero que ya le hayas escrito —al viejo—, pues el asunto le importa mucho. Escribe August que Becker ya ha recibido del partido un subsidio anual de 200 francos; yo sabía que en la enumeración de los dineros había olvidado una partida, era ésta; lo menciono para que no parezca que Becker me lo ha ocultado, lo cual no es el caso.

Si es verdad lo que los zankovistas difunden en Sofía, Alejandro III puede meter tranquilamente en el bolsillo a su desacreditado Kaulbars, pues entonces tiene todo cuanto quiere. Es una edición mejorada del tratado de Hunkiar-Iskelessi (1839, véase Louis Blanc, «Dix ans», donde se halla impreso en el último tomo). Entonces el mar Negro le pertenece, y Constantinopla es suya en cuanto quiera. Esa sería la consecuencia de que Austria en Bosnia e Inglaterra en Egipto se hayan apropiado pedazos de Turquía y se hayan acreditado con ello en Constantinopla como salteadores de Turquía tanto como los rusos. Por eso, pues, el pacífico Gladstone tuvo que bombardear Alejandría y llevar la guerra al Sudán. — Entre tanto, la cosa es discutida y posiblemente aún no está formalmente concluida; en todo caso hay que prestar atención a las nuevas noticias al respecto. Pues, aunque fuera cierto, Austria sobre todo tratará de disimularlo, para no verse obligada a lanzarse al ataque antes de que los rusos hagan verdaderamente ademán de ocupar los Dardanelos, es decir, cuando sea demasiado tarde.

Entretanto, parece que Alejandro se ha vuelto realmente loco —se dice que tomó a un edecán por un nihilista y lo fusiló—, y el viejo Guillermo decae rápidamente. La revolución rusa —iniciada incluso por una revolución palaciega— se hace más necesaria que nunca y pondría inmediato orden en todo ese embrollo.

Tuyo,
F. E.