en Zúrich

Londres, 9 de octubre de 1886

Querido Ede:

Después de leer con cierta perplejidad tus 3 páginas de hondas reflexiones —perplejidad sobre adónde iría a parar aquello—, tuve que soltar una carcajada cuando por fin llegué al meollo del asunto: que todo aquello debía explicar tu boda, la cual no necesita absolutamente ninguna explicación. Si todos los proletarios fueran tan cavilosos, el proletariado se extinguiría o sólo se perpetuaría mediante hijos ilegítimos, y a este último modus no llegaremos en masa, probablemente, hasta que ya no exista proletariado. Así que te felicito de todo corazón por haber superado al fin las graves dudas y haber dado rienda suelta al impulso de tu corazón. Descubrirás que, incluso en la estrechez, se vive mejor de a dos que solo; yo lo he probado bastante tiempo, a temporadas en condiciones muy _pauvres_, y jamás me he arrepentido. Así que, ¡présentame muy cordialmente a tu novia y salta pronto con los dos pies en el tálamo!

Pero ya son las cuatro y la carta tiene que salir antes de las 5:30, así que ahora a los asuntos.

El viejo Becker estuvo aquí, y hemos hablado largamente de la necesidad de que escriba sus recuerdos y vivencias. Yo se lo he pedido a menudo y, según dice, otros también, pero ¿cómo va a hacerlo? Para vivir, escribe por 25 francos a la semana para la “Korrespondenz” de Schneeberg en Viena, y para ello tiene que rebuscar el material fatigosamente. Eso agota tanto sus fuerzas y sus débiles ojos que ya no puede hacer nada más. Ante todo, pues, habría que ponerlo en situación de poder vivir y de disponer libremente de todo su tiempo para ello. Ahora bien, van Kol, si mal no recuerdo, le da 25 francos al mes. Otro amigo, la misma suma. Hacen 600 francos al año. Yo me he comprometido a enviarle £ 5 = 125 francos trimestrales. En total,

1100 francos. Suministrar el resto es, a mi juicio, deber del partido tan pronto como disponga de medios, y, por lo que me dijo Liebknecht, dispone de ellos. En realidad, el partido estaría incluso obligado a hacerse cargo por entero del viejo veterano con cargo a su fondo de pensiones. Pero creo que no puede costar mucho trabajo reunir los pocos cientos de francos que aún faltan entre afiliados acomodados, de modo que el partido sólo fuese el mediador del pago regular.

Las memorias mismas serían un artículo editorial altamente valioso para la Volksbuchhandlung, una nueva fuente para la prehistoria (el movimiento revolucionario de 1827-60) y la historia (desde los años 50 hasta hoy) de nuestro partido, un documento que ningún verdadero historiador podría pasar por alto. Y además —a juzgar por las muestras dadas hace años en la «Neue Welt»—, presentadas con una vida magnífica, auténtica lectura popular. Y cuanto antes se ponga a ello, mejor; pues cuando uno tiene ya 77 años a cuestas, la locuacidad aumenta a veces algo más que el juicio sobre lo importante y lo no importante: es el curso natural de las cosas.

Ayer le escribí a August sobre esto; quería escribirte antes a ti para saber qué opináis vosotros acerca de ello en lo que respecta a la fuente editorial; pero como él tiene que ir pronto al cachot, no había tiempo que perder. Yo mismo considero el asunto muy importante. La exposición de estas circunstancias por un co-protagonista, y precisamente el único de los años treinta que está en nuestro punto de vista, es absolutamente necesaria; arroja una nueva luz sobre todo el período de [18]27-40, y si B[ecker] no la ofrece, se pierde totalmente. O bien la retoman personas que nos son hostiles, partidarios del Partido Popular y otros demócratas vulgares, y con eso no nos beneficiamos. Es una oportunidad que no se volverá a presentar jamás, y dejarla pasar lo consideraría un crimen.

Le he escrito a August que los pormenores, tanto sobre el subsidio por pagar como sobre las modalidades editoriales, sería mejor —cuando llegue el momento— que los acordases personalmente tú con B[ecker]. Y aquí hay otro punto que por ahora no consideré necesario tocar con August, a saber: que el subsidio sea considerado simplemente como pensión, no como anticipo a cuenta de los honorarios. Esto último es lo que exigirían probablemente algunos «jefes», pero sería absolutamente mezquino frente al viejo soldado. Por eso proponía también reunir la mayor parte posible del subsidio mediante suscripción privada, con lo cual esa exigencia desaparece por sí sola.

En caso de que el asunto se arregle y tú trates con B[ecker] acerca de la publicación, no debes dejarte influir por sus ideas sobre distribución, etc., prospectos, etcétera. Él vive aún por completo en las concepciones de los años 40 sobre la distribución de libros prohibidos y no tiene idea de cómo lo hemos transformado nosotros hoy en una gran industria.

Así que reflexiona sobre el asunto y házmelo saber con tu opinión.

Los búlgaros se están portando de hecho, hasta ahora, inesperadamente bien, y si resisten otros 8-10 días, o han logrado romper el cerco, o los rusos sólo pueden avanzar contra ellos a riesgo de una guerra europea. Esto se lo deben al hecho de haber estado tanto tiempo bajo los turcos, que han conservado tranquilamente sus viejos restos de instituciones gentilicias y sólo han dificultado a la burguesía naciente —mediante los tributos forzosos de los pachás—. Los serbios, en cambio, que llevan 80 años libres de los turcos, han arruinado sus viejas instituciones gentilicias mediante una burocracia y una legislación amaestradas a la austríaca, y por eso se han llevado inevitablemente una paliza de los búlgaros. Dad a los búlgaros 60 años de desarrollo burgués —siendo así que no llegan a nada— y de gobierno burocrático, y estarán igual de jodidos que ahora los serbios. Tanto para los búlgaros como para nosotros habría sido infinitamente mejor que siguieran bajo dominio turco hasta la revolución europea; las instituciones gentilicias habrían ofrecido un famoso punto de enganche para la evolución ulterior hacia el comunismo, enteramente como el mir ruso, que ahora nos están destruyendo también ante nuestras propias narices.

Tal como están las cosas ahora, mi opinión es la siguiente:

1. Apoyar a los eslavos del sur, si y mientras vayan contra Rusia; entonces van con el movimiento revolucionario europeo.

2. Pero si van contra los turcos, es decir, si exigen _à tout prix_ la anexión de los pocos serbios y búlgaros que aún quedan bajo dominio turco, entonces hacen, consciente o inconscientemente, la obra de Rusia, y en eso no podemos acompañarlos. Esto sólo puede lograrse a riesgo de una guerra europea, y eso no vale la pena; los señores tendrán que esperar, igual que los alsacianos y loreneses, los triestinos, etc. Además, todo nuevo ataque contra los turcos —en las actuales circunstancias— sólo conduciría a que las pequeñas naciones victoriosas —pero victoriosas sólo podrían serlo por los rusos— cayeran directamente bajo el yugo ruso o —véase el mapa lingüístico de la península— se enzarzaran irremisiblemente entre ellas.

3. Pero, tan pronto como estalle la revolución en Rusia, los señores podrán hacer lo que quieran. Pero entonces verán también que con los turcos no pueden.

Cierre del correo.

Tuyo,
F.E.