en París

Londres, 2 de oct. de 86
Mi querida Laura:
Para empezar por el principio: adjunto un cheque de £42.13.4,

que constituyen la tercera parte de la transferencia de Meißner por £128.

Espero que lo recibas y te lo paguen sin más.
Lástima que no puedas venir justo ahora, mientras el tiempo

está hermoso; aunque, si tienes una nostalgia declarada de la

niebla londinense y de nuestro hermoso invierno, también podrá

cumplírsete este deseo. Nim está dispuesta a recibirte en cualquier momento,

por Navidad o cuando sea, y si al mismo tiempo tuviéramos aún
otros huéspedes, ella se encarga de alojarlos también. De modo que esto
queda convenido, y esta vez no sufriremos una decepción.

Te envío además 2 “Volkszeitungen”[1], que te ruego
me devuelvas, pues pertenecen a Edward y él contará con
encontrarlas aquí a su regreso (durante su ausencia,
sus periódicos, etc., me son remitidos a mí). Por ellas
verás que la république cosaque[2] –la solución de Mohr para el dilema de
Napoleón: ou républicaine ou cosaque[3]– florece tanto en Nueva York como en
París. Tienen suerte de que el primer intento de intimidación llegara tan pronto
y estuviera hecho con tanta torpeza.

Mucho me temo que Paul sobrestime la importancia del fallo de París, si
lo tiene por un síntoma de la accesibilidad de la burguesía industrial a
las ideas socialistas.[4] La lucha entre el usurero y el capitalista
industrial es una lucha dentro de la burguesía misma –y aunque,
sin duda, un cierto número de pequeños burgueses se verá empujado hacia nosotros,
por la certidumbre que tienen de su próxima expropiación de la part des boursiers[5],
jamás podemos abrigar la esperanza de atraer a nuestro lado a la masa de la pequeña burguesía.
Prescindiendo por completo de que

1 “New Yorker Volkszeitung” – 2 la república cosaca – 3 o republicana o 
cosaca – 

esto tampoco sería en modo alguno deseable, puesto que traen consigo sus estrechos prejuicios
de clase. En Alemania tenemos demasiados de ellos, y
precisamente ellos son el lastre que frena la marcha hacia adelante del partido. Será
siempre el destino del pequeño burgués –considerado en su masa– flotar
indeciso entre las dos grandes clases, resultando una parte
aplastada por la centralización del capital, y la otra, por la victoria del
proletariado. En el día decisivo, como de costumbre, estarán
vacilantes, irresolutos e impotentes, se laisseront faire[6],
y eso es todo cuanto queremos. Incluso si se adhieren a nuestras concepciones,
dirán: naturalmente, el comunismo es la solución
definitiva, pero falta mucho, tal vez cien años, para que pueda ser
realizado –en otras palabras: no tenemos la intención de trabajar
por su realización, ni en vida nuestra ni en la de nuestros hijos. Tal es, en todo caso, nuestra experiencia en Alemania.

Por otra parte, el fallo constituye una gran victoria y significa un
paso decisivo hacia adelante. La burguesía, desde el instante mismo en que
le sale al paso un proletariado consciente y organizado, se ve envuelta
en contradicciones irresolubles entre sus aspiraciones liberales y
democráticas generales, aquí, y las medidas represivas
en su lucha defensiva contra el proletariado, allá. Una
burguesía cobarde, como la alemana y la rusa, sacrifica sus
aspiraciones generales de clase a las ventajas momentáneas de una represión
brutal. Pero una burguesía con una historia revolucionaria
propia, como la inglesa y, sobre todo, la francesa, no puede hacerlo
sin más. De ahí la lucha en el seno de la burguesía, la cual, a pesar de
esporádicos estallidos de violencia y represión, considerada en su conjunto,
la empuja hacia adelante –piénsese en las diversas reformas electorales de Gladstone en Inglaterra y en el avance del radicalismo en
Francia. Este fallo es una nueva etapa. Y así, la burguesía,
con su propio trabajo, hace también el nuestro.

Pero ahora tengo que terminar. Quiero enviar esta carta certificada
y aún he de escribir a Tussy en el primer correo.

Con cariño, tu
F. Engels

4 [Nota de la edición alemana: a continuación de “hält.”, el resto de la nota se ha perdido por daños en el manuscrito.] – 5 de parte de los bolsistas – 
6 dejan que las cosas sigan su curso.