en Hoboken

Londres, 16 de septiembre de 1886

Querido Sorge:

Me arranco a la fuerza una horita libre para escribirte.
Después de que la (triple) corrección de la traducción del «Capital» me tuviera durante semanas tan sin aliento que me impedía hacer otra cosa, ahora se amontona de golpe. Hay que entregar 6 pliegos por semana (es decir, corregir 18 pliegos semanales) y en 4 semanas debe estar todo listo. Esperemos a ver. Pero será un período movido para mí, pues mañana mismo viene a visitarme el viejo Becker desde Ginebra, la semana próxima Schorlemmer y probablemente los Lafargue, y además otra gente de Suiza quiere venir aquí. Si no despacho hoy una carta, sé que luego ya no será posible.

Muchísimas gracias por tus gestiones con el entrevistador. Ha sido la última. Ahora, con la ruptura de su palabra de honor, tengo un motivo para mandarlos a paseo, a no ser que nosotros mismos tengamos interés en endilgarle algo a un embustero semejante. Tienes razón, en conjunto no me puedo quejar; el hombre intenta por lo menos ser personalmente decente, y de su estupidez no tiene él la culpa, sino únicamente la burguesía norteamericana.

En Nueva York parece que hay una buena pandilla al frente del partido; el «Sozialist» es un periódico modelo de cómo no debe ser. Pero tampoco puedo defender a Dietzgen por su artículo sobre los anarquistas; tiene una manera peculiar de proceder. Cuando alguien tiene sobre un punto determinado una opinión acaso algo estrecha, entonces D[ietzgen] no se cansa de subrayar –y a menudo lo hace en exceso– que la cosa tiene dos caras. Pero ahora, porque los de Nueva York se comportan miserablemente, se pone de pronto del otro lado y quiere presentarnos a todos como anarquistas. El momento puede disculparlo, mas él no debería, ni siquiera en el momento decisivo, olvidar toda su dialéctica.

Con todo, probablemente hace tiempo que ha vuelto a sudarlo; seguro que ya está otra vez en el buen carril, no me preocupa.

En un país tan naturalmente surgido como América, que se ha desarrollado sin pasado feudal alguno, de manera puramente burguesa, pero que al mismo tiempo ha importado de Inglaterra, sin mirarlas, un montón de ideologías heredadas de la época feudal, como son el derecho consuetudinario inglés, la religión, el sectarismo, y donde la necesidad del trabajo práctico y de la concentración del capital ha engendrado un desprecio general por toda teoría, desprecio que sólo ahora empieza a desaparecer entre los estamentos más cultivados de los sabios, en un país así la gente sólo puede cobrar claridad sobre sus propios intereses sociales cometiendo disparate tras disparate. Tampoco se ahorrarán esto los obreros; la confusión de las Trade Unions, de los socialistas, de los Knights of Labor, etc., continuará todavía algún tiempo, y sólo a fuerza de perjuicios se volverán juiciosos. Pero lo principal es que se han puesto en movimiento, que la cosa avanza, que el hechizo se ha roto, y que marchará deprisa, más deprisa que en ninguna otra parte, aunque sea por un camino aparte, que desde el punto de vista teórico parece casi de locos.

Tu carta llegó demasiado tarde para que yo pudiera hablar con Aveling sobre Brooks – lo vi, a Av[eling], sólo un par de horas el 30 de agosto y había dejado tu carta en Eastbourne. De todos modos, lo habrás visto desde entonces en Nueva York, igual que a Liebk[necht].

Por lo visto, tu Adolph ya ha vuelto a disolver la partnership con el agente de Rochester; espero que no se haya quemado los dedos, como puede sucederle al mejor en estos asuntos.

Te envío estos días los «To-Day» que te faltan, en la medida en que yo mismo los he recibido, y los «Commonweal». Recibirlos directamente es imposible. Periódicos franceses te enviaré cuando yo mismo reciba algunos de París; desde Eastbourne envié unos cuantos. El «Socialiste» deberías poder recibirlo allí, la redacción y administración está en el 17, rue du Croissant, París; el periódico es semanal. ¿Suscripción al extranjero? 4 francos semestrales, franqueo incluido. Yo lo recibo de manera muy irregular, a menudo tengo que escribir, pero debo guardarlo para consulta.

Te mando también unos cuantos pliegos sobrantes de la corrección de la traducción del «Capital», para que veas que la cosa avanza y qué aspecto tiene.

Espero que tu salud mejore; yo en apariencia aún estoy bastante robusto, pero desde hace 3 años, por un defecto interno, a veces me fallo

mucho y siempre tengo la movilidad algo limitada, de suerte que por desgracia ya no soy apto para el servicio de guerra.

Ante todo, en cuanto la traducción esté terminada, tengo que quitarme de encima los trabajos secundarios que me han endilgado –revisión de trabajos ajenos, sobre todo traducciones– y no tolerar que me carguen otros nuevos, para volver a ocuparme del tercer tomo. Ahí está, dictado y terminado, pero encierra todavía por lo menos 6 meses de rudo trabajo. Esta maldita traducción inglesa me ha costado casi un año. Pero era absolutamente necesario y no me pesa.

17 de sept.

Los pliegos impresos salieron ayer; los «Commonweal» hasta el 18 de sept. vienen hoy. Los «To-Day» tengo que volver a juntarlos.

Aquí el movimiento queda, por un lado, en manos de aventureros (Democratic Federation), y por otro, en manos de cazadores de manías y socialistas sentimentales (Socialist League); las masas aún se mantienen alejadas, aunque también aquí se advierte un principio de movimiento. Pero pasará algún tiempo todavía hasta que las masas entren en efervescencia, y eso es bueno, para que quede tiempo en el cual puedan desarrollarse dirigentes decentes. – En Alemania quizá llegue por fin algo de movimiento a la burguesía, cuya cobarde estancación nos resulta perjudicial; por un lado, el próximo cambio de trono lo hará todo vacilar, y por otro, la genuflexión de Bismarck ante el zar despierta hasta a los más soñolientos cabeceadores. En Francia marcha de maravilla. La gente aprende disciplina, en las provincias en las huelgas, en París en la oposición contra los radicales.

Recibe un fuerte abrazo.

Tuyo,
F. E.