en Londres
4, Cavendish Place
Eastbourne, 20/8/86

Querido Bez:

Adjunto devuelvo la carta de Dietz. ¡Si consigues de Chianti que Bl[os] no inserte ni lo más mínimo sin tu previa aprobación, entonces sí puede dejársele lo mecánico a él! En el peor de los casos, te dejas caer unos días por Stuttgart y pones las cosas en orden. Eso siempre es mejor que el intento de ir por seis meses, que a las tres semanas terminaría con tu expulsión, dejándole entonces al señor Blos las manos completamente libres. Lo único es que, durante ese tiempo, ejerzas tú mismo una censura algo más estricta, para que Bl[os] no meta, bajo ese pretexto, sus descuidos.

Es evidente que puedes incluirme como colaborador en el prospecto; también tienes gustosamente a tu disposición la introducción a la traducción inglesa de la «Situación de la clase obrera»[1], en cuanto yo mismo la reciba. Larga no es. Prometerte otra cosa positiva no me es posible en este momento, tanto menos cuanto que el emprendedor Schlüter quiere reeditar «La cuestión de la vivienda», lo que requiere revisión e introducción[2], y también los «Patriotas asesinos» de Borkheim, para lo cual debo escribir una breve biografía de B[orkheim][3]. Ya ves, no necesito preocuparme por trabajo, ya se preocupan por mí.

El plan de amueblar tu casa es muy razonable; solo que, a la larga, encontrarás que los trenes a Harrow salen demasiado pronto por la noche, y yo te aconsejaría que buscases también por otra parte. Pero en casi todas partes es lo mismo.

La repentina recrudescencia* de la furia persecutoria se debe, al parecer, a la muerte inminente del viejo Guillermo. Esta inaugura para la banda hoy gobernante un período de inseguridad, y por eso quieren, en lo posible, asegurarse una posición firme; en parte, mediante hechos consumados de política interior, y en parte, si es posible, mediante disturbios provocados y un miedo aún mayor entre los filisteos.[4] ¡La banda daría cualquier cosa porque en Berlín se armase un escándalo como en Ámsterdam! A ello se suma la furia personal de Puttkamer, quien, como buen prusiano, ve en cada estupidez suya que fracasa una ofensa de otros contra su valiosa persona.

Percy, Pumps y Lily fueron el martes a Walmer, cerca de Deal, a casa de los viejos Rosher; se suponía que volverían hoy, pero no he sabido nada. Ayer, sofocantemente bochornoso, con niebla de lluvia; hoy, espléndido. Nim está bien y manda saludos muy cordiales, a los que yo me sumo. Espero que tu mujer esté bien.

Vuestro

F. E.

Gracias por «Sonnenschein»; el paquete fue enviado por error a Regent’s Park Road y contenía cosas que aquí me faltaban y que ya había reclamado.

* empeoramiento

Engels a Eduard Bernstein
en Zúrich

Querido Ede:

Espero que hayas recibido las 2 líneas por medio de la señora Schack. Los rusos han cedido; el trapicheo continúa en secreto y se dirige de momento contra Inglaterra en Asia —Turquestán y China. Con ello queda conjurado el peligro de guerra para este año. Los 240.000 hombres del corresponsal del «Daily News» ¡difícilmente entrarán ahora en acción! ... Esto para tu información. El panorama ha cambiado tan rápidamente que los nuestros casi siempre llegan demasiado tarde con las noticias. ¡El pobre Barón[5] está desesperado porque no le escribes ni una línea!

Tuyo
F. E.
[Eastbourne] 20/8/86

Engels a Hermann Schlüter
en Hottingen-Zúrich

4, Cavendish Place
Eastbourne, 20 de agosto de 86

Estimado señor Schlüter:

Ahora le toca por fin a usted. He tenido que prohibirme escribir cartas hasta que el manuscrito inglés[6] estuviera terminado.

Bien, en primer lugar su carta del 10 de marzo.

1. Saldo a favor recibido por fin, recibo expedido por duplicado.
2. Leído a Lexis. El hombre no es nada tonto, pero sí un grandísimo canalla y lo sabe.
3. «El origen»: el modo de proceder de Dietz fue para mí una nueva prueba de lo arbitrariamente que actúa en asuntos comerciales, y en el futuro me atendré a ello. Por lo demás, la cosa ha terminado bien y de esta manera el asunto ha vuelto a entrar en el comercio del libro.
4. Manifiestos del Consejo General: si los tengo todos, no podré averiguarlo hasta que mis amigos me dejen tiempo para ordenar las cartas, etc., de Marx. Hasta entonces, pues, no puedo ayudarle.
5. El manuscrito sobre los cartistas lo terminaré en cuanto regrese a Londres, después del 28 de este mes. Probablemente tendré ocasión de consultar puntos dudosos con nuestro viejo Harney, que ahora debe de estar en Londres. El artículo en los «Anuarios Renanos» es de Weerth, y puede usted nombrarlo.

Tarjeta postal del 8 de junio: las cartas del legado de Heß puede usted enviármelas cuando tenga ocasión; difícilmente será algo más que chismes. El bueno de Moses estaba fuera de todo movimiento real desde 1848 y solo correteó un poco bajo Schweitzer durante algún tiempo.

Carta del 16 de agosto: «La cuestión de la vivienda» la revisaré con gusto; en conjunto, la cosa puede reimprimirse tal como está (por lo que puedo juzgar de memoria). Harán falta unas palabras de introducción[7]. —