en Deal [6°]

Londres, 26 de julio del 86

Querido Barón:

Te he mandado hoy una «Volkszeitung» y te mandaré mañana la que ha llegado hoy; además, «Deutsche Worte», donde comienza un artículo sobre Gustav Cohn, por ahora muy gracioso, ¡a ese tipo tienes que pescarlo para la «Neue Zeit»!

Ayer estuvimos relativamente solos —Tussy también estaba enferma, y Aveling tuvo por tanto que marcharse pronto—, no es mucho, pero molesta. Para colmo, lluvia a mares; espero que vosotros la paséis mejor en ese rincón sudoriental, donde se da el máximo de clima continental en Inglaterra.

Así que a Dilke lo han enviado felizmente al exilio político, ¡requiescat in pace! Eso proviene de la hipocresía protestante. Toda esa historia es imposible en los países católicos; ni en Viena, ni en Roma, ni en París, ni siquiera en Petersburgo habría podido pasar; semejante inmundicia encubierta solo es posible en dos centros: Londres y Berlín. En realidad, Berlín solo se convierte en ciudad mundial porque Londres baja cada vez más al nivel de Berlín. Que el galante capitán Forster lleve a su dama a un burdelillo es auténticamente berlinés.

Por lo demás, no hay muchas novedades: Schorlemmer se ha ido a Alemania; yo me encuentro cada día mejor. Nim acaba de terminar de leer «Los mártires de la fantasía» (¡el final ya está aquí!) y hace medias. Muchos saludos a ti y a tu mujer de parte de los dos.

Tuyo
F. E.

¿Acaso tienes algo que hacer en tu casa? Yo ya estoy otra vez en condiciones de recorrer andando la distancia perfectamente, y espero que siga así; así pues, si tienes algo en lo que pueda servirte, dispón de mí.