en Ginebra

Londres, 9 de julio de 1886

Querido viejo camarada:

He pospuesto la respuesta a tu carta unos días, porque primero tenía que esperar a que se presentase la posibilidad de acceder a tu plan de París. Por desgracia, no; y ello por las siguientes razones:

1. Estoy atado a Inglaterra, porque tengo que ocuparme de la corrección y edición de la traducción inglesa de «El Capital»¹, que está en prensa y que no podría dejar en manos de nadie, aunque no estuviera obligado por contrato;

2. Vuelvo a estar, desde hace 3 meses, inválido, no puedo caminar más de 200 a 300 pasos y dependo de toda suerte de médicos; la cosa no tiene nada de particular, pero en cualquier momento puede producirse una complicación si no guardo reposo, y no hay ni que hablar de largos viajes. E incluso si, como espero, para el otoño vuelvo a tener mayor movilidad, esta vez tengo que poner fin, en lo posible, a esta vieja historia que desde hace tres años me ha ido convirtiendo de vez en cuando en un inválido, y para ello no debo emprender nada que pueda hacerme retroceder. Tengo que llegar, lisa y llanamente, a poder marchar de un tirón durante 2 o 3 horas, si no, reviento y no puedo resistir el trabajo a la larga. Había creído, en estas últimas dos semanas, llegar a tal punto que pudiera constatar una mejoría positiva, pero va más despacio de lo que pensaba.

Pero la cosa, espero, se puede arreglar de otro modo. A saber, cuando estés en París, podrías dar también un saltito cruzando el agua hasta aquí. Los gastos los sufragaré con gusto, y aquí la estancia no te cuesta ni un céntimo. En agosto me mandarán al mar para curarme del todo; en septiembre recibo visitas de provincias, de Alemania y probablemente también de los Lafargue de París, y como sólo tengo libre una habitación, tendré bastantes dificultades para alojar a la gente. Pero en octubre eso ya habrá pasado, y puedo tener la habitación a tu disposición en cualquier momento, y me alegraría infinito verte aquí conmigo. Aquí tendremos también más tranquilidad para charlar y contarnos todo que en París, donde uno nunca está solo.

Así que toma una decisión. Para octubre yo habré terminado los trabajos más urgentes, de modo que podré dejar todo lo demás para más adelante, y espero estar también otra vez en condiciones de ir de taberna. Si, de todos modos, prefieres venir en septiembre, escríbemelo; ya se hará de una forma u otra. Tenemos todavía muchas cosas que tratar entre nosotros, y tú puedes comunicarme en especial muchas cosas de la historia del desarrollo del movimiento que, como dices, nadie más sabe, de modo que sería verdaderamente injusto que no hiciéramos todo lo posible para vernos una vez más y despachar todo eso.

Los papeles de Marx no he podido ordenarlos aún del todo; es un trabajo de por lo menos un mes. Quizá en otoño… hay que hacerlo, y antes de que los días se acorten demasiado.

Te haré enviar de nuevo un giro postal de cinco libras, que espero recibirás inmediatamente después de esta carta o junto con ella.

Decídete, pues. Me alegra enormemente la idea de volver a verte y tratar contigo cara a cara. Si yo estuviera aún tan ágil de piernas como tú, iría a Ginebra. ¡Pero así…! Bueno, espero que lo hagas por mí y vengas aquí.

Tu viejo
F. Engels

¹ primer tomo