Así pues, también creo que las locuras anarquistas de Chicago harán mucho bien. Si el movimiento americano actual —que, en la medida en que no es exclusivamente alemán, se halla aún en la fase de las trade unions— hubiera obtenido una gran victoria en la cuestión de las 8 horas, el tradeunionismo se habría convertido en un dogma fijo y definitivo. Mientras que un resultado mixto contribuirá a mostrarles que es necesario ir más allá de los «salarios altos y las jornadas cortas».