en Hoboken

Londres, 29 de abril de 1886

Querido Sorge:

Recibí tus cartas del 15 y 28 de febrero y del 8 de marzo, así como la tarjeta postal del 21 de marzo.

El manuscrito contiene en gran parte las mismas cosas que Marx anotó en su ejemplar para la 3.ª edición. En otras, que ordenan más inserciones del francés, no me atengo incondicionalmente a ello, 1.º porque el trabajo para la 3.ª edición es muy posterior, y por tanto más decisivo para mí, 2.º porque Marx, para una traducción que había de hacerse en América, fuera de su alcance, pudo desear que ciertos pasajes difíciles se tradujeran más bien correctamente a partir de la superficial versión francesa que incorrectamente a partir del alemán, y esta consideración desaparece ahora. No obstante, me ha proporcionado muchas indicaciones muy útiles, que a su vez encontrarán aplicación para la 4.ª edición alemana. Tan pronto como termine con ello, te lo devolveré por correo certificado.

El “Volkszeitung” y el “Sozialist” llegan ahora con regularidad. En los últimos 14 días te he enviado “To-Day” y “Commonweal”, de marzo y abril. Ayer mismo, “To-Day” de mayo. La demora se debe únicamente al desorden de los editores. Si aún te falta algo, házmelo saber.

La traducción Broadhouse (Hyndman) de “El Capital”[^1] es una pura comedia. El primer capítulo era del alemán, lleno de errores; los errores son los mismos. Al ritmo actual, la cosa no estará terminada ni en el año 1900.

Gracias por el “Kalender”. Que Douai sea un gran hombre tan afrentosamente desconocido, ciertamente no lo había sospechado yo. ¡Ojalá se lleve a la tumba la conciencia de su grandeza junto con todo su desconocimiento, sin verla antes mermada en forma de azúcar! Pero él fue el hombre adecuado para América, y si hubiera seguido siendo un demócrata vulgar, le habría deseado todo lo bueno. Mas así, se extravió hacia la fragua equivocada.

Al purista que se enfurece contra nuestro estilo y nuestra puntuación: no sabe ni alemán ni inglés, pues de lo contrario no encontraría anglicismos donde no los hay. El alemán por el que delira y que nos machacaron en la escuela, con su espantosa construcción periódica y el verbo separado del sujeto por diez millas de incisos, allá al final, en la cola, ese alemán he necesitado treinta años para desaprenderlo. Este alemán burocrático de dómine, para el que Lessing no existe en absoluto, está ahora completamente en decadencia incluso en Alemania. ¿Qué diría este buen hombre si oyera hablar a la gente en el Reichstag, que han abolido esa horrible construcción porque siempre se atascaban en ella, y que hablan como los judíos: «cuando Bismarck se presentó ante la elección forzosa, prefirió besar al Papa en el trasero que a la revolución en la boca», etc. Este progreso lo introdujo el pequeño Lasker, es lo único bueno que ha hecho. Si el señor purista llega a Alemania con su alemán de dómine, le dirán que habla americano. «Usted sabe cuán mezquino es el erudito filisteo alemán» – eso parece serlo especialmente en América. La construcción de la frase alemana, junto con la puntuación tal como se enseñaban en las escuelas hace 40 o 50 años, sólo merecen ser arrojadas a un rincón, y eso es honradamente lo que les sucede en Alemania.

Creo haberte escrito ya que una muchachita americana[^3], casada con un ruso, se había empeñado en traducir mi viejo libro[^4]. He revisado la traducción, lo que me dio mucho trabajo. Pero ella escribió que la impresión estaba asegurada y que debía hacerse enseguida, y entonces tuve que ponerme a ello. Ahora resulta que ella ha transferido la negociación a una tal Miss Foster, secretaria de una sociedad de Derechos de la Mujer, y ésta ha cometido el disparate de entregarlo al Sozialistische Arbeiter-Partei. He dicho a la traductora mi opinión al respecto, pero ya estaba hecho. Por lo demás, me alegro de que esos señores no traduzcan nada mío, ¡sería de órdago! ¡Su alemán es ya suficiente, y ahora además su inglés!

Los señores del “Volkszeitung” deben de estar satisfechos. Han conseguido hacerse con todo el movimiento entre los alemanes, y su negocio debe de prosperar. Que un hombre como Dietzgen sea relegado, se comprende de suyo. El jugueteo con el boicot y las pequeñas huelgas es, naturalmente, mucho más importante que la ilustración teórica. Pero, con todo, la cosa avanza poderosamente en América. Por primera vez existe un movimiento de masas real entre los angloparlantes. Que éste proceda aún a tientas, torpe, confuso, ignorante, es inevitable. Todo eso se aclarará; el movimiento se desarrollará y deberá desarrollarse a partir de sus propios errores. La ignorancia teórica es característica de todos los pueblos jóvenes, pero también lo es la rapidez práctica del desarrollo. Como en Inglaterra, de nada sirve toda prédica, también en América, hasta que la necesidad real está ahí. Y ésta existe en América y está llegando a la conciencia. La entrada de las masas obreras nativas en el movimiento en América es para mí uno de los grandes acontecimientos de 1886. En cuanto a los alemanes de allí, la clase que ahora florece puede irse sumando gradualmente a los americanos; siempre les llevarán cierta ventaja; y a fin de cuentas, entre los alemanes de allí queda siempre un núcleo que conserva la comprensión teórica de la naturaleza y la marcha del movimiento total, que mantiene en marcha el proceso de fermentación y que finalmente sale de nuevo a flote.

El segundo gran acontecimiento de 1886 es la formación de un partido obrero en la cámara francesa por Basly y Camelinat, dos diputados obreros con decoro, puestos en la lista por los radicales y sacados adelante, pero que, contra todo coment, no se convirtieron en servidores de los señores radicales, sino que actuaron como obreros. La huelga de Decazeville hizo estallar la escisión entre ellos y los radicales – otros 5 diputados se unieron. Los radicales tuvieron que mostrar su política respecto a los obreros, y como el gobierno se sostiene sólo gracias a los radicales, esto fue muy enojoso, pues los obreros les hicieron justamente responsables de cada acto del gobierno. En resumen, los radicales, Clemenceau y todos, se portaron miserablemente, y entonces ocurrió lo que hasta ahora ninguna prédica había logrado: la defección de los obreros franceses respecto de los radicales. Y el segundo resultado fue: la unificación de todas las fracciones socialistas para una acción común. Sólo los miserables posibilistas se mantuvieron aparte y, a consecuencia de ello, se desintegran más cada día. Este new departure fue colosalmente impulsado por el gobierno con sus estupideces. A saber, quiere contraer un empréstito de 900 millones de francos y necesita para ello a la alta finanza, pero ésta es también accionista en Decazeville y se niega a dar su dinero si el gobierno no reprime la huelga. De ahí la detención de Duc y Roche. Respuesta de los obreros: candidatura de Roche en París para el próximo domingo (elección a la cámara) y candidatura de Duc (Quercy) para el consejo municipal, ¡donde saldrá seguro! En resumen, en Francia está de nuevo en marcha un estupendo movimiento, y lo mejor es que los nuestros, Guesde, Lafargue, Deville, son los dirigentes teóricos.

La repercusión sobre Alemania no se ha hecho esperar. El lenguaje y la acción revolucionarios de los franceses han hecho que los lloriqueos de los Geiser, Viereck, Auer & Cía. aparezcan aún más desvaídos, y así, en el último debate sobre la Ley contra los Socialistas, sólo intervinieron Bebel y Liebknecht, y ambos muy bien. Con este debate podemos dejarnos ver de nuevo en sociedad decente, lo que en modo alguno ocurría con todos. En general, es bueno que a los alemanes, sobre todo desde que han votado por tantos elementos filisteos (lo cual era ciertamente inevitable), se les dispute un poco la dirección. En Alemania todo se vuelve filisteo en tiempos tranquilos; ahí el aguijón de la competencia francesa es absolutamente necesario. Y no faltará. El socialismo francés se ha convertido de repente de una secta en un partido, y sólo ahora, y gracias a ello, es posible la adhesión en masa de los obreros, pues ellos están allí hartos del sectarismo, y ése era el secreto de por qué se adherían al partido burgués más extremo, los radicales. El próximo domingo mostrará ya un progreso significativo en la elección, aunque apenas cabe esperar que Roche salga elegido.

Creo que dentro de 14 días o 3 semanas comenzará la impresión de la traducción inglesa de “El Capital”, tomo I. Aún estoy lejos de terminar con la revisión, pero 300 páginas están listas y otras 200 casi listas para la imprenta.

Otra cosa. Un tal Mr. J. T. McEnnis me entrevistó días pasados con el pretexto de obtener, en nombre del Estado de Missouri, información sobre legislación obrera. No tardé en descubrir que detrás había historias de prensa, y él confesó también que trabajaba para the leading Democratic Paper of St. Louis; pero prometió bajo palabra de honor presentarme cada palabra a revisión antes de su publicación. El tipo me fue enviado por el ruso Stepniak. Hace ya casi 14 días, y temo que no haya cumplido su palabra. He olvidado el nombre del periódico de St. Louis. Si por tanto apareciera algo sobre la entrevista, te ruego que hagas publicar la declaración adjunta en el “Sozialist”, el “Volkszeitung” y donde tú lo consideres necesario. Si a pesar de todo el tipo vuelve y cumple su palabra, te informaré enseguida, naturalmente, y entonces podrás romper la declaración.

Aquí, afortunadamente, el movimiento no avanza en absoluto. Hyndman & Co. son arribistas políticos que lo echan todo a perder, y en la S. L. los anarquistas hacen progresos vertiginosos. Morris y Bax – el uno como socialista sentimental, el otro como cazador de paradojas filosóficas – están ahora momentáneamente en sus manos y tienen que pasar por esta experiencia in corpore vili. Por el próximo “Commonweal” verás que Aveling, sobre todo gracias a la energía de Tussy, ya no carga con la responsabilidad de este disparate, y está bien. ¡Y estos conciliábulos quieren dirigir a la clase obrera inglesa! Afortunadamente, ésta no quiere saber absolutamente nada de ello.

Un saludo cordial.

Tuyo
F. Engels

A la redacción, etc.

Si apareciera en St. Louis un informe sobre una entrevista de un corresponsal de ese periódico conmigo, sobre ello tengo que declarar lo siguiente:

Es cierto que un tal Mr. McEnnis, como representante de ese periódico, me visitó y me preguntó sobre diversas cosas; pero bajo la promesa, bajo palabra de honor, de no enviar una línea a la imprenta sin habérmela presentado antes. En lugar de ello, no ha vuelto a dejarse ver por mí. Por lo tanto, declaro por la presente que he de rechazar toda y cada responsabilidad por aquella publicación, tanto más cuanto que he tenido ocasión de convencerme de que Mr. McEnnis, por falta de los conocimientos previos necesarios, apenas estaría en condiciones, aun con la mejor voluntad, de entender correctamente mis manifestaciones.

Londres, 29 de abril de 1886
Friedrich Engels