en Plauen, cerca de Dresde

Londres, 18 de marzo de 1886
Querido Bebel:

Estoy metido de lleno en la revisión de la traducción inglesa del «Capital»,
tomo I, que por fin saldrá ahora; pero como el asunto del
Fondo Liebknecht?! corre prisa, tengo que escamotear una horita
para contestar rápidamente a tu carta. Adjunto, pues, mi contribución
en un cheque girado contra el Union Bank of London por valor de £ 10.

Muchas gracias por los debates sobre la Ley contra los socialistas y el monopolio del aguardiente !%] y por el «Bürger-Ztg.».

El reflejo del estado de ánimo entre los señores de la mayoría de la fracción
en el debate sobre la Ley contra los socialistas es ciertamente sorprendente. Bien quisieran,
pero no pueden, y así tienen que, por más que les cueste, pronunciarse
de modo relativamente correcto, y el efecto del debate en su conjunto es
bastante bueno, sobre todo porque Singer, a raíz del caso Ihring, se vio obligado
a intervenir con energía. En general, esta gente, como por ejemplo también Frohme,
siempre está muy bien cuando tiene que proceder contra la policía en asunto propio o de sus electores; entonces el Biedermeier se queda bien guardado
en el saco. Pues una de sus peores cualidades es precisamente la
Biedermeierei, esa actitud que quiere convencer al adversario en vez de combatirlo, porque
«nuestra causa es tan noble y justa» que cualquier otro Biedermeier
tiene que sumarse a nosotros en cuanto la entienda correctamente. Esta apelación
al alma biedermeier, que no ve ni quiere ver los intereses que mueven inconscientemente a dicha alma —ésa es precisamente una de las principales características
del filisteísmo específicamente alemán, y aquí o en Francia es
parlamentaria y literariamente imposible.

Hacía mucho tiempo que no me topaba con algo tan terriblemente aburrido como el debate del aguardiente;
incluso los malos chistes de Bamberger siguieron siendo cordialmente
malos, más que de costumbre. Poco importa que también Schumacher
hablara de modo aburrido. A éste se le trasluce con toda honestidad la oreja
«estatalizadora». Richter fue quien mejor habló, con los hechos
estadísticos. 

Sobre el discurso de Liebknecht no me permito formular juicio alguno según el informe del «Bürger-Ztg.» 6].
Ahí todo depende del matiz,
del modo como se dice algo, y eso se pierde en un informe breve.

No conozco el informe de Kautsky del que hablas. 159! En lo que atañe
a Hyndman, su actuación en Trafalgar Square y
Hyde Park el 8 de febr.! ha causado infinitamente más daño que provecho. El griterío revolucionario,
que en Francia pasa como cosa gastada sin hacer daño,
aquí, ante masas totalmente impreparadas, es puro disparate y
produce un efecto disuasorio sobre el proletariado, alentando sólo a los elementos harapientos,
y aquí no puede ser interpretado sencillamente de otro modo que
como un llamamiento al saqueo, el cual efectivamente se produjo y nos ha desacreditado aquí por largo tiempo
incluso entre los obreros. En cuanto a que con ello
se haya atraído la atención pública hacia el socialismo, vosotros, allí al otro lado,
no conocéis el estado de embotamiento total del público frente a tales medios,
estado provocado por cien años de libertad de prensa y de reunión
y por el reclamo publicitario ligado a ellas. El primer susto de los burgueses
fue, por cierto, muy divertido y reportó unas £ 40.000 de suscripción para los
desocupados —en total unas £ 70.000—, pero ese dinero ya se ha
dilapidado, ya nadie paga más y la penuria es la de siempre. Lo que se ha conseguido
—ante el público burgués— es identificar el socialismo con el saqueo,
y si bien ello no empeora gran cosa la situación, no es desde luego
para nosotros ninguna ganancia. Si crees que Hyndman
ha dado pruebas de gran valor, eso es lo que parece. Pero Hyndman, como sé
por Morris y otros, es cobarde y se ha comportado como tal en ocasiones
decisivas. Ello no impide que, una vez se ha metido en un atolladero peligroso,
acalle su cobardía con sus propios gritos y chille al mundo
las cosas más sanguinarias. Eso le hace tanto más peligroso para sus colaboradores:
ellos y él nunca saben de antemano lo que va a hacer. Afortunadamente, todo este asunto
ya está aquí medio olvidado.

Soy por completo de tu opinión de que los períodos de prosperidad de
más de 6 meses han llegado a su fin. La única perspectiva de reactivación
de los negocios —al menos para el hierro de modo directo y para otros indirectamente— la ofrece aún
la posible apertura de China a la construcción de ferrocarriles, y con ello la aniquilación
de la última civilización cerrada sobre sí misma, basada en la unión
de agricultura y artesanía. Pero 6 meses bastan
para descontar eso y hacernos vivir tal vez de nuevo una
crisis aguda. Aparte de la destrucción del monopolio inglés del mercado
mundial, las nuevas vías de comunicación han contribuido también por su parte
a desbaratar los ciclos industriales decenales: el telégrafo
eléctrico, los ferrocarriles, el canal de Suez y el desplazamiento
de los barcos de vela por los de vapor. Si ahora se abre también China, no sólo
queda desgastada la última válvula de seguridad de la sobreproducción,
sino que se produce además una emigración china tan colosal,
que ella sola provocará una revolución en las condiciones de producción de toda
América, Australia, India y quizá afectará también a la propia Europa,
—si es que aquí la cosa dura todavía tanto tiempo.

La locura de Bismarck se torna, en efecto, aguda. Pero hay una cosa que se trasluce en todo:
¡más dinero! Sus historias más descabelladas desembocan siempre e infaliblemente
en la concesión de créditos, y los señores nacionalliberales!25!!
parecen tener una verdadera furia por suministrarle aún más dinero.

En Francia, nueva victoria. La interpelación de Camelinat sobre Decazeville
ha provocado un debate de tres días; 7 órdenes del día motivadas
fueron rechazadas el sábado? hasta que, por fin, los señores radicales!*! y
el gobierno se pusieron de acuerdo sobre una resolución
inaudita en la historia parlamentaria francesa y que fue aprobada el lunes:
La Cámara, confiando en que el gobierno propondrá todas las mejoras necesarias
en la legislación minera y tomará como directriz de su conducta en Decazeville
los derechos del Estado y los intereses del trabajo, pasa al orden del día.!!

Los derechos del trabajo —eso es algo nunca visto. Y todo el
acuerdo contra la compañía, que vive de una concesión estatal, y que ahora ve
las condiciones de esa concesión vueltas contra ella. Naturalmente,
todo esto no pasa de estar sobre el papel, pero como primer paso es suficiente.
Toda la situación política en Francia se ha trastocado a consecuencia
de la actuación de los tres obreros. Los radicales, que también se llaman socialistas
y que de hecho son los representantes del socialismo nacional francés,
de los restos aún subsistentes de Proudhon y Louis Blanc, pero que
como candidatos ministeriales tienen que asegurarse también un apoyo en la burguesía republicana,
se ven ahora obligados a definirse. Su fría actitud,
casi hostil desde un principio, hacia los diputados obreros, ha
roto el hielo entre la masa de los obreros; ésta ve de repente ahora
a verdaderos socialistas obreros junto a los radicales «cultos», y aclama
a aquéllos. O bien los radicales, incluido Clemenceau, tienen que renunciar por de pronto
a sus perspectivas ministeriales y seguir a remolque de Basly y
Camelinat, o su reelección pinta mal. La
cuestión del capital y el trabajo está de repente en el orden del día, aunque
aún en forma muy elemental (nivel salarial, derecho de huelga, posible
explotación cooperativa de las minas), pero está ahí y ya no se la puede
quitar de la mesa. Como, por otra parte, los obreros en Francia estaban inmejorablemente
preparados por su historia y por la actitud absolutamente excelente de nuestros camaradas en los últimos
2 años, bastó con un acontecimiento como la huelga de Decazeville
y con la estupidez de los radicales, al poner a 3 obreros
en su lista electoral, para desencadenar la explosión. Ahora todo avanza rápido
en Francia; el miedo que tienen los radicales lo has visto en
los acuerdos de los consejos municipales de París, Lyon, etc., concediendo dinero a los
huelguistas de Decazeville. Igualmente inaudito.

Si así están las cosas con tu voz, no vayas entonces a América. 926] Las exigencias que la práctica
allí corriente plantea a los órganos vocales superan con mucho todo lo que
vosotros os imagináis. Pero entonces nos alegramos
de verte aquí en otoño.

Cierre del correo. Demasiado tarde para certificar. Ruégote me acuses recibo del cheque
por tarjeta postal.

Tuyo
F.E.