en Ginebra  

Londres, 5 de diciembre de 1885  

Querido viejo:  

Hace mucho que no tengo noticias tuyas, y por eso quiero, por mi parte, darte una señal de vida, llamándote la atención sobre un giro postal de cinco libras que espero te llegue al mismo tiempo que esta carta y que quizá contribuya algo a hacerte más fácil el tránsito del viejo al nuevo año. Espero que estés aún bien y animoso y me lo confirmes pronto con unas líneas.  

He trabajado duramente en este último tiempo, como seguramente te lo indicará la editorial de la librería de Zúrich, y en especial he aprovechado la ocasión para refrescar toda suerte de fragmentos de la hermosa época juvenil de 1848/49. Esto es condenadamente necesario, pues la joven generación, que ha olvidado todo eso o que jamás llegó a saberlo, empieza a querer saber ahora lo que ocurrió entonces, y entonces es necesario, ante las muchas fuentes y noticias falsas, proporcionarle también la mayor cantidad posible de cosas correctas. Sería de la mayor importancia que terminaras tus memorias; hace años la „Neue Welt“ publicó algunos fragmentos muy encantadores, y tú tienes una habilidad tan espléndida para narrar, y además, tus recuerdos se remontan diez o quince años más atrás que los míos y abarcan el período de 1830 a 1840, que también es muy importante para el desarrollo posterior. Quizá también se podría hacer dinero con ello, lo que nunca está de más.  

Ahora tengo que rehacer todavía la „Guerra de los Campesinos“, que lo necesita mucho, y luego pasaré al III tomo de „El Capital“, que, en bruto, ya está dictado a partir del manuscrito original hasta quedar legible. Será todavía un trabajo de titanes, pero espléndido. Por desgracia, siempre se me interpone una multitud de traducciones al francés, inglés, italiano y danés, que tengo que revisar y que, en su mayoría, lo necesitan mucho. Afortunadamente, mi ruso, y menos aún mi polaco, no alcanzan para ser de utilidad, de lo contrario no acabaría nunca. A ti, empero, te podrá servir esto como prueba de la amplia extensión internacional que nuestro comunismo ha conquistado ya, y siempre alegra poder contribuir con lo propio a extender aún más ese terreno.  

Espero que el miserable asunto de los Balcanes transcurra pacíficamente. Marchamos ahora tan espléndidamente hacia delante, en todas partes, que una guerra mundial nos vendría ahora inoportuna: demasiado tarde o demasiado pronto. Pero también ella acabaría trabajando para nosotros, al poner fin de una vez por todas al militarismo —mediante la masacre de 15 millones de hombres y el despilfarro de 1.000 mil millones de francos. Después de eso, no sería posible ninguna guerra.  

Las elecciones en Francia han proporcionado al radicalismo la perspectiva inmediata del poder, y con ello nos han hecho también adelantar un buen trecho. Las elecciones aquí han convertido a los irlandeses momentáneamente en dueños de Inglaterra y Escocia; ningún partido puede gobernar sin ellos. Faltan aún unas cien elecciones, pero éstas apenas cambiarán la situación. Con ello, la cuestión irlandesa sale por fin del mundo: si no de inmediato, sí en un futuro próximo, y entonces también aquí queda el camino libre. Al mismo tiempo han sido elegidos unos ocho o diez obreros —en parte vendidos a la burguesía, en parte simples sindicalistas—, que probablemente se cubrirán de ridículo y con ello fomentarán enormemente la formación de un partido obrero independiente, al eliminar autoengaños heredados de los obreros. La historia avanza aquí lentamente, pero avanza.  

Un cordial saludo.  

Tu viejo  
F. Engels