en Berlín

Londres, 1 de diciembre de 1885
Querido Liebknecht,

Sobre las finanzas rusas, v. Kolb, «Statistik», ed. de 1875, p. 44 y ss. El último empréstito allí consignado es de noviembre de 1873, por 15 millones de libras esterlinas. Desde entonces, en 1875 se logró todavía, a duras penas, un empréstito de otros 15 millones de libras esterlinas, pero al mismo tiempo los banqueros declararon a los rusos que esa sería la última vez si no mediaba la garantía de una asamblea representativa. Pues, una vez que en 1869 se hubo cerrado provisionalmente la captación de fondos para fines ferroviarios, se había seguido bombeando:

1870 — 12 millones de libras esterlinas
1871 — 12 millones de libras esterlinas
1872 — 15 millones de libras esterlinas
1873 — 15 millones de libras esterlinas
1875 — 15 millones de libras esterlinas

o sea, en los seis años de 1870 a 1875, 69 millones de libras esterlinas = 1.380 millones de marcos. Ahora se tenía que recurrir a nuevos ardides. Así, 1) un empréstito interior. Aunque éste fue, de hecho, un empréstito forzoso, el resultado fue casi igual a cero. Pues el gobierno, dado que poco capital había en el país, tuvo que tomar prestado de sí mismo su propio dinero (papel moneda), para que al menos aparentara que el empréstito se había cubierto. 2) el empréstito para el ferrocarril transcaucásico, por 8.904.200 libras esterlinas. Éste se concertó (¿en 1880 u 81?) en el extranjero bajo prenda del ferrocarril de Poti a Bakú, pero en su mayor parte tuvo que ser empleado en la construcción misma del ferrocarril; de modo que la penuria financiera persistió. Durante todo ese tiempo, incesantes intentos ante los banqueros, todos infructuosos. Al fin, el propio ministro de Finanzas¹ viajó a Occidente —París, Berlín, Ámsterdam—; a Londres no fue siquiera, por considerarlo del todo desesperanzado. En todas partes se dio con un portazo; incluso se dice que Mendelssohn, el banquero íntimo, en Berlín, exigió directamente una garantía parlamentaria; en todo caso, también éste se negó. Así que la cuestión ya sólo era si la constituyente rusa se convocaría un año antes o después, pues no había otra salida. Entonces acudió Giers a Friedrichsruh y se sometió, y Bismarck le procuró en Alemania los 15 millones de libras esterlinas que prolongan un poco la prórroga al patíbulo.

(De aquí se desprende, entre otras cosas, que Rusia no puede emprender guerra alguna sin el permiso de Bismarck, pues sólo bajo su protección puede allegar dinero, y los 15 millones hace tiempo que se han ido a pique. Por tanto, si pese a todo hace la guerra o amenaza seriamente con ello, Bismarck es directamente responsable.)

Yo no leo el «Economist» y tampoco sé dónde encontrar una colección del periódico, pues aquí casi todos los gabinetes de lectura han sido arruinados por los numerosos clubs. Le diré a K[autsky] que consulte «Economist», «Statist», «Bullionist» y «Money Market Review», si los puede hallar, y que te haga extractos.

Aunque tu carta fue echada al correo el 26 de noviembre, entre las 11 y las 12 de la mañana, no llegó aquí hasta la mañana del 28 de noviembre; además, la goma ha sido manipulada, como muestra el sobre devuelto que adjunto. Debería haber estado aquí el 27 de noviembre por la tarde. La Biblia está en el altar precisamente para que se la abra.

Tu discurso sobre la primera lectura del presupuesto me lo envió Bebel desde Dresde. Era muy bueno; sólo me sorprende que te interrumpieran tan poco. Desde luego, también te has ganado la obligada llamada al orden.

Tuyo,
F. E.

Esta carta va sellada con una corona condal y un monograma JC entrelazado.

Las elecciones aquí transcurren muy bien. Por primera vez los irlandeses en Inglaterra han votado en masa por uno de los bandos, y precisamente por los tories. Con ello han mostrado a los liberales cuánto peso decisivo tienen también en Inglaterra. Los 80 u 85 partidarios del Home Rule —¡también ha sido elegido uno en Liverpool!— se presentan aquí como el Centro en el Reichstag; pueden hacer imposible cualquier gobierno. Ahora Parnell tiene que mostrar lo que es.

Por lo demás, triunfa también el nuevo «manchesterismo», a saber, la teoría de los aranceles de combate, que aquí, ciertamente, es aún más disparatada que en Alemania, pero que tras ocho años de miseria comercial se ha metido en la cabeza de la joven generación de fabricantes. Luego, la debilidad oportunista de Gladstone y la torpe manera de Chamberlain, primero insolente y luego también claudicante, que provocó el grito de: the Church in danger! 2. Por último, la lamentable política exterior de Gladstone: los liberales fingen creer que los nuevos votantes de los condados³ votarán liberal. Éstos son, ciertamente, imprevisibles; pero para alcanzar una mayoría absoluta liberal, tendrían que ganar más de 180 de las 300 elecciones aún pendientes, y eso no va a suceder. Parnell será casi con toda seguridad dictador de Gran Bretaña e Irlanda.

¹ Nikolai Kristianowitsch Bunge
³ votantes del campo