en Breslau

Londres, 22 de octubre de 1885

Muy señor mío,

He recibido su estimada carta del 15, pero con el sello muy dañado, el cual le adjunto para mayor gloria del señor Stephan.

También yo he sostenido con frecuencia, desde 1848, la afirmación de que el zarismo ruso es el último baluarte y la gran reserva del ejército de la reacción europea. Sin embargo, en estos 20 años mucho ha cambiado en Rusia. La llamada emancipación de los campesinos ha creado una situación plenamente revolucionaria, al colocar a los campesinos en una situación en la que no pueden ni vivir ni morir. El rápido desarrollo de la gran industria y de sus medios de comunicación, de los bancos, etc., no ha hecho sino agudizar esta situación. Rusia está ante su 1789. Los nihilistas, de un lado, y las penurias financieras, del otro, son síntomas de esta situación. Antes del último empréstito, la cosa estaba de tal modo que el gobierno ruso no podía obtener dinero ni en Berlín, a menos que el empréstito fuese garantizado por una asamblea representativa. Hasta Mendelssohn puso esta condición. Entonces, cuando el zarismo estaba en el más hondo aprieto, intervino Bismarck, hizo posible un empréstito, ciertamente de solo 15 millones de libras esterlinas, una gota de agua sobre una piedra candente, pero suficiente para un par de años de prórroga. Con ello, Bismarck sojuzgó a Rusia, que sin él tampoco ahora recibe dinero, y, de otro lado, aplazó la revolución rusa, que tampoco le viene a cuento. Es la primera vez que Bismarck ha hecho algo que no ha redundado indirectamente y contra su voluntad en provecho nuestro, y si sigue obrando así, ya no podremos contar con él por más tiempo.

Así pues, que los rusos hayan de recibir todavía más dinero depende esencialmente de Bismarck, y si este lo permite, el filisteo alemán del dinero se precipitará con embeleso en el lazo que se le tiende. Que con ello pierda su dinero me es de lo más indiferente, al contrario, está bien empleado; y el llamado capital nacional alemán pierde también

poco con ello, pues la parte del mismo que nos interesa consiste en fábricas siderúrgicas, fábricas y otros instrumentos de producción, que no se pueden prestar a los rusos. El llamado capital-dinero que se presta es, en su mayor parte, capital ficticio, títulos de crédito, y eso no tiene gran importancia. Mucha mayor importancia tendría para los rusos el dificultarles o quebrantarles el crédito, pero el paleto alemán del dinero cree en esto más a Bismarck que a nosotros. No tengo, en absoluto, tiempo para ocuparme ahora de un intento de rebajar el crédito del Estado ruso al nivel que se merece; un trabajo semejante sería, desde luego, meritorio y oportuno, pero para ello hace falta estudiar las condiciones rusas a partir de fuentes rusas. Para lo propiamente financiero bastan la relación de la deuda del Estado ruso y los boletines de cotización de los últimos años, pero para las relaciones económicas internas del país hay que estudiar mucho, a fin de obtener una visión acertada. Una obra fundamental es la investigación elaborada por el Ministerio de la Guerra ruso, bajo el título

Военно-статистический сборник. Вып. IV. Россия, Petersburgo 1871.

Además:

А. Скребицкий, Крестьянское дѣло въ царствованіе императора Александра II. Bonn, 1862-68, 4 tomos, en total unas 5000 páginas.

Asimismo, los сборники статистическихъ свѣдѣній de las distintas gobernaturas, en particular las de Moscú y Tver, y А. Матвеев, Сравнительная статистика Россіи и Западно-европейскихъ государствъ, Petersburgo 1880, varios tomos.

Los presupuestos rusos no valen el papel en que están escritos. Pura mentira e invención, más aún que los presupuestos prusianos antes de 1848.

En cuanto a una evaluación de los actuales ejércitos reorganizados según el modelo prusiano, es pura y sencillamente imposible. Lo seguro es que Austria, y con mucha mayor razón Rusia, carecen de la numerosa clase instruida que, por sí sola, puede suministrar el número suficiente de oficiales competentes para ejércitos tan numerosos, y que la conducción de la guerra por los rusos en 1878 en Turquía, según la descripción de su propio general Kuropatkin, está por debajo de la prusiana de 1806.

Se devuelve la carta adjunta de Liebknecht.

Con la mayor consideración y respeto,
F. Engels