¡en París!

Londres, 8 de agosto de 1885

Mi querida Laura:

Para mi asombro, compruebo que en todos los ejemplares que puedo conseguir han omitido el índice al encuadernarlos. He escrito inmediatamente a Meißner pidiéndole explicaciones, y te enviaré un ejemplar tan pronto como lo reciba.

Está bien que visites a la madre Vaillant en Villerville, pero eso no es motivo para que no nos visites también a nosotros. Tenemos la intención de salir de aquí el martes 11 y estaremos de vuelta a más tardar el 11 de septiembre. Schorlemmer viajará a Alemania aproximadamente por esas mismas fechas y regresará hacia mediados de septiembre pasando por París, y no vemos ninguna razón para que tú no pudieras venir entonces con él. Si Paul no puede viajar a Burdeos ahora, tal vez pueda arreglarlo entonces, y todo quedaría perfectamente solucionado.

Tu carta me recuerda que el editor de Deville puede, en efecto, retener la traducción durante un año después de la publicación del original. Pero ese año ya ha transcurrido, pues hace ya dos años que tuve el manuscrito en Eastbourne, y casi inmediatamente después se publicó. El hombre que quiere publicar la traducción es Wm. Reeves, 185 Fleet St., pero no podemos conseguir ningún ejemplar ni averiguar nada más al respecto.

Tussy y Edward debían salir ayer hacia Deal, pero aún no he tenido noticias suyas con su dirección. Piensan quedarse de 10 a 14 días. Los Kautsky han ido a Eastbourne. La madre Kautsky es, para ser una escritora alemana, una mujer excepcionalmente sencilla. He leído una de sus novelas, y no es en absoluto mala. Sin embargo, le he aconsejado que estudie a Balzac, y ha cogido algunos tomos; pero ¿le alcanzará el francés para semejante lectura?

El scrutin de liste se dirige sin duda, en primer lugar, contra los nuestros, pero eso no importa mientras no seamos más numerosos. Si logran éxitos en París y en algunos grandes centros de provincia, los radicales se verán obligados, la próxima vez, a presentar con ellos una lista común en algunas localidades, y entonces algunos podrían resultar elegidos; además, serán entonces considerablemente más fuertes y muchas de las sectas que existen por separado, posibilistas, etc., quedarán desbaratadas. Si estas próximas elecciones llevan a Clemenceau al poder, quedaré completamente satisfecho. Es, a mi juicio, el último hombre que la burguesía puede movilizar. Tras él, le déluge. Y al mismo tiempo, aquí se celebran las elecciones con un electorado enteramente nuevo, ¡lo que ha de ser el principio del fin!; y el viejo Wilhelm está con un pie en la tumba (ayer volvió a caerse por las escaleras en Gastein); en fin, ya veremos lo que pasa.

Después de las elecciones de aquí —que ojalá metan en el Parlamento a todos los Potter, Cremer y demás faux frères—, la base para un movimiento socialista será más amplia y más firme. Y por eso me alegra que el movimiento de Hyndman no eche raíces serias en ninguna parte, y que el movimiento sencillo, abrupto, soberanamente torpe pero sincero de la Socialist League vaya ganando terreno lentamente y, al parecer, con paso seguro. La vaciedad de “Justice” es cada vez mayor, y “To-Day” está agonizando, si es que no ha muerto ya.

Adiós; aún tengo que escribir un montón de cartas. Saludos de todos nosotros.

Con cariño, tu
F. Engels