Londres, 15 de junio de 1885

AQUÍ en Inglaterra las cosas están yendo bastante bien, aunque no en la forma en que se originaron en Alemania. Desde 1848, el Parlamento inglés ha sido indudablemente el cuerpo más revolucionario del mundo, y las próximas elecciones inaugurarán una nueva época, aun cuando ello no se manifiesta muy rápidamente. Habrá obreros en el Parlamento, en número creciente y uno peor que el otro. Pero esto es necesario en Inglaterra. Todos los bribones que hicieron de respetables burgueses avanzados en tiempos de la Internacional, deben mostrar en el Parlamento lo que son. Entonces también aquí las masas se volverán al socialismo. La sobre-producción industrial hará el resto.

La pelea ocurrida en el partido alemán no me ha sorprendido. En un país pequeñoburgués como Alemania, el partido no tiene más remedio que tener un ala derecha
pequeñoburguesa y “culta”, de la que se zafe en el momento decisivo. El socialismo pequeñoburgués data en Alemania de 1844, y ya fue criticado en el Manifiesto Comunista. Es tan inmortal como la pequeña burguesía alemana misma. Mientras estén en vigor las Leyes Antisocialistas, no estoy en favor de que nosotros provoquemos la escisión, porque nuestras armas no son parejas. Pero si los caballeros provocan por sí mismos la escisión al suprimir el carácter proletario del partido y al tratar de reemplazarlo por una filantropía estético-sentimental y artesanal, sin fuerza ni vida ¡entonces debemos tomarlo como venga!